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Para efectos prácticos, si un razonador que opera sobre una lógica completa y consistente, la de primer
orden por ejemplo, llega a la conclusión de que existen o de que no existen estas definiciones cómo «Dios» o
una consciencia superior, otra vez obviando el problema semántico adjunto que traen las palabras
«existencia», «superior» y «consciencia», podemos analizar si lo hace sobre la razón pura, o lo hace sobre la
base de un dato empírico, llamémosle sensorial. Y suponiendo que pudiésemos saldar de manera permanente
la impecabilidad tipográfica y formal del argumento, tenemos que concluir, dependiendo del caso, o que la
existencia o inexistencia de Dios depende de un conjunto de datos observados, o que en su defecto, es
totalmente independiente de la información sensorial y se desprende del mero razonamiento: aunque trivial,
la distinción nos provee de una reflexión interesante.
ii. Del Dios de la Razón
Un Dios cuya naturaleza se desprende únicamente de la razón es totalmente independiente de los
eventos que sensorialmente percibimos. Siendo un cerebro en una batea, un proceso virtual dentro de una
máquina, o los animales pluricelulares que algunos se precian de ser: el Dios de la razón pura existe
necesariamente y a todo evento. Aquí también hemos de considerar la posibilidad de que en cualquiera de los
«universos» sea posible deducir, siempre desde un terreno racional, la existencia de Dios. En ambos casos
está limitando la definición de Dios a algo que puede ser razonado.
Independiente de la contingencia material, si la existencia de Dios está determinada totalmente debido
a una cuestión formal-racional, entonces pareciera que, a menos que sólo exista una única realidad
determinista consistente hipotetizable, su injerencia en lo que denominamos realidad material debe ser
necesariamente indiferente para efectos de determinar su existencia. Para cualquier escenario posible en el
que una intervención divina incline la balanza a una serie de acontecimientos, podemos concebir un escenario
material en el que no lo hiciera o lo hiciera diferentemente, y las cosas ocurriesen de otra manera. En tal caso,
lo que podríamos llamar en ese «universo», Dios también existe del mismo modo porque sabemos que
responde a una deducción formal. Aquí, si las decisiones divinas son variables dependientes de otros procesos,
cabe volver a revisar la nomenclatura hasta que alcancemos un concepto de Dios diferente, más elevado, que
nos refiera más directamente a esas causas.
Pero, la invariabilidad de tal Dios parece ser fuente de algunas contradicciones o limitantes en su
definición y en sus capacidades, y aún más, un buen argumento para reflexionar acerca del significado del
nombre.
Ahora, en contra de un ateísmo puramente racionalista in anticipo, si bien al introducir ciertos dogmas
es posible construir una apología alrededor de las definiciones contradictorias, sin esto se vuelve imposible
probar la inexistencia de Dios sobre la razón pura debido a la cuestión formal que emerge si llamamos Dios a
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una gestalten donde quepa todo aquello que nos es inauditable. Esto no quiere decir que una baselgia
hipotética bastante agnóstica de esta naturaleza estaría en una posición privilegiada por la pura razón. Si
no es dogmática, al deducir desde la razón la existencia de Dios, surgen las antes señaladas cotas para el
concepto: la apatía o el determinismo divino.
Por otra parte, se asoma con s fuerza el pendente lite de las definiciones laxas. Se hace crítico aclarar
si limitamos lo que llamamos Dios a cuestiones sobrenaturales o trascendentales, que son el caso, o si
permitimos que sea un concepto que responda a ciertas causas y efectos, lo que tampoco resulta demasiado
clarificador.
Similarmente, si en este punto, frente al determinismo, la apatía divina o el dogmatismo, se sostiene
que el principio de economía nos compele a ser ateos, el encuadre sobre el cual damos sentido a dicha
economía es totalmente difuso y arbitrario. Además, existe relativa certeza, o evidencia racional bastante
fuerte que confirma la existencia de ciertas ideas y aseveraciones respecto de las que dada su naturaleza no
nos será nunca posible pronunciarnos tajantemente. Bien pudiéramos decir que lo más económico es ser
agnóstico. De hecho, en términos estrictos la cuestión de la consistencia del propio circuito deductivo formal
nos coloca en una posición agnóstica a denti stretti.
¿Y qué ocurre si Dios existe pero a su vez sólo existe una realidad cosistentemente hipotetizable? ¿Qué
si la existencia de otros universos deviniera siempre contradictoria, aunque no necesariamente confirmable?
Lo anterior necesariamente implica que el universo está absolutamente predeterminado y la cuestión del libre
albedrío es sólo una ilusión. Volvemos a toparnos con la nomenclatura ¿Nos permitimos definir cómo Dios o
divino a una suerte de autómata inexpugnable que nos crea sin opción?
Así, un análisis únicamente racional conduce a que por un lado, nunca podemos descartar totalmente
la existencia de Dios asociado a lo desconocido, pero también obliga a reconocer que creer en él sólo desde
ahí significa una de tres cosas. O creemos en dogmas sin justificación, o este Dios es invariable a la
materialidad que percibimos, o vivimos en un mundo totalmente determinado a priori.
Atender la cuestión de los nombres se vuelve inminente para analizar también cada caso, y aunque
puede parecer extremo justificar a la existencia o no de Dios solo sobre la razón, cierta cuota de razón siempre
es necesaria como base para cualquier argumento racional. Si bien, la existencia del idealismo universal
platónico no está garantizada, debemos concebir que en adelante el debate entre el gnosticismo y el
agnosticismo sólo puede darse en un encuadre que presuponga cierto nivel de cartesianismo consciente. Así,
aunque parece que el agnosticismo estricto drîlai se vuelve contra mismo en ese aspecto, debe ser la
excepción de la regla, la confirmación de la tesis o, en términos más específicos, la paradoja de autorreferencia
porque justamente, no hay ninguna construcción semántica infalible. Para mantenerse estrictamente
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agnóstico respecto de su propia posición, el agnosticismo estricto no puede ser tan estricto respecto de su
propia posición.
iii. Del Dios de los Sentidos
De forma similar, quien desconozca simultáneamente la existencia de las ideas y nuestra capacidad
para nombrar tales conceptos propone un nihilismo total que argumenta su propia inexistencia en la medida
que ni siquiera la explicación más asociacionista, intuicionista y exhaustiva es suficiente para respaldar
filosóficamente sus propias construcciones más allá del Zen. Así, para efectos prácticos consideramos que
justificar a Dios o al ateísmo sobre los sentidos debe echar mano a la racionalidad como elemento articulador
entre lo que percibido y concebido cómo la realidad.
El Dios de los sentidos es una conclusión necesaria de nuestras observaciones. Es por ello que cuando
intentamos sostener su existencia de manera categórica emerge inmediatamente el problema de la inducción.
El problema de inducción y una suerte de dialéctica falsacionista caracterizan la histórica interacción entre las
ciencias, paradójicamente inductivas, y la creencia religiosa.
El Dios de los sentidos depende de cuestiones falibles no sólo al nivel de una deducción errónea que
podamos rediscutir y revisar. Puede ser que haya una percepción equivocada. Al respecto, en 2001 Ferguson
recuerda que es posible que nos aparezcan errores al interpretar la información sensorial si las emanaciones
que provienen de las cosas arriban a nosotros de forma distorsionada (p. xxiv). Ese segundo nivel de
incertidumbre, desde una perspectiva estricta, nuevamente nos pone en una posición agnóstica respecto del
saber, sin preguntarnos, aunque pendería analizar exhaustivamente esas diferencias entre creencias y
conocimientos.
La distinción entre sentidos y razón no es trivial ni nítida. Desde cierto punto de vista la razón es un
sentido, por lo que es también de falible. Podemos justificar colocarla en otra categoría desde la perspectiva
platónica, suponiendo que independiente de lo que vayamos pudiendo percibir y mentalizar, hay un mundo de
las ideas, existe o se puede erguir una lógica abstracta a la que podemos sólo aproximarnos a través de la
razón. Esta aproximación puede ser más laxa y privada o más natural y formal. En el caso de los sentidos, el
homólogo es la realidad material, sin embargo nunca tenemos certeza de que esta realidad exista. Respecto a
la realidad interna de nuestra psique, debemos dejar entrar o a Platón o cierto cartesianismo mínimo cómo par
dar pie a alguna argumentación.
Así que la justificación sobre los sentidos es toda doblemente falible, tanto para confirmar como para
refutar la existencia de lo divino. Está sujeta en cualquier instante a que los sentidos, razonamiento,
autoridades religiosas, cuidadores u otros; se hayan equivocado, hayan fallado, sido engañados, mientan o
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sean confundidos. Además el problema de la inducción está siempre presente, en la medida que cada
instancia puede perfectamente no ser la regla sino una excepción que tiene una explicación particular.
iv. La Irrupción de los Pseudoformalismos
Hasta aquí hemos mencionado que la cuestión de los nombres es un aspecto central en el análisis ya
que existen elementos formales, abstractos, que conducen al agnosticismo. Si el razonamiento no es completo
ni tipográfico, sino laxo, debemos tener en mente esto a lo largo de cualquier tipo de debate. Si justificamos
una idea sobre la base de un razonamiento que no está estructurado de manera formal tenemos que atender
tanto esa cuestión de los significados cómo la de las contradicciones. Los significados en un sistema informal
se fundan en el communi consensu y en su función, se construyen y reconstruyen en la utilización y en la
interpretación.
Los significados que se emplean en el lenguaje informal, sea este más o menos solemne, nunca son
unívocos. Esto se explica por lo menos desde dos puntos de vista convergentes: la condición de cada sujeto y
el conjunto de sus experiencias son ambas cosas siempre estrictamente únicas e irrepetibles debido a una
cuestión material. Además las cuestiones a las que nos referimos son siempre construcciones mentales porque
la única referencia directa a un objeto es el propio objeto. De lo contrario hemos de admitir de plano
contradicciones en el sistema, de partida las que emergen al describir atributos de ideas cómo los nombres o
los punteros.
El nombre y la cuestión no son iguales y, desde una perspectiva cartesiana, la cuestión, mientras no sea
directamente la presencia material de algo, será la idea en la mente de alguien. Más aún, la proyección
psicológica de la cuestión, la sensación y la percepción, aun cuando la tengo en frente, es una traducción
interpretativa que va a estar dada por una serie de activaciones neuronales conjugadas y no por la propia
interiorización del objeto material.
Y aunque esto parece ciertamente una explosión de sinsentido casi algebraico, es importante tener en
consideración que para un agnóstico estricto, dirimir cuestiones metafísicas blandas a partir de meros
pseudoformalismos es un ejercicio de esta misma naturaleza y que además cobra un carácter desprolijo en la
medida que pretende ser absoluto. He ahí la necesidad de revisar la nomenclatura. Dado que el agnóstico
defiende el escepticismo razonable frente a cualquier aseveración categórica en este campo, ante el
absolutismo basta sólo insinuar los aspectos semánticos desprolijamente definidos que desarticulan el
carácter absoluto del argumento para darse a entender - ¿Qué Dios? ¿Consciencia o inteligencia en qué
sentido? ¿Y qué pasa si es de otra forma?
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La cuestión de las definiciones borrosas nos entrega una interesante reflexión. Lo que unos llaman Dios
otros pueden llamar ciencia, e incluso los mismos podrán llamarlo de una u otra manera dependiendo del
escenario y de la función. Peor aún, si nos damos el humilde lujo de asumir que cualquier argumentación
racional no se basa en especular la existencia o inexistencia de aquello que no se conoce: toda vez que
delimitemos una variedad de conceptos y fenómenos conocidos, cómo esbozábamos desde la perspectiva
racional, podemos llamar a lo que no está dentro de dicha variedad «lo desconocido» y proceder a endiosarlo,
demonizarlo, mitificarlo o negarlo.
Entonces da la clara impresión de que intentar describir positiva o negativamente lo que queda dentro
de tal variedad es pasar a llevar las definiciones a menos que se pretenda estar en la imposible posición
epistemológica de saber todo y saber que se sabe todo. Mientras este no sea el caso y podamos sostener con
nuestros dedos una cifra en secreto atrás de nuestras espaldas, la existencia o no de los Dioses entre otras
cosas es sólo un ejercicio de nomenclatura y convención que no interesa al agnóstico porque la verdad en este
campo laxo es sólo una construcción humana permanentemente discutible que emerge basegnus, desde lo
psicosocial y lamentablemente político. La realidad, material y psíquica, en cambió parece estar más al lado
de la experiencia, del Zen y de los sentidos.
Esto nos conduce al tema de las contradicciones. Debemos reconocer que un sistema informal dónde
el aspecto semántico es difuso, no hay garantía alguna de que las deducciones legítimas que se realizan no
puedan ser contradichas por deducciones que también son legítimas. Esto porque, si bien el sistema informal
es significativo, interesante, útil, válido, emocionante, real, legítimo, complejo e interesante, entre muchas otra
distinciones difusas, no puede ser absolutamente categórico. Cualquier elaboración en este encuadre es
siempre discutible por su naturaleza.
Ahora bien, habrá alguien que quiera sostener que lo único que se hace con este tipo de argumentos es
desarticular el debate en base a la formalidad. El problema es que frente a alguien que sostiene que el debate
no se articula debido a cuestiones formales esto es corroborar su tesis, o por lo menos indicar que los
argumentos expuestos sostienen dicha tesis.
Para hacer más explícito el punto, recordemos que mientras exista alguien que pueda llamar Dios o
divino a todo aquello que no está en condiciones de explicar, no podemos declararnos ateos a menos que
estemos dispuestos a hacer la vista gorda a la paradoja y creyendo que sabemos todo, nos demos el peligroso
permiso de asumir que nuestra nomenclatura difusa es la apropiada y no la del otro, que es inapropiada. Lo
mismo, nos mantenemos agnósticos mientras exista alguien que pueda calificar ese mismo conjunto o
cualquier fenómeno especial que alguien sienta que ha percibido cómo una mera coincidencia. Sin embargo,
al abordar el tema de las contradicciones con un creyente, la discusión parece siempre terminar llevándonos
a una o dos premisas de carácter dogmático, a menos que se esté frente alguien genuinamente panteísta.
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v. La Cuestión del Dogmatismo
Puede ser igual o más trascendental que converger con un ateo que trata con un formalismo sin
precedente las ricas laxitudes semánticas del lenguaje cuando se trata de los conceptos cotidianamente
humanos, el refutar a un creyente dogmático que yergue su argumentación sobre la base de unas cuantas
verdades indiscutibles. El dogmatismo sin embargo pareciera ser más autoconsistente ya que si por ejemplo
la premisa es «hay un solo Dios y su profeta es ‘inserte aquí el nombre de su profeta favorito’», no podemos
más que discutir la premisa y ensalzar el valor de la tolerancia. La ley, por ejemplo, siempre se entiende sobre
el dogmatismo, convencional, ravizotte, idealmente justo e igualitario pero dónde las más recientes
interpretaciones marcan un precedente legal existiendo ciertas verdades subyacentes que no podremos nunca
verificar ni mucho menos.
El problema con un razonamiento que se basa en el dogmatismo es que si existen determinadas
aseveraciones que no pueden ser puestas en duda, la discusión racional tiene ciertos límites marcados por
dichos axiomas. Esto nos lleva a su vez a tener que distinguir entre la creencia y el conocimiento y conduce a
un punto muerto en el argumento generalmente debido a que se vuelve evidente que si no se puede poner en
duda este supuesto, no se puede progresar en ningún razonamiento.
Frente a este tipo de dogmatismo rígido podemos intentar mostrar algunas contradicciones inmanentes
de las premisas, identificar porque una persona sostiene dichas premisas, presentar que se sigue del
razonamiento que tiene premisas totalmente opuestas o que se asocian a un credo alternativo, profundizar en
el aspecto semántico del dogma y la variedad de interpretaciones o discutir la validez del dogmatismo como
sistema de conocimiento en sí. Sin embargo, más allá de las contradicciones, es imposible dentro del encuadre
dogmático refutar las premisas como tales ya que el dogmatismo se caracteriza porque estas premisas no son
susceptibles a verificación.
La cuestión de las contradicciones en el dogmatismo adolece de los mismos problemas que cualquier
argumentación pesudoformalista. Sin embargo, para alguien que cree ciegamente en un dogma resulta más
difícil observar todo esto. Una persona con una fe demasiado ciega difícilmente logrará observar la laxitud
semántica de lo que tiene por creencia.
Por otra parte, es posible que la creencia esté construida sobre premisas que son en sí contradictorias
al nivel de que un razonamiento formal estrictamente basado en un sistema cerrado, completo y consistente
conduzca a contradicciones. Erradicar el defecto semántico no es del todo posible pero generalmente
podemos evadirlo y mostrar las paradojas sensibles que emergen a partir de la pura lógica. Nada nos asegura
que las premisas sean contradictorias necesariamente, pudiendo ser perfectamente coherentes entre sí,
especialmente en la medida que son más sintéticas y menos demandantes.
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Si la contradicción no puede ser totalmente develada, o cuando no hay nitidez semántica, resulta
complejo entrar a discutir la pintoresca metafísica de las religiones. A diferencia de lo que piensa el ateo, el
creyente cree en algunos conceptos específicos que tendrían que ser analizados en su propio mérito. En
general, sin embargo, el significado de las construcciones en el circuito dogmático suele actualizarse y ser
muchas veces expresamente indefinido ya que esto dota a la creencia de un pseudocoherenterismo ambiguo.
En la fe se consagran una serie de definiciones y distinciones circulares, superpuestas o explícitamente
incomprensibles.- cómo los misterios de la fe o la superposición del alma. Ante esta cuestión, no hace sentido
entrar a dirimir si lo que se propone es real para un agnóstico ya que la maraña de distinciones resulta
genuinamente interesante y provechosa en virtud de que la amplitud y vaguedad de su significado. En términos
pragmáticos, provee al sujeto, incluso al propio agnóstico, de recursos significativos para dar sentido a su
identidad y a su experiencia ¿Por qué no ver un determinado proceso cómo un misterio? ¿Por qué no
interpretar la experiencia cómo una superposición de estados? Quizás esta forma de significar la realidad me
provea de un einsicht inesperado. La experiencia está plagada de imprecisiones y de ambigüedad que
demandan abrir la mente a todas las posibles perspectivas.
Ahora bien, Morris (2008) también establece que algunas de las más grandes guerras en nuestro mundo
han sido purgas genocidas basadas en visiones sociopolíticas o morales dicotomizantes (p. 118). Luego, las
implicaciones normativas exclusivistas de carácter conductual son lo que al agnóstico más le incomoda de
este tipo de creencias. ¿Por qué esta persona va a tener la interpretación correcta del concepto de
experiencia vital y de trascendencia? Esto se debe a que al instante se hace patente el carácter político de
la religión y a que, a diferencia del creyente, el agnóstico puede aceptar el punto de vista cómo una
interpretación que es válida o potencialmente valida con miras a alcanzar el bienestar subjetivo y respecto de
cuestiones que considera, en definitiva, insanables o laxas. Generalmente el agnóstico no cree posible que
exista una visión excluyente del concepto.
Se hace importante evidenciar cómo la religión como institución sociopolítica es un constructo que se
sirve de algunas de las características específicas de la mitología subyacente y cómo esta cosmovisión
participa de una serie de dispositivos evolutivos que la sostienen y hacen proliferar. Hacer el contraste con
otras religiones también es interesante en este punto aunque un creyente dogmático puede no dejar de
sostener sus premisas, pero logra comprender que otras premisas de similar naturaleza pueden conducir a
deducciones paralelas e igualmente rígidas.
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vi. La Tolerancia y su Conflicto Interno
El concepto de tolerancia es el que interesa. La tolerancia es una implicación práctica necesaria
entendiendo que no todos piensan del mismo modo. Lamentablemente el dogmatismo a ultranza puede igual,
y a pesar de lo anterior, perfectamente desdeñarla de plano si los axiomas son de un determinado tipo y el
creyente de un calibre más bien fanático. Esto es lo que justifica la organización de un agnosticismo estricto
duro y militante: una demanda humana del mundo globalizado.
Si sabemos que un dogma de este tipo es sólo una atribución laxa de significados, tenemos la esperanza
de desarticular las interpretaciones rígidas dentro del propio encuadre. Para alguien que cree en un dogma,
abandonar la premisa es casi imposible. En cambio, entender la premisa de otra forma puede ser aún una
posibilidad, aunque difícil, y aunque siempre va a depender del encuadre social, histórico y las condiciones
materiales.
Lo anteriormente descrito es el problema que en general enfrentamos cuando razonamos sobre la base
de una idea preconcebida. No existen garantías de que frente a un dogma de fe intolerante o disruptivo
podamos converger a un punto de vista común. Esto se presta para la interminable pugna de visiones
antagónicas y lleva la dialéctica al plano material, especialmente cuando el campo semántico está supeditado
a alguna componente política o es modulado por determinados grupos que quieren mantener u obtener el
poder. Y no necesariamente se trata de una religión, el cientismo y las sectas operan bajo los mismos
preceptos.
El dogmatismo incluso puede ser revisado cómo método de razonamiento, como estructura
epistemológica, pero ello no parece convencer al creyente ciego. Esto es ¿por qué epistemológicamente el
conocimiento desde el dogma no se sostiene cómo fuente gnóstica? Internamente la postura puede alcanzar
un enorme blindaje pero externamente adolece de las mismas fallas epistémicas que revisamos en un
principio: la falibilidad del razonamiento y de los sentidos. Sabemos que el dogma es totalmente arbitrario y el
único conocimiento que podríamos elucubrar es bajo el supuesto: si tal cosa es el caso, entonces esta otra
también lo es.
Luego, cabe preguntarse en primeras cómo se llega a una postura dogmática. ¿Es la dialéctica entre el
aprendizaje y la naturaleza del culto? ¿existe algo más? El impacto sociocultural es central pero interesa
comprender este mecanismo cómo un proceso identitario, subyacente, esbozando los dispositivos
socioafectivos de significación que llevan al individuo a no solo adoptar una determinada cosmovisión sino
especialmente entender cuando alcanza para adoptar las que son intolerantes y revocarle el beneficio de la
duda y muchas veces de la compasión al resto de las ideologías y quienes se identifican con ellas, sean
religiosos o ateos.
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Entonces, las ideologías tolerantes parecen, en el mundo de las instituciones psicosociales, tener un
defecto darwiniano. De hecho, desde una perspectiva quizá demasiado abstracta, la tolerancia adolece de un
defecto autolimitante y autorreferente que obliga a que quienes intentan aproximarse a ella de algún u otro
modo estén teniendo que siempre realizar un proceso de reajuste y de renegociación iterativa cuyo germen
está en una indecidibilidad ontológica frente a la posición que se toma ante el otro: un dispositivo similar a
dialéctica que subyace a la continua construcción de la identidad del individuo.
En este punto se han de atravesar brevemente algunas de las definiciones laxas que, aunque sabemos
que son imposibles de saldar, nos permiten mantener las nociones dentro de lo colectivamente comprensible.
En específico, se puede dibujar una idea de tolerancia en torno al grado con el que alguna entidad
relativamente definida esté dispuesta a aceptar la utilidad, validez, aplicabilidad y/o veracidad de un esquema
comprensivo diferente respecto a algún aspecto de la realidad. Dicho esquema da sentido y repercute
generalmente en conceptos de la más variada y difusa naturaleza cómo conductas, razonamientos, objetivos
u otros.
Si los propios esquemas están estructurados tan rígidamente cómo para sostener su exclusividad
comprensiva respecto de cualquier proceso, entonces digamos que el esquema es intolerante. Paradigmas
intolerantes hay y han habido en la historia muchísimos, desde las ciencias positivistas hasta el fanatismo
religioso, pasando el ateísmo extremista, a la variedad de modelos de organización político-económicos cuyos
adherentes aspiran al poder en alguna de sus variedades. Y el agnosticismo estricto no puede ser tan estricto.
Por cierto, un esquema que propone comprender alguna cuestión de forma intolerante implícitamente
tiene su conflicto con la idea de tolerancia como ideal. Más aún, podemos imaginar un trueque evolutivo entre
la hermeticidad del sistema y su aplicabilidad, trueque que media la supervivencia de una determinada
perspectiva al interior del colectivo. A medida que un esquema es más aplicable, útil o adecuado a la realidad,
este requiere de menos blindaje y puede dialogar, crecer, entremezclarse e interactuar con el resto de los
esquemas. Esto es un fenómeno que no se ajusta solo a las construcciones sociales, es una cuestión
cibernética de la más amplia naturaleza: se puede apreciar tanto en la biología cómo en los dispositivos
psicoafectivos de cognición y la emoción.
Estirando la idea, la identidad del sujeto se puede entender en estos mismos términos. Y la identidad
tiene mucho que ver con la religión y las creencias. La identidad que emerge entre nuestra volición y nuestra
conducta observable, entre nuestra percepción y nuestro entorno, es siempre una negociación entre las
tensiones disponibles. La identidad cómo interfaz de la tan mentada dialéctica requiere de más protecciones
y acomodaciones en proporción al desfase entre las faces. Esto es, si la distinción interna entre el ich (el selbst)
y el andere (no-yo), sobre la que el sujeto apalanca la su identidad se desarticula o pierde significado en un
determinado entorno, entonces el sujeto puede tomar dos caminos. O intenta a través de su conducta forzar
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el entorno acomodando las condiciones en las que su identidad cobre nuevamente significado u,
homeodinámicamente, autoproscribir la distinción, al menos en algún grado: en fin, la dialéctica. Luego la
negociación se produce entre la tolerancia adaptativa y la no aceptación.
Pero interesantemente, da igual si lo vemos desde adentro hacia afuera o desde afuera hacia adentro.
Supongamos que se trata de distinciones externas respecto a una identidad específica y que se construyen
haciendo un contraste con elementos del entorno. Esto es, las distinciones por medio de las que, por ejemplo,
un sistema nombra o hace referencia a una componente específica en su interior. Si estas se desvanecen o si
pierden sentido debido a alguna fluctuación proveniente de la componente en cuestión, el sistema puede por
un lado rescindir o reorganizar en alguna medida su repertorio. Pero pudiera también voûïnner y abalanzarse
sobre la morfostasis, apurando interacciones protectoras en las que el desempeño de la componente deba
cabalgar sobre la nomenclatura preexistente en el sistema, todo para ponerle riendas a la componente
esperando que introyecte esas características sobreimpuestas, sistémicamente imputadas. Y aunque aquí no
se ha expuesto más que la idea trivial de que frente a un fenómeno, puede o no desencadenarse otro
fenómeno, la mecánica nuevamente es una negociación entre la aceptación y la intolerancia. La supervivencia
y evolución (a lo largo del tiempo) de una identidad, a la par con los estados contingentes de su entorno, y los
que son internos en el individuo, están todos determinados por estas transacciones iterativas. Evidentemente,
si en una determinada ronda las propuestas de nombre alrededor de la identidad son ajustadas a la realidad,
estas se mantienen.
Parece relevante entonces que vista desde esta perspectiva, la intolerancia hat einen vogel. A la espera
de que las propuestas de transacción entre ambas faces siempre coincidan, está directamente relacionada
con un desacople de la realidad. Ahora bien, la tolerancia coincide plenamente con la posición agnóstica:
realizar el acomodo internamente para intentar reajustar lo propio a una mejor aproximación la realidad. La
intolerancia es más cercana al dogmatismo, a proteger la estructura preexistente a pesar de las discrepancias,
salvar el estado de las cosas impartiendo el cambio sobre lo diferente. En otras palabras y virtud de algún grado
de supremacía coercitiva, la intolerancia equivale a hacerse dueño de lo ajeno para trajinarlo y conducirlo a
términos supuestamente convenientes o familiares presumiblemente en el más corto plazo.
vii. La Cuestión del Escepticismo
Pero forzar la propia visión y tolerar no son las únicas salidas al problema de las creencias ni del
conocimiento. Hasta ahora ha sido posible perfilar algunas de las cuestiones que separan al agnosticismo de
las posturas gnósticas. Sin embargo, el agnosticismo también comparte un pie con las perspectivas que hemos
criticado. Esto es, existen posiciones que van más allá de declarar la imposibilidad de aceptar un determinado
dogma: el nihilismo, el instrumentalismo pragmático o el escepticismo, por ejemplo. Todas estas posturas
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están al otro lado del análisis al rechazar el interés por construir, especular o elaborar. Dónde el dogmatismo
intolerante protegería el stand der dinge, estas otras posiciones lo abolirían.
Y es relevante la distinción sólo porque el agnosticismo está plenamente justificado en la búsqueda de
significado. s n y al contrario, las posturas más extremas, sin embargo, también pueden ser vistasmo un
estiramiento del agnosticismo pero que comienza a cerrar las puertas del significado. Una postura pragmática
instrumental, es muy cercana al agnosticismo, si no es lo mismo: pero solo acepta los significados a buon mercato:
específica y transitoria en proporción a su utilidad inmediata, la que sin embargo está definida siempre en rminos cuya
demarcacn por cierto derrota al propio pragmatismo. Entonces, una aproximación pragmática motiva muchas veces el
agnosticismo, pero este último, en atencn a cuestiones difusas como la ética, la consistencia, la estica, el bien común,
o la simeta, por ejemplo; no necesariamente será tan pido al momento de abandonar un punto de vista si este pierde
utilidad, o desecharlo si no parece tenerla. Dónde el agnóstico no tomaa nunca una posición en favor de ninguna
perspectiva por sobre otra, el intrumentalista si lo hará, provisoriamente, en virtud de la efectividad que esta postura le
otorgue para aproximarse a aln un resultado específica e igualmente arbitrario.
El nihilismo en cambio se aleja más. Se trata de la construcción de un significado paradójico y muy
específico que al igual que todo, recae sobre esas insistentes definiciones laxas. Es en cierto modo más afín al
ateísmo ya que presupone la idea de que se cuenta con la certeza de que es imposible construir significado
con un valor intrínseco, sea cual sea el significado y valor intrínseco que se le asigne al propio concepto de
«valor intrínseco». Luego, el nihilismo parece dar la cuestión por vencida. No hay ningún punto en buscarle
sentido a la existencia. En la medida que se amplía el alcance del nihilismo a todo el conocimiento, este se
parece más al escepticismo. Dónde el agnóstico podría no conocer la cuestión o incluso sentir que esta resulta
por su naturaleza incognoscible, el nihilista llegará hasta el punto de negarle la existencia.
Y, tomado en su propio merito, sin embargo, el escepticismo deviene a ratos en una postura muy similar
al agnosticismo debido a que pone en duda todo el conocimiento. No constituye una posición en el sentido
estricto ya que sería una por naturaleza contradictora. ¿Pero acaso no ocurre lo mismo con la estrictez del
agnosticismo estricto? Lo distinto es que el escepticismo no se da la molestia de evaluar si tiene o no sentido dar las
explicaciones, menos n explicar sus porqs. s aun, se puede tener una aproximación esptica frente a algunas
cuestiones muy específicas sin necesariamente ser esptico. Pero el escéptico genuino no cree en nada, sólo duda
de todo y, luego, se trata de una posición en esencia atricamente inestructurada, un apparair que no tiene el menor
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interés en estructurar una perspectiva general consistente. Donde el agnóstico no se da por conocedor, el
escéptico arremete con la duda.
3. El Motín de las Metacapacidades Informáticas
El nuevo paradigma económico se asienta en una mirada emergente, postmodernista, utilitaria,
antielitista, comunitaria y en redes. Esta nueva energía dispone un entramado socioneural, una holored
bioglobal colaborativa y autoadaptable.
El paradigma económico eventualmente va a ser reemplazado. Esto se debe a que los espectros del
capitalismo y del estatismo heredero del marxismo se han plegado sobre si mismos y entrecruzado,
representando, bajo esta nueva perspectiva, una sola misma cosmovisión. Ese paradigma antiguo se yergue
desde la acumulación del poder en grupos exclusivos y élites, que toman las decisiones que afectan a toda una
población. En cambio, el nuevo entramado socioneural integra el poder de decisión atomizado hasta ahora,
propendiendo a la generación espontánea de iniciativas comunes, incluso anónimas. El desafío será
precisamente estructurar tal entramamiento de la red y cómo conectar cada iniciativa independiente de
manera semi-coordinada.
Las religiones y las creencias, junto al ateísmo, se apoyan en la percepción y el razonamiento.
Percepción y razonamiento sólo configuran argumentaciones falibles.
Deducir la existencia o inexistencia de Dios, sólo sobre la base de un sistema formal con reglas estrictas implica o el
dogmatismo, o el determinismo absoluto, o la invariabilidad de Dios.
El dogmatismo no puede ser del todo refutado debido a que cuenta con premisas injustificadas que son incuestionables para
ese sistema.
Los significados que construyen las religiones suelen ser tan laxos que vuelven una discusión en torno a esos términos
imposible, particularmente si son expresa y dogmáticamente incomprensibles.
Debemos mantener una mente abierta y tolerante a las diversas construcciones de la realidad porque estamos llamados a
intentar dar significado a nuestra experiencia, pero también a mantener una cuota de escepticismo simultáneamente.
Cuadro Resumen
Como plantea Popper, la tolerancia tiene sus propias cotas autolimitantes que pueden hacer más dificl su práctica, y que
obligan a la permanente reflexión crítica del propio sujeto tolerante.
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Podemos esperar ver, cómo ejemplo más sencillo, un eventual enfrentamiento entre el pequeño y
mediano empresariado, y esos viejos estándares elitistas. El pequeño empresariado será uno de los primeros
en tomar nota de cómo la iniciativa más comunista se ha transformado, en los términos prácticos, en un
representante más del mismo orden de cosas que la iniciativa más capitalista dispone. Ambos son polos de
una misma manera de generar las distinciones en el sistema de discursos sociales, una que falla
consistentemente en nuestros tiempos.
El pequeño y mediano empresariado ha estado cada vez más oprimido por las grandes empresas, los
sindicatos, las entidades gubernamentales y las asociaciones de consumidores. Todas estas concentran más
poder que una empresa pequeña.
Durante el cambio de paradigma, esperaríamos ver que la iniciativa privada de orden mediano sea cada
vez más imposibilitada, y casi destruida, debdio a la imposición de los intereses de quienes aún quieran
mantener el estado antiguo, que monopoliza los grandes poderes e iniciativas.
Sin embargo, las pequeñas empresas y emprendimientos individuales en el nivel más particular
eventualmente tendrán un impulso incomparable con el surgimiento de los sistemas interconectados y la
disponibilidad absoluta de métodos y volúmenes de datos. La iniciativa pequeña se virtualizará en una suerte
de holored donde configurará un solo sistema vivo, a nivel global. Las grandes operaciones elitistas de antaño
buscarán en ese camino continuamente erguir limitantes, requerir de credenciales y forzar requerimientos
excluyentes para modelar el discurso social y acotar la coordinación y articulación de esa pequeña iniciátiva,
incluyendo la absorción de los sistemas incipientemente proliferantes. Y si hay una explosión en la red de
iniciativas independientes, pequeñas, la información crecerá de la mano con los datos irrevocablemente
generando mayor presión desde las iniciativas hegemónicas del viejo orden en busca dirigir, filtrar o censurar
la información, cómo antes.
La iniciativa privada de orden pequeño obligará a organizarse y a funcionar colaborativa, cooperativa y
comunitariamente. En este esquema, la recombinación permanente de múltiples agentes será facilitadora y
promotora de la creatividad y de la innovación. Sin embargo los filtros y garantías que pueda sostener este tipo
de interacciones serán cada vez más precarios siendo este el último baluarte insostenible, en el largo plazo,
de la organización elitista y excluyente de la sociedad. Eventualmente devendrá la democratización hasta en
estas instancias.
Con todo, la construcción individual que hace el sujeto de su realidad pasará finalmente a revelarse
cómo el único recurso que realmente tiene y siempre ha tenido la persona para dar sentido a su experiencia.
Todo, a medida que la antigüa apariencia de objetivación social vaya terminando de desvanecerse de forma
paradójicamente evidente, precisamente en el discurso social. El sujeto en lo personal está llamado entonces
a desarrollar un espíritu adaptable y crítico propio que le permita realizar transacciones en la holored.
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Previamente, es probable que el adoctrinamiento permanente de los medios de comunicación,
controlados por intereses convergentes, inevitablemente va a dar paso a una crisis entre los trabajadores y los
grupos privados pequeños que no ejercen grandes poderes, canalizando el descontento que emerge de que
los grandes movilizadores de la economía migren a sistemas computacionales y automatizados.
Si no se previene este cambio, la automatización puede tender a cristalizar las diferencias y
desigualdades socioeconómicas entre grupos y naciones, deprimiendo en el largo plazo los recursos y
conexiones de los sectores marginados del nuevo sistema global emergente. Estas diferencias, por cierto, al
haber sido, en porciones imposibles de individualizar, fruto de procesos ilegítimos, instarán a la crisis social
porque se desencadenará la perdida de oportunidades de los individuos menos competentes, quienes no
logrén reinventarse cómo neuronas sociales. Lamentablemente aún no podemos tener claros los términos en
los que se requerirán nuevas competencias, las que eventualmente habilitarán al sujeto para que forme parte
del montaje de tensores socioneurales y disponga de la red. Sin embargo, es evidente que las circunstancias
de cada quién heredarán su contingencia material del modelo de ordenamiento anterior.
Es dable intuir entonces que el aprender a aprender, el ser adaptable, ser flexible, ser crítico y capaz de
ponderar el peso relativo de las distintas informaciones se transformen en aptitudes clave. Y también es dable
que quienes no se sientan en condiciones de integrarse a esas capas socioneurales emergentes se aferren al
ordenamiento elitista previo. Más aún, en ese escenario también es esperable un aumento de la criminalidad
que no será susceptible a ser manejado de la misma forma que antes por la estructura bioglobal emergente
debido a la cuestión de la legitimidad. Esto terminará por derrocar el ordenamiento previo volviéndolo
impracticable.
Por su parte, el sujeto más apto para ese escenario se escindirá gradualmente del sistema económico
tradicional, apoyado por el avance tecnológico y tratando directamente con sus acreedores, a través de
sistemas de credenciales democráticos, tecnológicos y confiables. Eventualmente el modelo tenderá a la
integración neuronal de cada individuo, en una red transnacional, libre, que permitirá al sujeto s capacitado
obtener más bienestar.
En la era de la información, el sujeto tendrá total claridad de que es él quién significa su experiencia a
voluntad, debrá hacerse él mismo de sus propias garantías, en la medida de lo posible, que minimicen los
riesgos personales, y deberá también redescubrir y maximizar esas aptitudes metainformáticas incógnitas
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permanentemente ya que ocuparán el lugar de los viejos medios de producción, de los capitales financieros y
de la mano de obra.
4. El Cientificismo
El problema: el cientificismo traslada el modus operandi naturalizado en una metodología formal
aplicable al marco muestral, sea cual sea, al lenguaje en términos inespecíficos, dónde las definiciones no son
tan nítidas. Es por eso que las categorías se confunden. Parece poderse señalar claramente en una muestra
experimental cuales son los ensayos que dieron un determinado resultado medible y cuáles no, ya que eso es
precisamente lo que el instrumento marca. Cuando hablamos de qué es y qué no es «ciencia», no sabemos
con nitidez a que cosas nos estamos refiriendo. Menos cuando hablamos de «significado».
Conde inmediatamente contesto eso es lo que se busca: un criterio de demarcación.-
Ahhhh contesto ella, e hizo rechinar la mecedora ¿y eso se puede encontrar? con un gesto hacia
el Conde continuó - ¿son la informática y matemática ciencias? ¿es la lógica una ciencia? ¿la filosofía y la
historia? Sostengo que el único criterio real para llamar a algo científico que no puedo rebartir es blando y
difuso y lo definiría cómo una convención que establece un grupo no tan claro de personas que detenta un
determinado poder o estatus. Lo demás: el reduccionismo, el método, el conocimiento, el falsacionismo, el
utilitarismo, la parsimonia: son todos conceptos que no son, ni exclusivos de, ni necesarios para la ciencia.-
Pero la ciencia se puede cuantificar interrumpió el Conde.-
¡Todo se puede cuantificar! ella contesto todo se puede hacer de manera sistemática. Y no sólo eso,
al hacerlo ¿sobre qué sistema nos paramos? ¿sobre qué matemáticas, por ejemplo? Ni siquiera queda claro al
hacer ciencia. Nuestros mejores esfuerzos para abordar el «significado» u otras concepciones como «la
realidad» o «el sentido», al estar fuera de un marco experimental, se reducen al tedio de un ejercicio dialéctico
• El ordenamiento social avanza, desde una visión elitista y excluyente, a un modelo complejo y multidireccional.
• Ese nuevo modelo funciona cómo una red integral (holored) dónde cada individuo es una neurona que forma parte de un todo
mayor (bioglobal).
La información es cada vez menos susceptible a la objetivación social en este mundo que ya no ofrece garantías públicas. El
individuo debe hacerse de los medios para minimizar los riesgos a los que se expone.
El control de la criminalidad y el retorno a un elitismo moribundo, por parte de quienes no se logren integrar, serán grandes
desafíos en este nuevo paradigma.
Cuadro Resumen
58
cómo este o, por ejemplo, perdernos en hojas y hojas de revisiones de convenciones bibliográficas histórico-
coyunturales y filosófico-nominales, para intentar afinar la puntería en la co-construcción de los conceptos. El
lenguaje es arbitraria y evolutivamentemente convencional por lo que no cuenta con ningún significado que
esté naturalizado. Los sistemas formales deductivos, por su parte, pueden imaginarse cómo un esfuerzo
optimista de prolijidad en la nomenclatura dónde, independientemente de que los descubramos o de que sea
posible hacerlo, emergen ciertos patrones y ciertas propiedades naturalmente, a partir de la combinación de
los supuestos que se usaron de semilla. Es precisamente eso lo que incomoda cuando un científico habla
tajantemente de ontología, fenomenología o metafísica, cómo si hablase de una muestra dentro de un
experimento. Se produce una aberración epsitemológica que desarticula todo el discurso; un transgresión al
espíritu más formalista de la lógica y la matemática vistas cómo el mejor y hasta ahora más exitoso esfuerzo
milenario de conformar un sistema de definiciones coherentes relativamente nítidas; una transgresión también
al espíritu intersubjetivo, consensual y enactivo del lenguaje cómo forma de comunicación y de co-
construcción de la realidad humana.
5. El Principio de Economía
¿Pero cómo decidimos que visión es la más simple? titubeó un segundo y continuó simplemente no
hay criterios.
Tras sus gafas, ambas ayudantes pensaron o sea… cómo que no, siempre los hay. Es tan claro cómo
que un número puede ser mayor, menor o igual que otro.-
• No hay un criterio de demarcación estricto para definir lo que es y lo que no es una «ciencia».
• Cualquier forma de proceder es susceptible a la cuantificación, sistematización, falsación y realizarse metódicamente. Estos
no son criterios que logren demarcar lo que es una «ciencia».
Se puede desarrollar una estadística en torno a tales cuantificaciones desde un sistema formal aritmético, que propone
deducciones bajo la esperanza, o supuesto (implícito), de consistencia entre sus axiomas.
Generalmente los números se construyen desde el sistema formal, asumiendo ideas cómo la inducción desde las distintas
formas de agrupar {Ø} y las colecciones que lo contienen.
El lenguaje es pura convención y la «ciencia». Cómo sustantivo, no puede escapar de este hecho de forma que el único criterio
de demarcación es consensual y necesariamente responde a las dinámicas de poder.
Trasladar la pseudobjetividad experimental o intradisciplinar, bajo supuesto que se realiza dentro de un encuadre científico,
hacia esferas cómo la filosofía de la ciencia, la ontología o la lingüística es impráctico.
Cuadro Resumen
59
Pero puede que no lo fuese porque cuando pensaban en los números ¿en qué pensaban exactamente?
¿en esa construcción apriorista que agrupa grupos cuyo único elemento a priori es la nada? Si la clase menor
en ese escenario es precisamente la que está vacía es mejor no proponer nunca ninguna explicación.
Y la ancianita continuó ¿Cuáles son los términos comparativos entre una teoría y otra? Porque los
debiera haber para aplicar el principio de Occam. Si es la cantidad de información que se requiere para
representar un determinado fenómeno dentro de un lenguaje, esto depende directamente de la semántica del
sistema y de su construcción. Cada modelo inevitablemente nos permite expresar algo más económicamente
murmuró e intentaba recordar alguna cita de Willard Van Orman Quine.
Su mente sudó por un par de minutos, cómo su hubiera tragado un gran pedazo de chile picante.
Aparentemente le costaba inventar un ejemplo. Supongamos que estoy dando explicaciones para algo y
parpadeaba no sé, lo que sea y levantando su bastón algo … ¡vamos!
¿Por qué los aviones y las aves vuelan? Una idea puede ser, los voladores generan suficiente suspensión
o como se le diga, para sobrepasar determinadas fuerzas. Otra es que los que no vuelan están sujetos a fuerzas
lo suficientemente grandes como para precipitarlos. ¿Cuál es más simple? Olvidémonos de qué es una fuerza
y de todo eso y podremos ver que nos paramos en dos extremos de una lectura. Bueno, y ¿cuál es la simple?
y tratando de elaborar continuó.
¿Qué es más simple? Pensar que hay una sola ley que rige todas y cada una de las interacciones
electromagnéticas que se producen en el universo, o que cada partícula tiene su propia receta y tenemos
acceso a las que han sido instauradas en una determinada vecindad con una operatoria similar ¿Son el infinito
y el vacío conmesurables? Provisto de que estemos dando alguna explicación, si cada tesis se puede parchar
de manera ad hoc, frente a la refutación empírica, entonces podemos también pensar que para cada
interpretación de los fenómenos ya siempre hay un lenguaje en el que ésta será la más espontánea y
tosiendo, no lograba encontrar ningún punto objetivamente tajante en el principio de economía excepto el una
visión completamente Zen Cada número termina en cero en algún formato base ¿o no?
Por ejemplo, para una cosmovisión, el que los ángeles, duendes o ancestros produzcan lo que
observamos puede resultar una explicación mucho más simple que la idea de que la trayectoria matemática
de los objetos en el espacio-tiempo es la que finalmente percibimos y dudó por un minuto.-
A pesar de todo, la filosofía de la ciencia ha probado ser tan efectiva en insistir que las distinciones y
criterios científicos cuentan con alguna cuestión cualitatva y escencialmente diferente agitando débilmente
sus manos cómo si hubiera algo, claro, que separa este conocimiento del resto de la especulación humana…
El método científico ¿cierto? miraba las oxidadas máquinas de bronce que antaño se usaban para
ventilación.-
60
Claro finalmente exclamó una de ellas, mientras la otra reía con tímida vergüenza.-
Altamente especulativo respondió la anciana pretensioso, sólo cínicamente escéptico, totalmente
derrotable, con propensiones tendenciosas y, por cierto, incapaz de autoreconocerse y realmente discernir su
alcance.-
Lo dice por decir dijo la otra ayudante eso que asevera usted parece un poco visceral y bastante
complicado de sostener pero luego de un largo silencio, la ancianita no resistió en replicar murmurando
es mi opinión, no es la verdad objetiva.
Vaya opinión poco simple le insistió la ayudante. Luego de otro suspiro la anciana logró responderle.
¿Otra vez con lo de Occam? Me parece que sostener la idea de tenemos claridad de las distinciones y
los criterios adecuados para poder decidir certeramente cuándo la generalización inductiva de determinadas
explicaciones tentativas resulta taxativamente aceptable, o cuando el esfuerzo de abstenerse y ponerlas a
prueba se puede considerar satisfactorio en tanto a calidad y cantidad es una idea pintoresca y rebuscada…
Aunque claro, todo depende desde donde lo miremos y rascándose la cabeza murmuró y vaya
coincidencia…
• La cantidad de entropía que debemos superar para transmitir un mensaje con cierto grado de impacto y certeza (por sobre
la aleatoreidad) depende totalmente del sistema y del medio en el cual se construye el mensaje, habiendo sistemas que son
más eficientes que otros para transmitir informaciones particulares.
El principio de economía no logra conformar un criterio factible para decidir entre una teoría u otra debido a que la eficiencia
yace siempre en el ojo del observador.
• El único criterio de economía absoluta es no proponer explicaciones subyacentes.
Cuadro Resumen
61
6. El Argumento del Éxito
La anciana no paraba de temblar y balancearse. Su blanca cabellera desarreglada y tiesa no se movía
un milímetro frente al sonoro ventilador que abanicaba hacia cada extremo de la pieza.- A que se refieren con
el éxito e insistió no entiendo eso del éxito.
Es que para discutir esto tendríamos que definir con rigor esa palabra, «éxito», por lo menos
momentáneamente todos asintieron y el Conde tomó la palabra.
Bueno hagamos la suposición de que se trata aquí de que la capacidad predictiva de las teorías que
cumplen con los criterios científicos, a lo sumo, siempre prueba ser mayor que la de cualquier otro método.
Pero le pido que intentemos no cuestionar la premisa.
La anciana interrumpió que es bastante cuestionable y se abrigó con la manta mientras tomaba aire
¿A qué te refieres con criterios científicos? pero antes de que nadie contestara continuó porque de estas
teorías, como les llamas tú, en ningún caso tenemos prueba alguna de que siempre el conocimiento se
construya desde lo abstracto a la verificación empírica.
El Conde pregunto ¿a qué se refiere? y ella interrumpió ¿de qué milagro me habla si la supuesta
teoría es una construcción ex post que intenta explicar lo que se ha observado? ¿tiene alguna medida de la
cantidad de teorías que han dejado de ser aplicables a la luz de los nuevos descubrimientos? ¿o alguna del otro
tanto que ha tenido que ser reformulada? con frío, apagó el ventilador yo no veo ese milagro más que en la
proeza de elocuencia y en la necesidad tener explicaciones, cuestiones ciertamente muy humanas y
esperables.
Pero el Conde insistió bien, o sea, para usted lo que no está siendo percibido al instante ¿no existe?
¿Qué sería que no exista? dijo la anciana, y continuó Claro, no existen en mi percepción. Quizás
existe como parte de una abstracción ¿cierto? raspando la voz agregó lo real es mucho más experiencial,
es más Zen.
Mire, yo sólo tengo algunos métodos para abastecerme de una aproximación provisoria a cómo las cosas
podrían estar influyéndose las unas a las otras, especialmente mientras yo no las estoy percibiendo y se
sonrojó.
Aunque debo confesarles continuó que de alguna u otra forma yo si les atribuyo significados a esas
interacciones. Pero esos significados y esos métodos aproximados no dejan de ser construcciones totalmente
funcionales a mi supervivencia, a mis esquemas mentales y a mi adaptación al medio.
Por más que lo quisiera tambaleándose, insistió no logro encontrar ninguna certeza de que lo que
significo que ocurre en la realidad, si efectivamente la hay, pueda siquiera estar ocurriendo realmente o pueda
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guardar alguna relación mínima con mi interpretación de las cosas o con cualquier conceptualización en el
mundo de las ideas. Esas conceptualizaciones dudo por un momento si tuviera que explicarlas, yo diría
que sólo son la reacomodación cognitiva de cómo opera la causalidad de diversos eventos a partir de la
información residual que se percibe desde la particular trayectoria fenomenológica propia en el sentido de que
ese reacomodo ha venido siendo seleccionando evolutivamente hasta configurar mis estructuras psíquicas
vigentes a través de lo que, por ejemplo, yo describiría cómo los dispositivos del aprendizaje.
7. Una Hospitalización para la Autolimitación Moral
No creo que sea sano no creo que a estas alturas de la historia realmente se pueda decir que esta
forma de organizar las cosas es la mejor. Evidentemente no. Y es un tema de los seguros es un tema de los
precios es el significado que tiene el dinero ahora, la dignidad de la persona: el trato y la información que
recibe de un sistema que no le permite tampoco hacer uso de alternativas ¿qué pasa si alguien no está en el
sistema? La clínica de salud privada, por ejemplo: grandes entidades y edificios que tienen toda la tecnología
para atender cómo ellos determinan, que mueven cantidades de dinero sustantivas pero que, sin embargo, no
terminan de cobrar, a ratos, más de veinte veces más por los insumos más elementales y simples cómo los de
algodón y tela. O las farmauticas y su personal tan comprometido, todo comprometido: llega a estar compromisado.
Con el internet desps de los noventa y dos mil, nadie puede pensar que cuando los negocios manejans dinero,
necesariamente van a atraer a los mejores y el resultado va a ser de calidad.
En pocos años hemos inventado cualquier cantidad de papeleo, burocracia y de movimientos circulares
de recursos que nos hacen perder tiempo, suben los precios y dependiendo de la métrica deterioran o
mejoran la calidad de vida de todos o algunos. Es decir, lo único que sabemos de una suma de dinero tal es
que sí atrae la ambición y a ratos, negociantes dispuestos a comprometer una mayor cantidad de aspectos
con tal de hacerse del dinero.
• La definición de lo que es exitoso depende del observador.
• El éxito de las ciencias cómo argumento para justificar su validez, supuestamente milagrosa, es circular, si se denomina y lleva
a términos «científicos» todo aquello que es exitoso.
La construcción de causalidad es innata en la mente humana y surge ante la repetición de contingencias formando parte de la
fenomenología psíquica del sujeto y sus ideas.
Cuadro Resumen
63
Decirlo suena limitante y empobrecedor pero es la dura verdad.
Quizás se esperaría que a mayor dinero se desarrollara un pensamiento
moral elevado, una generosidad y una ética marcada por la holgura de
las circunstancias y el espíritu humano pero esa es la gente que
rápidamente deja de tener plata pero una porción de gente con mucho
dinero ¡Ay! que simplemente no desarrolla eso, o más les precede la
actitud opuesta quienes se encarcinoman alrededor de las posiciones
donde el dinero fluye dispuestos a todo sin notar cuando arrollan al
resto.
Y ¿que ocurre con los seguros? ¿con los precios? Bueno, en un
mundo dónde el estancamiento de poder tiene esa característica, los
precios pierden todo tipo de conexión con la realidad. Un ejemplo
sencillo son los seguros de autos: contratar directamente al
representante oficial de la marca o algún servicio autorizado para una
reparación es simplemente absurdo los valores están fuera de
mercado. ¿Y que los tiene enajenados? Bueno, el estanco, la
micronización del mercado de consumidores cómo si fuese una especie
de trapero sucio, un pedazo de guaipe del que los licántropos pueden
hacer uso para enjuagar su idea Canvas de «negocio», si se le puede llamar
así. Los seguros tienen a los precios así: es decir los precios de esa
reparación s bien están en otro mercado. El seguro anota cualquier cifra
que convenga a ese mercado no es para que la gente lo pague ese valor
y en un país lo suficientemente pequeño se obliga a todos a participar
de eso o quedarse con el vehículo roto pero hay alguien que gana con
que ese número el que creemos nos da igual a los que pagamos
seguros que sea tan grande. En la salud se da el mismo modus
operandi y por comisión.
Te tratarán de imputar una enfermedad, a veces dos y te sugieren
una tercera, o por lo menos tratarán de darte la mayor cantidad de
prestaciones que devenguen algún hito en sus registros
pro-comisión del sistema. No hay ningún incentivo para que no haya una
enfermedad o para que estemos sanos la paradoja de un sistema para el
que cuesta un poco imaginar incentivos más perversos. Incluso el sistema
público adolece de este problema. Luego, si lo miramos desde la más humana
64
y laxa cuestn de nomenclatura y significado, la presión para que se configuren ciertas maneras de comprender los
procesos humanos en cuestn es a lo sumo gigantesca. Y aquí ya no es lo una presión de mercado acotada es una
cuestión trascendental al modelo de desarrollo y de la concepción del conocimiento, por lo des, tan pasada de moda.
Pero, el sistema es la verdad, es vivir mejor, vivir más o salvar vidas, dirán es lo mejor del mundo, como
si hubiese un contrafactual, como si la comparación que se retrotrae a los sistemas que terminaron por generar
esto fuese una suerte de argumento, o para peor cómo si realmente, de las comparaciones tendenciosas,
la situación actual lograse salir airosa. Vivimos en un mundo de voracidad y de necesidad y el sistema de salud
es un reflejo más de ese modelo. Seguimos recetando más consumo y más crédito para la crisis financiera.
Seguimos recetando quimioterapia y diciendo que salva a algunos, pero el sistema y sus beneficios están todos
dentro de un zapato chino porque ¿bajo qué estructura semántica concebimos esas interpretaciones de las
cosas?
Obviamente, cuando el interés de mercado es el que manda, el incentivo se vuelve perverso. Y cualquier
esperanza que se aloje en que quienes trabajan en salud lo hacen por una inquietud genuinamente humana,
dadivosa y entregada es insostenible pues ejerce una presión desmesurada e intratable sobre los profesionales
que deben entonces balancear dos principios éticos contradictorios, escenario en el cual sabemos prima el
consenso pautado desde la cúpula. Y las desiciones de grupo son siempre de una moral muy empobrecida
la creencia hegemónica es inyectada en la mayor parte de los sujetos haciéndolos creer ciegamente que la
llamada ciencia es cualitativamente distinta y mejor que otras soluciones. Evidentemente, lo que una persona
considera bienestar difiere absolutamente de lo que otra considera bienestar. Es problema, en definitiva,
insaldable.
La ciencia «ética» tiene un conflicto severamente irritante entre el principio de no daño y beneficencia
al paciente versus la dignidad del humano como artífice de su realidad. El conflicto sólo se logra saldar en el
conenso social que, por cierto, eterniza el estado de las cosas. Y ahora ahora en los tiempos de la enormidad
de información y la estadística masiva tenemos sistemas que saben exactamente cómo decirte cualquier
mensaje para que pase tal o cual cosa dentro de tu cabeza. Si eres una persona promedio, estás a la merced
absoluta de estas máquinas pero si te alejas de la media estas peor, el sistema procura, en cercana
proporción a la magnitud de la varianza de tu distanciamiento, dejarte fuera de cualquier posibilidad de
interacción. Las puertas que permiten este manejo sistémico se levantan a diario, con miras a que no sé,
para el veinte veinte tengamos un tamizaje de ganado infranqueable.
En este sistema de incentivos ¿quienes están llegando a la cima de las instituciones que mueven más
dinero? ¿qué tipo de servicios son los proliferan en tales instituciones? Así se perfila el nuevo gradiente político:
la permanente co-construcción dialéctica de lo público y lo comunitario versus las estrategias privadas
positivistas herméticas. Porque hay que darle un vistazo sistémico y evolutivo a estas economías para entender
65
cómo en un mundo donde la información es un commodity, si hay especialistas para todo, el dinero comienza
a dejar de ser garantía de valor menos de costo y en ningún caso de calidad. Se torna en cambio sólo una
prueba viviente de que el mercado no es competitivo un sello del enquistamiento socioeconómico de la
plutocracia el anquilosamiento oligopólico de la utilidad en los carteles que en el largo plazo refutan su propio
discurso macroeconómico circense.
El sistema de salud actual, si bien entrega prestaciones esenciales, tiene grandes falencias desde una perspectiva cibernética
profunda.
Un sistema económico dónde la acumulación de riquezas, particularmente monetarias, es el principal motor, no
necesariamente asegura la proliferación de los agentes más eficientes y efectivos, sino la de aquellos con mayor disposición y
capacidad para hacerse de tales incentivos, como sea necesario hacerlo.
Los sistemas que premian a los agentes que dan la mayor cantidad de prestaciones y se desarrollan en base a este criterio
tienden a maximizar la cantidad de prestaciones requeridas y devengadas.
• Los profesionales no debieran quedar en la línea de fuego de la toma de decisiones éticas intratables debido a que el modelo
de desarrollo es contradictorio. En ese escenario primará el discurso elitista.
En el ordenamiento actual de las industrias suele no haber incentivos para que se produzcan soluciones eficientes y
económicas, particularmente si estas disminuyen las transacciones, prestaciones o valuaciones en las métricas de incentivos
hegemónicas.
• Las decisiones grupales funcionan en un nivel de moralidad deteriorado o disminuído.
• Los mercados no son competitivos.
Cuadro Resumen
66
8. La Concentracn
Comenzamos un siglo. En menos de una década se produjo una de las más grandes crisis de la economía
mundial. Hoy en día, es evidente que una revisión funcional de las variables del mercado resulta mandatoria,
tanto para defender el heterodoxo modelo actual de la economía, cómo para enmendar los caminos que están
perdidos.
En este punto, no solo hablo de economía, sino del (i.) factor social, de (ii.) la concentración del poder
que: sin duda; aunque está pendiente determinar si resulta tan indispensable para el progreso: está claro que
es la raíz del abuso[1]. De ahí que en algún momento (mientras antes se empiece mejor) será crucial plantear e
interpretar un modelo matemático, estadístico o por lo menos experimental que permita predecir el
comportamiento de esta variable: la concentración o densidad de poder: económico, religioso, político, social,
o de cualquier otra naturaleza; que se pueda traducir a un mecanismo o fenómeno de: explotación, abuso o
manipulación, directa o indirecta, y que, en desmedro de las cuestiones más básicas de unos, permita
suntuosidades menos necesarias a otros. Es decir, un modelo del abuso del poder.
Asimismo, la interrelación y correlación entre el abuso y la
dificultad de una población para progresar[2] ha de ser modelada e
interpretada pues es la única relación que permite plantear soluciones y
reparaciones verdaderas, y evitar la usurpación pero mantener el
progreso. Mientras no se construya este puente, en base no sólo a una
teoría económica, sino que tomando como pilar también el modelo
social, la propia función económica presentará anomalías persistentes,
generando los mismos errores en torno a los mismos problemas y desde
las mismas discusiones, llegando a las mismas conclusiones
insuficientes y falladas.
• Los cambios socio-historicos obligan a hacer una revisión de los sistemas de
organización vigentes, debido a que estos están fallando.
• La desigualdad de poder genera abuso e imparte sus propias precondiciones
ad hoc, sobre resto de los agentes de una sociedad, de forma arbitraria e ilegítima.
Se requiere plantear y formalizar modelos y teorías socieconómicas que logren
captar la escencia de este fenómeno para comprenderlo.
[1] Circunstancia que se impone
forzosamente determinando casi
absolutamente, postergando dignidad.
Durante los siglos diecinueve y
dieciocho, las violentas presiones
machista-autoritarias le impedían a una
clase abusada mujeres del pueblo,
acatar el código preestablecido del
comportamiento femenino (Salazar,
1985, p. 300). En proporción, hoy el
elitismo corrupto abusa de los cánones
insostenibles que nos impone, y que no
respeta ni honra. Paralelamente, nos
arroja al desacato punible como parte de
sus dispositivos de sometimiento. [2] El
abuso instrumentaliza al sujeto
abusado; impide el progreso social en
favor de objetivos inmediato-
oportunistas de pocos.
Cuadro Resumen
67
9. El Progresismo y el Nuevo Colonialismo Sindical
Una nación en la cual los
sucesivos gobiernos
promueven indistincta e
indiscriminadamente[1] los
beneficios laborales
excesivos[2] tiende a perder el
sector empresarial pequeño y
mediano. Esto ocurre en pos del
crecimiento de las empresas
más grandes incluidas las
operaciones de conglomerados
internacionales en el país.
Mientras más dificultoso se
vuelva para las empresas
reverificar su personal a las
condiciones contingentes del
mercado, la pequeña y
mediana empresa pierde
competitividad. Variablemente,
las empresas con gran volumen
de contratación y
departamentos para
operaciones legales
inespecíficas ganan terreno en
base a las economías de escala
que se generan al
procedimentar lo que no se
justifica en las empresas más
pequeñas (oficina de
abogados, recursos humanos,
etcétera). Paralelamente, se
produce un efecto de
ineficiencias[3] que
[1] Se entiende esta indiscriminación en su denostación más literal y menos
conativa. Cuando en torno a una teoría (que bajo cierta circunstancia es positiva o
provechosa) determinada, se adopta una promoción permanente, extrapolada e irrestricta,
dejando de lado la prerrogativa, teorización o necesidad de hacer una consideración simple
de si las nuevas relaciones a las que le traslada dicho esfuerzo le permiten mantener sus
cualidades y no producen otras externalidades significativas. Así, un bien se define en base
a una determinada relación psicosocial que incide sobre la persona, de manera que la
variabilidad de circunstancias, a lo menos, requiere una reevaluación capaz de diferenciar
si se mantiene tal calidad. [2] Un exceso queda definido verazmente en términos del
entorno en el que se produce un fenómeno, y sus efectos para este. Para una comprensión
sencilla, sin embargo, podemos utilizar el supuesto de que un exceso provoca siempre
alguna variabilidad cualitativa (y no sólo cuantitativa) en alguna dinámica del sistema, de
manera que existe alguna variable o alguna relación cuyo comportamiento se altera y de
alguna manera obliga a la reinterpretación de una categoría de modelos. Dicha
reinterpretación, por cierto, excede cuestiones cómo la redefinición del campo,
involucrando aspectos, llámenosles interactivos. [3] Las ineficiencias pueden
perfectamente no germinar en ningún objeto contingente de análisis que este siendo
sometido a algún escrutinio. Es de considerar que los beneficios laborales no son un fin en
mismo sino que se disponen en favor de la persona y su dignidad. Más aún, el trabajo y
la teoría del trabajador evidentemente construyen símbolos que responden al mero folklore
semántico sociocultural imperante. Comenzando con la calidad de vida, para cualquier
noción, siempre es posible establecer una métrica arbitraria sobre la cual lo
supuestamente medido quede referido a variables evolutiva o cuidadosamente
seleccionadas; y que le entreguen un significado y un valor completamente desconectado
del que la mayoría de los individuos le asigna a dicha teoría. (Villegas, 1985).
68
subvencionan a los trabajadores que no son eficientes ni agregan valor, en desmedro de tanto los compañeros
que si lo hacen, como de los pequeños y microempresarios.
Una empresa de mayor tamaño[1] puede soportar con mayor facilidad
un empleado ineficiente sin ver significativamente perjudicada su
productividad[2]. Asimismo, debido al tamaño, puede enfrentar con facilidad
el pago de indemnizaciones de desvinculación. Fuera de esto, está en una
posición en la que puede encarar con comodidad y orden un litigio laboral e
incluso el pago de multas. Por último, una gran empresa tiene una facilidad
para la gestión y motivación de los recursos humanos. Todo lo anterior se
asocia a las economías de escala y los mayores volúmenes que se manejan.
Una pequeña empresa que se ha hecho de un trabajador que no tiene
interés en que ni la empresa ni su carrera se desarrolle, se encuentra en una
situación muy difícil[3]. Esto toma como supuesto que estos mismos tienen
intereses dinámicos y distintos. La pequeña y mediana empresa es
susceptible a perder rápidamente la rentabilidad debido a variables de
microgestión que pueden provocar gastos inesperados o ineficiencias a nivel
operativo. La empresa tampoco puede entrar en un desgaste que le permita
mantener al trabajador debido a que la rentabilidad cae fuertemente.
* * *
Si los gobiernos no ejecutan políticas específicamente conducidas a
mitigar estas situaciones se produce un efecto nefasto a largo plazo. A
medida que se dan más beneficios a los trabajadores el panorama se vuelve
muy complicado para las empresas pequeñas y medianas. Asimismo, aunque
todas las empresas se beneficien de las políticas que emplee el gobierno para
potenciar la industria, la economía y la inversión; debido al efecto de
economías de escala, la pequeña y mediana empresa tiende a la
desaparición.
El estado debe emplear recaudaciones para subsidiar los beneficios
de los trabajadores en el caso de las pequeñas y medianas empresas. Esto
es, de forma tal que para un trabajador le sea interesante y conveniente
trabajar en estas empresas, pero para el empleador no le sea costoso lidiar
con estas variables del micromanejo. Por ejemplo, se proponen las siguientes
políticas para la pequeña y mediana empresa: subsidio al pago de
[1] El tamaño de una
determinada empresa se puede
entender cómo una función de la
magnitud de sus operaciones: por
ejemplo alguna producción entre
cierta métrica que perfile la
proporción de la población afecta
por sus adquisiciones y
contrataciones; y otra distinta
que evalúe la proporción que
constituyen sus ventas de la
dinámica económica de esa
misma población.
Consecuentemente, la empresa
tiene un tamaño en relación a una
población. [2] La incidencia que
tienen las variaciones graduales
de productividad de un individuo
sobre la dinámica de una
empresa, inevitablemente
disminuyen a medida que nos
referimos a empresas con mayor
volumen de operaciones. [3] No
es ético ni legal debatir la volición
de un trabajador al definir su
propio destino laboral: esperar
competencia sobre la reducción
moral del pequeño empresariado
(y el consecuente abuso de los
trabajadores) es inadmisible.
69
indemnización por años de servicios (o descuento de impuestos); línea informativa dedicada y asesor especial
en la inspección del trabajo; acceso a abogados y otros recursos como capacitación para este tipo de
empresas. Lo anterior, en general, da por sentado la idea de que una persona que no tiene gran interés en ser
un aporte al desarrollo de la economía y de la sociedad está dispuesta a asumir costos (cómo un menor nivel
de ingresos).
Si no se toman medidas que ayuden a manejar esta situación a las pequeñas y medianas, la nación
decanta en un estado pseudocolonial en el cual la mayor parte de la población la conforman trabajadores de
empresas gigantescas. Esto crea un círculo muy cerrado y pequeño de personas que concentran una cantidad
de poder que está fuera de orden para el resto de los ciudadanos. Esto es nefasto no sólo desde el punto de
vista de la igualdad, sino que se produce inevitablemente un cruce de poderes debido al protagonismo tan
concentrado en tan pocos.
Si la legislación laboral no compensa el efecto que tiene sobre el pequeño empresariado, ante tales normativas, las economías
de escala ponen a ese sector en una situación competitiva casi imposible.
• La legislación laboral debe atender no promover la ineficiencia.
Estratégicamente, el estado debe procurar minimizar que la población y el ordenamiento social estén supeditados a la
existencia o al desempeño exitoso de algunos grupos que concentran el poder.
Cuadro Resumen
70
10. Rubén Rai
Rubén Rai Valdivia es un crítico español, nacido en
Arancibia en 1957, de corte anarquista sistémico. Parte
importante da la Academia de Libretos Libre fundada en
Buenos Aires en 1993. Destaca su ensayo «No Creo en un
Sistema Económico» dónde intenta dar una base filosófica a la
idea de protesta constante formulada para justificar la utilizacn
permanente de lo que él denomina cómo huelgas infantiles
panfletarias. Dichas protestas se producen con el único fin de sacar
ventaja de una situación puntual[1], para un sistema particular. La
extensión de su utilización es notoria en gran parte de Latinoarica,
en particular Andes-Pacífico. Rai ha señalado en varias
oportunidades que el medio más rápido para alcanzar el bienestar
del individuo es a través de la utilización de lo que denomina
reclamaciones irresponsables y la utilizacn de todas las
herramientas a la mano para generación colectiva de impedimentos
para el desarrollo social que permitan catapultar la generalidad del
colectivo demandante. Entre sus discursos más célebres se
encuentra la «Descripción del Sistema de Vida Modern a tras
del cual explica - la huelga es un estilo de vida. El ciudadano moderno
deja de trabajar y producir para entrar en una huelga permanente
en la que todo lo que le pasa debe ser solucionado por
terceros. Cada ciudadano debe apoyar la huelga porque esta
representa el derrocamiento del sistema. Esta es la única
manera de liberarse de las responsabilidades superpuestas
por el sistema de capitales reinante.
El principal pivote ideológico de Rubén Rai y su escuela,
es, según señalaría en su libro «Chile: ¿Ejemplo de Eco-
[1] El carácter egoístico de la propuesta de
Rai encuentra su fundamento epistemológico en un
nihilismo inmediatista que se facilita para la
justificación de una conducta ontológicamente
irresponsable. Existe fuerte evidencia de que si al
relacionarse, cada parte debiese escoger entre la
colaboración o la defección, eventualmente la
extinción ecológica sobreviene a quienes que basan
su éxito en el aprovechamiento de los otros: una
actitud robusta varía al tener por lo menos (i.) una
iniciativa cooperativa; (ii.) una reacción vigorosa
ante la traición, y (iii.) no guardar rencores.
(Hofstadter, 1985, pp. 723-726). En línea con lo
anterior, el planteamiento de Rai pertenece a una
serie de movimientos denominados el Enjambre
Desesperado de Neocortoplacismo. Estos últimos
comienzan a surgir en Latinoamérica desde el
segundo tercio del siglo veinte, frente a la falla
sistemática de las máquinas de sistematización
tradicionales controladas por las cúpulas abusivas,
en franca extinción ecológica.
71
nomía?», la idea de que:
“No creemos en un sistema económico que sea capaz de alcanzar
un estado estable[1].
Figura 8. Sistema Organizador Excedido.¶ La figura A representa
una colección de aspiraciones (fluido azul) limitadas por condiciones
reales (estanque poroso). En B y C un sistema organizador propulsa la
intencionalidad de mejorar, a zonas (hacia arriba) con mayores
oportunidades de desarrollo (poros). El sistema descontrolado
evoluciona a D, bloqueando el potencial de acción de la intencionalidad
humana en algunos niveles. Las fronteras contingentes reciben las
motivaciones, por los poros tales afectos filtran trascendiendo. El
estanque, se rellena automáticamente, mantenido fija una ambición de
masa fluida. El crecimiento del sistema amarillo (globo) sumergido
bloquea las salidas inferiores. El sujeto urbano, longevo e informado,
no tiene un espacio para lo básico.
Limites materialistas y naturalistas
que actúan sobre la implementación
de las aspiraciones de los sujetos
Oportunidades de aprovecha-
miento, bienestar y
desarrollo humano.
Acumulación de necesidades,
intenciones y deseos
de mayor bienestar.
Desplazamiento de
deseos a un estado mayor
de calidad de vida
Sistema de organización eleva las
pretensiones a regiones con mayor
cantidad de oportunidades.
Sistema de organización en
expansión y desarrollo. Su
volumen desplaza las
aspiraciones hacia arriba.
Desplazamiento
El crecimiento del sistema de
organización topa con las
limitaciones materiales y reales
humanas que modulan su
crecimiento posterior
Estancamiento e imposibilidad de trascender y aprovechar
determinadas oportunidades de desarrollo debido a un
bloqueo de el mismo sistema
A.1.
A.2.
B.
C.1.
C.2.
D.
[1] En contraposición a un
sistema cuyo fortalecimiento
perpetuo implica la mejora indefinida
de la calidad de vida de sus
participantes. El sujeto participa de un
sistema social accediendo a beneficios
mo comunicaciones o transporte,
que no estarían disponibles en
condiciones s desorganizadas pues
involucran esfuerzos coordinados. El
sistema de organización actúa
desplazando las aspiraciones de los
individuos al igual que un balón
sumergido desplaza el agua de un
contenedor. Su menor densidad es de
verdad efectiva en mantener en su
exterior determinadas motivaciones
quidas.
72
Nuestro foco está en el acto de
derrocamiento mismo y las
oportunidades de aprovechamiento
para el individuo en sucontingencia.
Un sistema de organización social
sólo sirve en el momento en que se
ejecuta y con ello genera espacios
para los individuos oportunistas (los
más aptos[1]) capaces[2] de
ocuparlos.”
Rubén Rai fundó las Ligas
Modernas luego de ganar el premio
Chanterstrom por su instalación
esotérica «El Ciudadano Modern
en Melipilla, 1991. Las Ligas
Modernas hasta el día de hoy se
mantienen sumamente activas y
dinámicas, como aglomeraciones de
pensadores y filósofos que generan
reclamaciones irresponsables y
dificultan[3] el desarrollo de la
sociedad.
En su declaración de
principios, la ASOLPAM (Asociación
de Ligas para la Modernidad)
establece sus objetivos, escritos por
el mismo Rai: “Como liga, nuestro
objetivo es la oposición[4]. Nos
opondremos vehementemente a
que:
(i.) todas las personas tengan acceso
a las mismas oportunidades[5]; (ii.)
las mismas, que están dispuestas a
sacrificarse y esforzarse más,
[1] La aptitud del oportunista, ciertamente cuestionable, queda supeditada
a las características del entorno. [2] Su capacidad de tomar las oportunidades es
una cuestión meramente azarosa que inevitablemente le abandona tarde o
temprano. [3] La dificultad que imponen sobre la sociedad responde a una función
filial exacerbada pero infértil. Esto se contradice absolutamente con los nuevos
planteamientos acerca de una sociedad equilibrada, y por ende, dificulta todo el
desarrollo. El ser humano debe lograr establecer una variabilidad que promueva la
transformación interior privada del sujeto, en camino a equilibrar las funciones
paterna; materna y filial; respectivamente: producir, nutrir y crecer libre. (Naranjo,
1993, p. 59). Si el foco se torna sólo sobre la función filial, se pierde la generatividad
social y su capacidad de mantención. [4] La oposición de las ligas se propone como
un puesta a prueba funcional, lo que desde un punto de vista sistémico, sólo puede
tener sentido si existiese una ideología subyacente de la cual esta emerge, y que
sistémica y tendenciosamente se opone a lo que - valga la redundancia - se opone la
liga cómo consecuencia. Evidentemente, la oposición, en general, o tiene una
justificación que la sobrepasa, o se sistematiza como una mera rebeldía que no tiene
causa. En consecuencia, si Rai relaciona su premisa opositora, con una suerte de
filosofía ingenua y más bien próxima al Stirner de Marx: inevitablemente con ello nos
plantea el total egoísmo caprichoso cómo único método. Desde cierta perspectiva,
parece insano entrar en este terreno: la diferencia entre esta manera de pensar y la
de algún carterista o asesino puede radicar, básicamente, en el grado de aceptación
pragmático de la violencia, y también de las actividades, llamémosles,
contrasistémicas, al que se han terminado aclimatando cada uno, muy
presumiblemente debido al azar. Más aún, siguiendo esta lógica, incluso el caer en
la calidad de opresor aristócrata privilegiado o revolucionario oprimido martirizado
terminaría dependiendo de cuestiones meramente circunstanciales (exempli gratia:
la capacidad y oportunidad de hacerse y retener el poder). Ahora bien, para peor, si
hacemos la no improbable conjetura de que quienes estén en condiciones de forzar
más hacia esos mismos serán quienes los acaparen, entonces tenemos un modelo
estructural que explica la magnitud de la corrupción y la relativización maleable y
acomodaticia de los valores en las cúpulas. Esto convierte al egoísmo de Rai en una
franca apología del sistema imperante al que tan facundamente jura oponerse. [5]
El materialismo dialéctico se torna un eterno juego social de suma cero.
73
acrediten, en proporción, más teorías pro bienestar; (iii.) un sistema que tienda a una mejora sostenida de las
anteriores teorías a través del progreso; (iv.) cada persona tenga la libertad de destinar los frutos de su trabajo
a lo que él determine, y (v.) la ley y el estado deban velar porque las libertades de unos se configuren sin afectar
las libertades del resto”
Estos son las cinco falacias con las que el ciudadano moderno debe evitar entramparse, según afirman
los escolares de Rai y las Ligas Modernas. Rai señala en su autobiografía:
“Creo ciegamente en la idea de que los modelos y teorías deben ser formulados para obtener ciertos
resultados deseables independientemente de su propia consistencia o aplicabilidad”.
• El oportunismo nihilista surge como una reacción facilista a las fallas del sistema de organización vigente.
Es una actitud similar al anarquismo egoístico. Es exitosa, o fracasa, en función de las cambiantes condiciones de
aprovechamiento externas, siempre coyunturales.
Este oportunismo egoístico puede maximizar la utilidad percibida en un corto plazo, por parte del oportunista, pero disminuye
el importe total social, disminuye el beneficio promedio del sistema al cual pertenece y deviene en la extinción ecológica, por lo
menos del propio oportunista.
Los sistemas crecientemente complejos, que promueven estándares de bienestar cada vez más elevados, deben procurar no
con ello impedir las posibilidades de acceder a las formas de bienestar más elementales y económicas.
Cuadro Resumen
74
11. Pirámides
¿Es normal que una sociedad se configure
cómo una pirámide? Es «tradicional» aceptarlo con
«normalidad». Los «estratos» [1] «con menos»
«recursos» [2] «son más» «masivos» [3]: los que
«poseen más»: minoritarios. Una labor estatal
amaina diferencias revertiendo el «efecto pirámide».
Asumimos que existe una «fuerza excluyente»
entre la población que se encuentra en la cima de
una pirámide socioeconómica, presumiblemente en
pos de permanecer allí. Así, el crecimiento
económico de una sociedad se genera forma
piramidal. El estado está permanentemente
presente, tomando medidas que evitan: (i.) la
exagerada pronunciación de la forma piramidal en el
sistema social; (ii.) la disociación de ciertos sectores
sociales en la pirámide (asegurando la libre movilidad
dentro de ella), y (iii.) el crecimiento de la pirámide.
Un sistema simple con flechas, puede resultar un
poco más expresivo en este punto:
Figura 9. Efectos Ideales de las Políticas Sociales
[1] El estrato cómo unidad de examen es una
construcción aproximativa con fines meramente analíticos. Su
característica es la sistematización de una colección de
variables, por ejemplo individuos, bajo las definiciones que
permiten cierta operatoria binaria. Sin embargo, cabe resaltar
que no necesariamente una variabilidad arbitraria define un
estrato y más aún, operamos sobre la absoluta pretensión de
que tal generalización, aunque básica, es posible de realizar.
Aunque asumamos un sistema para comprender cualquier
estrato tal que dada cualquier característica α (exclusivamente
susceptible a ser o no ser satisfecha) y cualquier estrato β: todos
los individuos γ que pertenecen al estrato β y cumplen la
propiedad α, también pertenezcan a un estrato determinado,
llámese, en este caso, δ (exempli gratia:
βδ|γδα(γ)γβ); no hay forma de corroborar la
existencia de los estratos sin hacer una conjetura implícita de
que la generalidad analítica no está, a lo sumo, vacía (Hrbaeck &
Jech, 1999, p. 7) de estratos. Cada hipótesis análoga es
absolutamente derrotable pero de primera necesidad: tales
supuestos subyacen a toda reflexión ya que su negación no
admite tales oficios. Siempre cabe reevaluar, contingente y
permanentemente, la pertinencia de interpretativamente
abstraer al sujeto a una variable operable, bajo determinadas
cláusulas. [2] Los recursos de un estrato son una medida de la
magnitud y el alcance medio de las rutinas que este
normalmente lleva a cabo en su medio. El estrato de menos
recursos es verdaderamente para aquel que, en promedio o
individualmente, hemos especificado un significado a través del
cual relacionamos algún módulo estandarizado de dichos
recursos, cómo comparativamente menor al de todos los otros
estratos. [3] La masa de un estrato se interpreta cómo una
función de la cantidad de población que concentran.
Pirámide estándar
Más recursos
Menos recursos
Efecto ideal de las políticas
sociales del estado
Menos recursos
Más recursos
75
Un círculo bien ubicado en la cúspide de la pirámide produce dinámicas que afectan a todos los
miembros de la sociedad[1]. Este es el «poder proyectivo» del vértice superior (fuertemente asociado a la élite).
Este debe alinearse en la dirección de la base de manera que la pirámide pueda operar[2]. En cambio, si esos
essfuerzos se concentran en mantener el poder dentro de dicho círculo a través de todo lo que los recursos
[1] Las élites, cuya emergencia varía dependiendo fundamentalmente de la estructura social, actúan siguiendo a Pareto,
rigiendo a un grupo más o menos desorganizado de personas, promoviendo un determinado status en el sistema de organización
social y buscando consolidar una determinada forma de régimen, dónde las relaciones sean acordes a las expectativas de la élite
(Vergara, 2013, pp. 35-36). Consecuentemente, tiende a existir un interés elitista por estructurar al sistema a prueba de
perturbaciones, consagrándose en una determinada ubicación angular superior en la misma estructura. Si bien con ello no se
establece un control absoluto de cada una de las relaciones internas que se producen en la sociedad, se prueban verdaderas
condiciones de borde, suficientes para ejercer un control a nivel estructural o sistémico: todo el conjunto queda supeditado a la
modulación de las élites. [2] El alineamiento con las necesidades es lo único que justifica, poblacionalmente, la existencia las
posiciones sociopolíticas en las que determinados grupos controlan y direccionan la estructura social. Pero la perspectiva elitista del
fenómeno dual es asimétrica: la élite está constituida por sujetos que adolecen de un instinto de conservación eminentemente
natural, conformado por tendencias triviales al autoreplicamiento y otras características evolutivas, en apariencia bastante
estandarizables. Si bien la movilidad, hasta el poder, de los mejores agentes capaces de encargarse del vértice de la estructura social
proyectivamente está dentro del máximo interés de la misma sociedad; esta misma variable no necesariamente es parte de los
intereses de las élites. Sólo si está última se autopercibe en total coincidencia con los agentes de máxima eficiencia, lo podría ser.
Esto último constituye un obstáculo cuasilöbiano: si para una élite poderosa: el mantener tal posición poderosa requiere de la misma
el no favorecer la variabilidad de los agentes poderosos; esa élite no favorecerá la variabilidad de los agentes poderosos (mientras
sea poderosa). O puesto de otra forma ciertamente presumible el interés de las cúpulas nunca es autodestructivo pues
evolutivamente valga la redundancia los sistemas tendientes a la dispersión tienden a dispersarse; los otros al enquistamiento y
a adherirse a las estructuras. Recursivamente, es la misma estructura sistémica de facto la que debiese abolir tal estancamiento
rigidizando paradójicamente flexibilidades a prueba de abusos ontológicos socialmente desdoblados, relacionando las variables
proyectivas más eficientes.
76
les permiten, se produce una decapitación de la pirámide y esta navega sólo en círculos[2].
Figura 10. Pirámide Truncada y Pirámide Decapitada
Pirámide decapitada con
empobrecimiento social
Pirámide truncada sin enquistamiento de
controladores cualitativamente diferentes
rculo de poder
schlussstein
Altos
recursos
Clase
media
Bajos
recursos
Ubicación esperada del individuo
promedio, capitalizado[3] por la
schlussstein, luego sujeto a
tensiones artificiales.
[1] Esto produce un efecto a nivel completo de la sociedad. Cualquier círculo que tienda a cerrarse para
mantener exclusiva su capacidad de aprovechar en primera línea determinadas situaciones, tiene un efecto
desigualizante que provoca la emergencia de categorismos detestables en la opinión ciudadana. Por ejemplo, si sólo
la élite se beneficia de la importación de inmigrantes, la ciudadanía percibe tal fenómeno cómo una amenaza. En su
imaginario pragmático, los trabajos que ocupa el concepto de inmigrante le impiden al ciudadano de clase media
obtener un empleo en las condiciones que él quisiera. Lo mismo ocurre con cualquier instancia o fenómeno en la
que sólo los controladores de la población se ven beneficiados, produciendo, por supuesto, esta percepción de
perjuicio. [2] Cuando la sociedad no logra hacer emerger una dirección común, la navegación cíclica abandona al
progreso como objetivo. Cómo es de conveniencia para la cúpula hermética que el estado quo se mantenga, esta
provoca más y más instancias de suma cero, en las que la movilidad interna es autolimitante. Así, al igual que cuando
un agrónomo realiza la rotación de las tierras para maximizar su aprovechamiento: también la schlussstein aplica
este tipo de relación sobre la población. Los que se encuentran en los estratos más bajos emergen y los que se
encuentran en los estratos medios se sumergen casi aleatoriamente. De esta manera, la percepción de movilidad
social se sostiene falsamente en los subcircuitos inferiores que son más masivos y susceptibles a ser persuadidos.
Desde el punto de vista progresista, sin embargo, observamos que la cúpula exhibe sólo un afán individualista, en
busca de un aprovechamiento indiscriminado, cortoplacista e infructífero para el conjunto social sobre el cual se
instala su usufructo. [3] El individuo capitalizado es una derivación teórica mediana del sistema adfederocrático. El
mismo es despojado de su participación e interacción socialmente beneficiosa, digna y trascendental quedando
sometido a las modalidades gebräuchlich: estereotípicas y prediseñadas; que impiden su autorrealización. Los
sistemas proconcentracionistas de las macroiniciativas (exempli gratia: el socialismo capitalista), al ser altamente
permeables a la corrupción, fabrican a un neociudadano floydiano anulado.
77
La pirámide decapitada se ve
dominada la schlussstein. La
movilidad social alrededor de la
schlussstein se cristaliza y sólo se
produce movilidad en los estratos
inferiores. La pirámide
decapitada se denomina de esta
forma porque representa una
pirámide cuya cabeza no
pertenece a la pirámide misma[1].
Esto se produce a través de las
siguientes herramientas de la
schlussstein:
Oligopolización financiera,
politizada, hermética y
discriminativa.
Gestión de las pasiones de las
masas y exaltación de
animadversiones[2].
Diseño del derecho laboral para la
pequeña y la mediana empresa
que no es verdadero.
Sindicalización y gremialización
politizada y hermética[3].
Extremadamente pocos[4]
derechos laborales para los
empleados del sector público.
Forzamiento de la población a
participar de fondos de inversión
sin libre elección.
Control de los medios de
comunicación, censura y
desinformación.
Ineficacia general del estado.
[1] Al no pertenecer al sustrato sobre el cual operan, las elites se desdoblan de
las necesidades de dicha población. En general, esto produce una teorización, modulada
por efectos ajenos, acerca de cuáles son los caminos y los objetivos que debe recorrer y
seguir la ciudadanía dominada. De lo anterior se intuye un paralelo con una sociedad de
esclavos, por ejemplo. [2] La gestión del resentimiento es una estrategia ampliamente
utilizada para ejercer el control sobre la población. Esto se debe a que la misma esfera
que concentra el poder comienza a desarrollar sus propias antipatías internas, veladas.
Como resultado, tenemos dos niveles, al igual que con la variedad de fenómenos de la
cúspide, pero volcados sobre una emocionalidad comunicativa: (i.) el nivel expreso
dónde las masas y la ciudadanía parecen manifestarse; y (ii.) el nivel subyacente, donde
caben los ánimos del círculo de poder, y que busca modular las anteriores expresiones.
Tanto los exabruptos violentos y descontrolados de las élites; como su esfuerzo
transaccional, clientelista, cesor de granjerías manifiestas idealmente elocuentes y
directas a los asuntos verdaderamente puntuales (en favor de cualquier oportunismo que
casualmente esté bien colocado): ambos surgen en la medida en la que la schlussstein
se siente amenazada por un desafío ciudadano que ultima su posición de control.
(Joignant, 2012, p.105). [3] La característica hermética de cualquier círculo está
referida a sus implicancias prácticas. Esto se escinde de la sociedad, desde la
construcción teórica que nuevamente emerge muchas veces de las cúpulas, para
intentar, por ejemplo, justificar un determinado despliegue de acciones, que responderá
a una serie de calificaciones ideológicas. En términos estrictos, si bien existen por
supuesto regímenes cuya naturaleza ontológica es más o menos abierta; el mero hecho
de que, supongamos, una elección se autodenomine democrática no basta para que los
cargos que seleccione no sean calificados de herméticos. Consecuentemente, es la
participación empírica de las necesidades; los intereses, y las ideas de la ciudadanía en
los sistemas de organización la que disminuye el encapsulamiento de la schlussstein, en
este caso. [4] La escasez de derechos se refiere relacionalmente a los de la industria
privada, y nuevamente en torno a las cúpulas que participan del sector público. Si el
trabajador del sistema público pierde competitividad frente al sistema privado,
observamos un decaimiento de todo el aparato público, que funciona como excusa para
un funcionamiento ineficiente e inconducente. Esto impide el apalancamiento de un
progreso que se apoye en el estado y produce un cuerpo de trabajadores (ad hoc a las
cúpulas) que no pueden ejercer cómo los trabajadores a los que accede el sector privado
(pertenecientes a las capas medias de la población que buscan desarrollarse).
78
Anquilosamiento inmobiliario.
Baja tasa de interés interbancaria.
Ineficacia para penalizar y evitar crímenes.
Bajísimo nivel de representatividad democrática.
Imposibilidad de acceso igualitario a bienes inmuebles.
Excesivo impulso de finanza crediticia bajo condición abusiva.
Políticas privilegiando al gran empresariado sobre la pequeña empresa.
Prevalencia de intereses de la schlussstein al momento de fiscalizar y legislar.
Excesiva gestión estatal a través de megaconcesionarias y grandes financistas.
Búsqueda de nivelación económica empobreciendo a los sectores medios-altos.
• En términos de la concentración de poder, las sociedades se han ido organizando en forma de pirámide.
Para estratificar una sociedad hacemos el supuesto abstracto, a priori, de que la sociedad puede ser estratificada en
subporciones.
• Las políticas de estado debiesen disminuir las diferencias de poder y achatar la pirámide.
Las élites tienden a escindirse de la pirámide generando mecanismos de autosostenimiento y limitando el acceso y la movilidad
hacia la propia élite.
• Las élites gestionan los ánimos y los discursos sociales de las masas.
El alienamiento de la élite propende a dinámicas en las que el resto de la población es capitalizada cómo recurso, por unos
pocos, y más aún, desprovista de su dignidad.
Cuadro Resumen
79
12. La Competencia de los Tribunales
La siguiente sección interpreta como parte de
la competencia de un tribunal, la característica de
este mismo de realizar un proceso deliberativo de
verdad, que garantice consistencia y justicia en sus
deliberaciones y los argumentos que las sostienen. La
consistencia de un proceso deliberativo le permite a
un tribunal no incurrir en contradicciones, de manera
que, cæterīs páribus, un mismo proceso deliberativo
se conducirá siempre a una deliberación afín. Para
estos efectos, si un tribunal confirma su propia
competencia, obligadamente hace una declaración
de consistencia sobre los procesos deliberativos y la
argumentación que hay detrás de los
pronunciamientos que envuelvan. En ella
implícitamente manifiesta que sus estatutos,
deliberaciones anteriores, acuerdos internacionales,
argumentaciones y sistemas deliberativos, son todos
compatibles con el hecho de pronunciarse, ya sea a
favor o en contra, en relación a la materia sobre la
cual se declara competente.
Un tribunal que delibere de manera verdadera
y consistente no puede pronunciarse sobre su propia
competencia si dentro de sus procesos analíticos,
argumentativos y deliberativos, puede considerar el
siguiente razonamiento[1]:
Supongamos que acuden a este tribunal1[2] la
parte demandante y la parte demandada, para que
este se pronuncie sobre una materia2. Estirando el
concepto hipotético, paradójicamente, en este
ejemplo, la parte demandante solicita que se acoja la
Esquema Gödeliano §1 [1] Un sistema deductivo
consistente no puede comprobar su consistencia si a través de
él es posible hacer el razonamiento que se detalla a
continuación.- [2] Siguen algunas definiciones previas, con
miras a establecer dicho razonamiento. §2 Sistema deductivo:
se refiere en adelante a una batería de mecanismos que buscan
decidir si una aseveración hipotética es o no veraz (bajo cierta
circunstancia virtual).
80
siguiente demanda2[3]: “este tribunal1 no es capaz realizar una
argumentación[4] concluyente, consistente y verdadera en favor de
esta demanda2[5].
Pese a la superficialidad de la demanda2, está claro que el
tribunal1 debe omitir pronunciarse frente a esta demanda2, en pos
de su propia consistencia. Si acoge la demanda2: es porque no
cuenta con argumentos para acogerla. Si la rechaza: es en virtud de
alguna argumentación concluyente que obligaría a la corte
acogerla[6]. La imposibilidad de deliberar vuelve al tribunal1
incompetente para resolver la demanda2. Esto verdaderamente
acoge la demanda el la prácticaás aún, cómo es claro que
efectivamente el tribunal no puede argumentar concluyentemente
en favor del demandante, la demanda2 tiene verdadero sustento. Sin
embargo el tribunal1 es incapaz de recogerlo e incluso argumentarlo.
Sólo una instancia exterior cómo un árbitro u otro tribunal puede
acoger (favorablemente) la demanda2 referente a la capacidad del
tribunal1.
De cualquier deliberación que un mismo tribunal haga sobre
su propia competencia para deliberar durante un proceso, se
desprenden inmediatamente una serie de consecuencias. Entre
otras, implícitamente el tribunal está manifestando que no adolece de
un defecto mo el del ejemplo anterior, para deliberar. De lo contrario
se abstenda de cualquier pronunciamiento. Un tribunal competente es
consistente. Si hay tribunales competentes que no son consistentes, se
trata de tribunales que pueden deliberar de formas contradictorias para un
mismo caso. Esto significa que el tribunal estaa perfectamente sujeto a
que cuestiones circunstanciales aleatorias afecten sus pronunciamientos.
Un tribunal inconsistente, en iguales condiciones, puede conducir
procesos deliberativos y argumentos tanto que acojan como que
[3] Aseveración hipotética: En
adelante se refiere a aquella aseveración
sobre la cual el sistema deductivo intenta
discriminar su veracidad. Circunstancia
virtual: Se referirá en adelante a una serie de
condiciones teóricas que constituyen un
escenario potencial sobre el cual se busca
definir, a través del sistema deductivo antes
descrito, la veracidad de una aseveracn
hipotética. ¶ [4] Prueba de veracidad: Se refiere a
una prueba en la cual el sistema deductivo, a través
de todos sus mecanismos, compara las
implicancias de una aseveracn y busca poder
decidir si estas son consistentes con las
circunstancias virtuales predefinidas. El objeto final
es definir la veracidad (bajo dichas circunstancias).
[5] Frase Ʌ: No hay ninguna prueba de
veracidad en este sistema deductivo que permita
identificar como verdadera a la frase Ʌ.- ¶ [6] Se
identifican, a continuación, algunas
epideducciones generales, al margen, en torno
al sistema que se ha descrito. §3
Consideraciones: Si la aseveración hipotética
es del siguiente estilo: “No hay ninguna
prueba de veracidad en este sistema
deductivo que permita identificar a la frase Ʌ
como verdadera y a las circunstancias
virtuales incorporamos la siguiente
circunstancia: “la frase Ʌ equivale a ‘No hay
ninguna prueba de veracidad en este sistema
deductivo que permita identificar como
verdadera a la frase Ʌ’’’; se produce un acople
conceptual en el sistema deductivo.
81
rechacen una misma demanda. Para los efectos de
este análisis, se asume que un tribunal competente
no posee esta última característica.
Visto lo anterior, si un tribunal es capaz de
hacer la prueba de seguir el razonamiento del
ejemplo, concluirá que siempre se abstendrá de
deliberar acerca de su propia competencia. Frente a
cualquier demanda u objeción que le solicite al
tribunal pronunciarse acerca de su propia
competencia, este a su vez solicitará que la cuestión
se zanje a través de una instancia externa como un
árbitro u otro tribunal, o meramente se abstendrá.
Si un tribunal deliberase en favor de su propia
competencia, ineludiblemente se desprendería que
para el caso del ejemplo, ese tribunal se declararía
incompetente, absteniéndose de argumentar o
deliberar en favor de la demanda2. Esa sería la única
manera de que dicho tribunal mantuviese sus
procesos deliberativos y argumentativos consistentes.
Sin embargo, el mismo acto que acoge el alegato de su
propia incompetencia acaba por dotarle de argumentos
en favor de la demanda2. Sabemos que siguiendo el
razonamiento anterior, el tribunal es en inevitable
antecedente de que una demanda como la demanda2 del
ejemplo tiene sustento irrefutable[7]. Si cómo parte de los
antecedentes, el tribunal es en condiciones de
sostener que se declararía incompetente en ese caso;
contradictoriamente tambn en las mismas
circunstancias tiene jurisprudencia evidente para avalar,
con ran, esta demanda2 que pierde todo sustento al
momento de ser argumentada[8]. Es decir, un tribunal que
se declara a si mismo competente para deliberar está
implícitamente aseverando que se encuentra capacitado
para pronunciarse consistentemente sobre las materias
[7] Si alguna prueba de veracidad logra resolver la frase,
debe hacerlo discriminando si es o no veraz dentro del cuadro
de circunstancias virtuales. Si es verdadera, entonces el sistema
deductivo está fallado pues posee una prueba de veracidad que
en efecto es capaz de definir sobre la frase Ʌ pero de forma
equivocada. Si la aseveración se resuelve como falsa,
observamos que la prueba de veracidad concluye que dentro del
sistema hay alguna prueba de veracidad (presumiblemente
otra) que permita determinar que la frase Ʌ también es
verdadera (ya establecido que es falsa). [8] Dado que “no puede
formalizarse una prueba de consistencia para todo sistema bien
definido de axiomas sobre la base de tales
axiomas” (Echeverría, 2005, p.94), queda por lo tanto una
última alternativa: que el sistema deductivo no sea capaz de
discriminar a través de ninguna prueba de veracidad ciertas
aseveraciones hipotéticas (cómo la frase Ʌ). Esta opción,
aunque mantiene la consistencia del sistema implica también
que la frase Ʌ es verdadera. Esto quiere decir que el sistema
deductivo es inevitablemente incompleto pues hay ciertas
aseveraciones hipotéticas verdaderas, y que ninguna prueba de
veracidad es capaz de seleccionar como verdaderas.
En términos generales, podemos concluir que existen dos
tipos de sistemas deductivos. Aquellos que poseen pruebas de
veracidad para la frase Ʌ, y aquellos que no. Los primeros son
inconsistentes y pueden probar cualquier aseveración ya que ex
falso sequitur quodlibet. Los segundos son consistentes, pero
incompletos, ya que pueden expresar y considerar
aseveraciones hipotéticas que no logran discriminar a través de
ninguna prueba de veracidad. En base al análisis anterior, si el
sistema deductivo confirma su propia consistencia, se
desprenderá inmediatamente: no cuenta con ninguna prueba de
veracidad que le permita identificar como verdadera a la frase
Ʌ. Siguiendo lo anterior, esto querría decir que la frase Ʌ se
confirmaría así, dentro del mismo sistema deductivo.
82
y que dadas las mismas condiciones generales (contingencia, jueces y antecedentes) el tribunal se va a pronunciar de
la misma manera frente a la misma materia. Paralela e inevitablemente, al declarar que sus deliberaciones son
consistentes, está reconociendo que se declaraa incompetente frente a una demanda2 como la del ejemplo. Pero al
estar en conocimiento de este hecho, ya se encontraa en una situación similar a la del tribunal1 del ejemplo. Es s,
si se declararía incompetente, efectiva e implícitamente estaa pronunciándose en favor de la demanda2. En resumen,
cómo cualquier declaración de consistencia implica que el tribunal se inhabilitaría frente a la demanda2 del ejemplo:
también significa la propia inconsistencia de dicho tribunal pues se colige su aval y deliberación favorable a esa
misma demanda2, la que sería insostenible en ese punto.
De la declaración de consistencia, a través de una deliberación sobre su propia competencia para
resolver, se deduce una inconsistencia inevitable en las deliberaciones y argumentaciones que luego exponga
este tribunal.
De lo anterior se puede inferir que el tribunal estaa dotado de antecedentes, argumentos y sistemas
inconsistentes. El tribunal tiene argumentos sólidos tanto para declararse incompetente, cómo para no hacerlo
y pronunciarse en favor de una demanda2 hipotética. Formalmente, esto podría perfectamente trasladarlo a
cualquier deliberación contradictoria arbitraria. Un proceso deliberativo que no posee consistencia corre el
riesgo de ser relacionado fácilmente como incompetente, injusto o inconcluyente. Este efecto podría dar pie a
que una de las partes desestime el veredicto del tribunal con cierto grado de legitimidad para hacerlo. De ahí
que es de crítica importancia que un tribunal se abstenga de pronunciarse sobre su propia habilidad y
jurisprudencia, ante todo evento.
La competencia de un tribunal siempre debe estar enmarcada dentro de una instancia externa que actué
como marco de referencia. Si el tribunal falla en abstenerse, está saboteando su propia competencia. Lo
anterior a menos que se de la impresentable situación de que abiertamente la consistencia deliberativa y
argumentativa no sean requisitos para las resoluciones competentes de un tribunal.
Suponiendo que la deliberación legítima de un tribunal siga procedimientos que en iguales circunstancias y antecedentes
conducirán a los mismos pronunciamientos, un tribunal no puede pronunciarse legítimamente respecto de su propia competencia.
• Si un tribunal se pronuncia sobre su competencia implícitamente hace una declaración respecto de su propia coherencia
deliberativa.
Pero si presume de coherencia deliberativa, queda a la vista un caso evidente en el que las deliberaciones del tribunal
necesariamente serán contradictorias o tendenciosas.
Cuadro Resumen
83
13. El Crédito y las Políticas Públicas
La exacerbación del crédito de
la banca privada a los consumidores o
empresarios, como instrumento de
crecimiento para el país, es una
herramienta de doble filo. A medida
que se utilizan fuentes de
financiamiento (crediticias) en la
sociedad, ésta última se apalanca
contrayendo una deuda frente a los
bancos privados.
Una deuda social a los bancos
es un pasivo social. En algún momento
los bancos podrán ejercer una
prerrogativa que disminuirá los
ingresos de un sector de la sociedad.
Mientras más bancos privados
extranjeros participen del sistema
financiero exacerbado, el sector de la
población afectado será mayor o s
dramáticamente afectado. Mientras
s bancos nacionales hallen en dicho
sistema, en promedio la sociedad se
menos afectada, pero en lo particular
se acentúa mucho la desigualdad[1]. Se
asume aquí que no existen
instituciones bancarias
internacionales que pertenezcan a la
nación.
[1] Sigue detalle de desigualdad en función de crisis bancarias usando 58
observaciones:
Participación Decil Mayor Ingresos sobre el General (Regresión Lineal
Decavariada)
(1)
(2)
(3)
(4)
(5)
(6)
(7)
(8)
Coef.
Variable:
Crisis
Bancaria
2.8p<0,01
2.6p<0,01
2.6p<0,01
3.1p<0,01
1.2
2.6p<0,01
1.0
1.1
Coef. C.B.
con σ
Robusto
0.8
0.8
0.8
0.8
0.9
0.7
0.9
0.9
Estad. R²
(Corregido)
0.2
0.6
0.6
0.2
0.6
0.6
0.7
0.7
Estadístico
F
11
24
21
7
27
13
27
19
Figura 11. Incidencia de la Crisis Bancarias en la Desigualdad. Adaptado
de P. García & C. Pérez, 2016. Documentos de Trabajo del Banco Central de Chile
No. 783: Desigualdad, Inflación, Ciclos y Crisis, p. 26
84
La prerrogativa[1], sobre el ingreso en los
sectores financiados, que se le entrega a los
bancos en estas circunstancias es
sociopolíticamente un error estratégico e implica
un nivel de desarrollo bajo. Esto porque implica
inevitablemente que (i.) el estado de verdad no es
lo eficaz para resolver muchos de los problemas
sociales excepto a través del sector privado.
Siendo puntualmente a través del sector
financiero: no hay eficacia estatal para (i.a.)
prestar ayuda a los ciudadanos ni potenciar (i.b.)
el desarrollo de la industria privada[2] que
consecuentemente no puede ser alto. También
porque (ii.) la situación que se vive en la
actualidad no es equilibrada y existen múltiples
instancias en el país donde se produce
desigualdad[3] y cantidad la de recursos no es
suficiente. De lo inmediatamente anterior se
puede notar una analogía entre la falta de
recursos promedio versus la cantidad de bancos
extranjeros; y asimismo entre la desigualdad y la
participación nacional en la banca. Esto toma
como base que en general los sectores que tienen
más ingreso son los que le facilitan
financiamiento a los que tienen menos y que los
bancos que financian son privados, nacionales o
extranjeros.
* * *
Un país que produce un sistema
benefactor sin utilizar recursos del estado,
solamente a través del crédito (privado), en
definitiva no produce un sistema benefactor. Los
impuestos y las arcas fiscales no son sólo para
[1] La prerrogativa financiera se entiende mo una
instancia en la que las entidades financieras pueden ejecutar ciertos
pasivos, a nivel holístico, haciendo uso del apalancamiento que el
estado les ha otorgado al volverlos parte fundamental de la
homeostasis del sistema. [2] El desarrollo de la industria se entiende
desde una perspectiva productiva, con miras a un relacionamiento
global sustentable y autónomo. No necesariamente nos referimos al
aspecto monetario. De este eje, en el largo plazo se desprende la
capacidad de una nación de paralelamente: entregar bienestar a sus
ciudadanos, y proyectarse para mantener y mejorar progresivamente
los estándares de vida en el futuro. Aquí subyace la necesidad
genuina de establecer un régimen que pretenda un equilibrio
estable. Maturana nos señala que no es a través del mero modelo
económico que debemos garantizar la armonía sostenible de la
antropósfera: el ser humano debe progresar a un estado en el que se
moderen, tanto la deshonestidad, cómo la competencia y la
ambición. (Hantke, 2016). El énfasis que haga el estado en facilitar
financiamiento, idealmente público, debe estar entonces marcado
por las características de sostenibilidad, a nivel sistémico (no sólo
desde la rentabilidad o del impacto ambiental), que exhiba tal o cual
alternativa. Esto, ciertamente, incluye las consecuencias que pueda
producir, por ejemplo, el sobreendeudamiento del sector productivo;
la concentración del poder económico, o la fuga de capitales y el
aumento de pasivos hacia el extranjero. [3] La desigualdad se asocia
fuertemente al régimen del aprovechamiento de las oportunidades y
la búsqueda del crecimiento. Esto se debe a que las sociedades no
terminan de asimilar el concepto de sostenibilidad sobre una base
humana privada, prefiriendo optar por la búsqueda de, en el mejor
de los casos, la materialización de conceptos mercadeables cómo la
economía y la ecología. En la medida que la humanidad no hace
transición a una moderación y una transparencia, se encuentra en el
delirio inestable: entre el crecimiento y la expansión, con exabruptos
violentos de primitivismo y reduccionismo encausando energías
autolimitantes a contra corriente, naturales es un sistema tan voraz.
85
pagar las labores de los mismos que trabajan en el
estado[1]. Estas son mayormente para financiar las
políticas públicas. La inversión en campañas[2], acuerdos,
avales y facilidades de fomento, para que el pueblo
consuma créditos, realizada por parte del estado: siempre
hacen pensar un cruce torcido de los poderes económicos
y políticos. Esto es tanto que, o lo anterior, o hay una
desesperada política gubernamental irresponsable,
peligrosa expropiatoria y absurdamente cortoplacista.
En relación a esto último, si el empleo de las
recaudaciones estatales y recursos fuera mayormente
para remunerar servicios de los trabajadores del estado,
esto implicaría un aparato fiscal que es estéril y no tiene
sentido, y trae consigo una gran población flotante con
pocas aptitudes no sólo laborales y económicamente
mercadeables, sino estrictamente muy poco generativas.
Los empleados del aparato fiscal deben estar ahí para
conformar un estado que pueda utilizar la mayoría de los
recursos que provienen de los impuestos para solucionar
los problemas que la sociedad tiene. Los empleados
públicos, más que pretender guiar al país, deben estar ahí
para ejecutar. De lo contrario entramos en un terreno en
el cual un sector cobraría una suerte de estatus de
apoderado del pueblo. Esta última es visión es
controversial y equivocada. Un pueblo ignorante guiado
por una élite cerrada, supuestamente superior en algún
sentido, tarde o temprano produce una revolución[3].
Una sociedad no necesita apoderados, necesita
ponerse de acuerdo. Una sociedad que es entera
ignorante no puede pretender que sus líderes tomen las
decisiones por ellos. Esta interpretación del poder, donde
los líderes toman las decisiones por el pueblo será
permanentemente corrompida. Lo anterior es debido a
que el poder que se les entregaría a los líderes del
[1] El estado se entiende como un ente activo
capaz de realizar operaciones significativas a nivel
sistémico que mejoren la calidad de vida de toda la
ciudadanía. Esto evidentemente encarna la necesidad de
invertir en fomentar diversas actividades, pero también la
necesidad de ahorrar por si ocurre alguna eventualidad
fortuita en la que se requiera gastar. Esto es lo que
teóricamente justifica la cantidad de impuestos que el
estado recolecta. [2] Uno de los actos más aborrecibles
desde la dinámica sistémica del régimen sucede cuando
el dinero que recolecta el estado se utiliza para el
financiamiento de campañas políticas y mantener el poder
que tienen verdaderamente quienes lo administran.
Dejando fuera los aspectos humanitarios que parecen
estar fuertemente asociados a un avance general de los
estándares globales, y que esforzadamente las naciones
buscan mejorar correlacionadamente: desde la mirada
estrictamente económica, hay un isomorfismo entre
cualquier colonialismo mercantil, monarquía ilustrada o
imperio de esclavos; con la democracia partidaria en la
que a través de la persuasión, el partido que está
gobernando utiliza los impuestos para mantenerse en el
poder. Difícilmente eso sería una democracia en primer
término. Ahora bien retomando el aspecto humanitario,
evidentemente los regímenes menos democráticos
tienden a producir esferas de poder que, en progresiva
deshumanización, abusan cada vez más
desenfadadamente de la sociedad. Paralelamente, las
fuerzas reactivas ante este tipo de sistemas suelen
manifestarse con un fervor fanático y dogmático que, en
contraste, violentamente, degenera el aspecto humano
del humano. [3] No es de extrañar la estabilidad de una
democracia rotativa, transparente, gestionada
abiertamente y con capacidad de mantenerse funcional.
86
gobierno sería irresponsablemente alto. Una sociedad debe crecer, y a medida que sus miembros se vayan
informando irán tomando mejores decisiones. La diferencia entre comunicación y propaganda debe ser
resguardada con claridad por todo gobierno.
La promoción indiscriminada del crédito por parte de la banca privada desde el estado es marca de una gestión estatal
incompetente o cortoplacista.
Si la gestión del estado está concentrada en promover el crédito bancario cómo mecanismo de desarrollo, sistémica y
económicamente, el progreso comienza a apalancarse sobre los acreedores privados.
Para justificar su existencia, el movimiento y las iniciativas que desarrolla el sector público deben ser más grandes y amplias
que el mero hecho de mantener a sus funcionarios y sus funciones.
• Históricamente, las crisis financieras se correlacionan con el aumento de las desigualdades económicas.
• La desigualdad propende a exabruptos sociales contrasistémicos.
Las recaudaciones fiscales no deben destinarse para actos que propagandicen los supuestos logros del estado o medidas
que concentren el poder en círculos cerrados.
Cuadro Resumen
87
Capítulo 2: Identidades Subjetivas
Antes de presentar más en detalle los temas que de alguna forma están siendo tratados
en este segundo capítulo, debo señalar que no fue tan facil resumir lo que se esta tocando en
cada sección. En primeras, al final de cada texto sugerí algunas reflexiones alrededor de la
intención original del escrito, pero a medida que se avanza en el aspecto subjetivo, esto se
vuelve complejo. Posteriormente complemento con citas y poemas los textos, pues hay un
punto en el capítulo dónde los pasajes dejan de converger, abriendo paso a una narrativa más
libre dónde ojalá el lector le de forma y sentido a la historia desde los ambientes y símbolos.
Este es el tema fundamental en esta segunda parte. Alejándonos de una apreciación
quizás muy formal o centrada en los sistemas de ordenamiento, avanzamos espero hacia
la dinámica interna del sujeto, la que está siendo gatillada por muchas de las tensiones que se
perfilan en la primera parte. Todo, al final se remite al viaje sin sentido ¿cómo darle sentido
individual? ¿y cómo poder también integrarlo finalmente en un entorno social de manera
armónica?
Es por ello que nuestra diversidad interpretativa, nuestros sueños y fantasías cobran
preponderancia en esta parte. Espero poder ayudar a que el lector logre reflexionar en esta
dirección ya que de lo poco que converge, es claro que la interpretación personal es un tema
recurrente.
El objetivo en parte es contrastar para llamar a esa reflexión individual. Contrastar los
deseos cómo motor, con el enajenamiento que puede producir también la imaginación, todo
entendido cómo un dilema humano y personal. Aparece nuevamente en esta sección esa
88
necesidad o intención humana de controlar el entorno, pero ya no desarmada desde lo social
y racional, sino cómo interrogante individual que nos transporta al terreno del miedo, la
sorpresa o el enrarecimiento mismo.
Con todo, la toma de consciencia, desde una mirada un poco más fenomenológica, si
quisiéramos ponerle nombre siento nos enrostra la necesaria naturaleza dual de la
existencia humana. Por un lado, ser conscientes nos permite entender la realidad y nos une a
la naturaleza, pero por otro, nos escinde del «todo», llevandonos a ese mundo platónico pero
también ideal, del que algo se hablaba en la primera sección.
El objeto de reflexión entonces ya no es cómo nos ordenamos en grupo, o cómo podemos
entender las cosas desde lo impersonal. Mi intención es apelar a una cuestión muy personal,
pero al ser así, solo me queda hacerlo de forma indirecta y parcial, siendo el lector quién deba
completar la tarea. Por lo pronto, es de mi impresión que la generalidad y la ambigüedad nos
obligan a imponer nuestros propios significados personales, construyendo la realidad.
A medida que la trayectoria vital y el sinsentido se contrastan con la necesidad de
aprender y de aferrarnos a verdades circunstanciales, pienso que en esté capitulo se asoma
bastante aquello que no logra definirse ni cómo social, ni cómo privado: un aspecto muy sutíl
de la identidad.
Así, vuelvo sobre el tema de la tolerancia y la construcción identitaria, ya no cómo un
problema conceptual o cibernético que evaluar desde una perspectiva abstracta, sino
asociado directamente a cómo me defino, en un entorno y cómo afecto este entorno cuando
lo hago. Si se necesita al otro para poder significarse a uno mismo, en contraste ¿dónde queda
la identidad? Esta naturaleza contradictoria de la identidad nos revela también un dilema
profundo del ser. En apariencia, es imposible mantener una posición de completa coherencia
ante cualquier fenómeno, más también ¿cuál es la la real relevancia de tal consistencia?
Finalmente, esto ultimo comienza a generar momentum e implicaciones en un nivel
que atañe a la estructura social, pero desde el problema individual de existir en permanente
contradicción y codefinición inseparable de lo observado. ¿Qué significa esta estructura para
la persona? Por tanto, la motivación pasa a ser parte fundamental de la posibilidad de
coordinarnos de manera eficaz, una motivación sana que permita articular la autogestión
responsable de las partes.
89
Y nuevamente desde la perspectiva personal cabrá perguntarse cómo se vive esto para
cada individuo: ¿cuáles son los desafíos que enfrenta quién se ubica en una posición de poder,
coordinación o agencia de las distintas voluntades? ¿qué pasa con esa coordinación cuando
los agentes no logran superarlos? ¿qué implica esto a nivel personal para el resto de los
involucrados?
La dinámica del poder, en esta sección, entonces, tiene una importancia también, ya
que es normativa y determina cómo los sistemas se terminan por ensamblar alrededor de lo
que sea que se esté definiendo de antemano. Con todo, he intentado abordar en parte el
impacto social de esto, perfilando aspectos de los sistemas de control económicos y
discursivos, incluyendo los ritos y la definición de lo que llamamos verdad y realidad.
He llamado a esta sección «Identidades Subjetivas» porque aquí espero marcar cierta
diferencia con la primera parte. No quisiera que el episodio se entienda cómo una colección
de condiciones y colorarios necesarios de cómo operan ciertas cosas que son comunes, sino
más bien, una invitación a tratar de comprender y visualizar una serie de tendencias humanas
a interactuar de ciertas maneras. Lógicamente, cada persona significará de forma particular
lo que aquí perfilo, ojalá de manera diversa. Sin embargo, es mi percepción que hay clara
inclinación en algunos de los procesos a estabilizarse de ciertas maneras, y que de alguna
manera, dada tal propensión, muchas veces esas tendencias terminan por dominar la
mecánica detrás de las interacciones humanas, más o menos veladamente.
90
14. Meditación Libertaria (una colección de extractos)
Exhortación Inicial del Kahopaniad: Om. ¡Que Dios nos proteja a todos! ¡Que nos encomiende el fruto
de la sabiduría! ¡Que todos obtengamos la energía para adquirir el conocimiento[1]. ¡Que todos estudiemos y
así revelemos la verdad! ¡Que no tengamos ningún mal sentimiento el uno con el otro! Amén.
Baha'Ulla dijo. ¡Oh, hijo de los deseos! Presta atención. La mirada mortal no reconoce la belleza
eterna. Ni el deleite, el corazón sin vida; excepto de la flor marchita. Quien busca al igual que a sí, sólo se place
de la compañía de los su tipo[2].
Kahopaniad: Mientras uno habita este cuerpo debe cultivar la desaparición del deseo porque esta es
la condición de la inmortalidad. Cuando se desprenden los deseos que moran en el corazón, el mortal se vuelve
inmortal y alcanza Dios[3].
Baha'Ulla dijo. ¡Oh, hijo de los deseos! Por
años los sabios lucharon sin alcanzar Su Presencia.
Pasaron la vida buscándole sin contemplar la
hermosura de Su Rostro. Pues sin esforzarse consigue
y si sin buscar encuentra: sigue envuelto en el velo de
mismo: sus ojos no contemplan Su Hermosura, sus
manos no tocan Su Manto. Quien pueda ver:
maravíllese.
¡Oh esencia del deseo! Más de una mañana crucé
de ninguna parte a tu morada. Entretenida con otros te
encontré, en la cama de la facilidad. Como el resplandor
del espíritu, vuelvo a los dominios de la gloria. Y en el
retiro de los amos celestiales: no lo respiro.
[1] Cuando el sujeto se alinea en una práctica
ingenua, sencilla, perceptiva, sobreviene la sabiduría. La
necesidad y el deseo, son los obstáculos que a diario
enfrentamos, y que nos dificultan acceder al conocimiento: la
ilusión. Cuando interpretamos meramente la vida conceptual
como la existencia, los pensamientos nos arrastran, lejos de la
realidad, directo a lo insano (Uchiyama, 2004): el perro de
Zhàozhōu. ¿Podemos realmente escapar de este destino? [2]
Inherentemente exhortos a la humildad, el único camino al
conocimiento está siempre frente a nuestros pies. Si la misma
naturaleza humana es el obstáculo para entrar en Su
Presencia: también es ésta la que nos permite entender ese
mismo fenómeno. [3] El deseo necesario entonces es la
encarnación de la delusión sobre misma, en el mundo de las
ideas.
91
Verso de Penitencia: Por todas las malas acciones que yo he cometido en el pasado, creadas por mi
cuerpo, mis palabras y mi mente[1]. Desde la eterna codicia, el odio y el engaño[2], ahora me avergüenzo de
ellas, y me arrepiento de todas.
Canto de Redención Cristiano: Hoy perdóname por siempre[3]. Sin mirar la mentira ni lo vacío de
nuestras vidas: nuestra falta de amor y caridad. Aun sabiendo que he caído y de Ti siempre había huido: hoy
regreso arrepentido. ¡Vuelvo a Ti!
Kahopaniad: Om. ¡Que Dios nos proteja y nos regale su sabiduría! ¡Que obtengamos energía para
aprender y estudiando revelemos La Verdad! ¡No hay malos sentimientos! Om y Paz.
En la tierra solo se consigue la inmortalidad al conquistar a las amarras del corazón[4]. Pero esa libertad se
obtiene a través de la información y no tiene ninguna relación con la muerte o lo que venga después.
[1] Al pronunciar el verso, el individuo toma conciencia de su absoluta libertad deliberativa, y se hace responsable de todo
lo que le irradia el Dharma generalizado de la cosecha y la siembra. Cómo concentrando la intención con alguna guirnalda, toda
vez que el mismo se dispone a orar, en un acto deliberado se somete al destino de sus propias acciones y deja de combatirse a
mismo. [2] La desintegración de la preconcepción individualista es el resultado de la meditación. Con ello, el Dharma universal que
entrega, también nos recibe y expía las culpas. Para transitar este camino, el legítimo impulso de mejorar se proyecta en el amor y
la intención de desterrar al dolor, que, cómo emoción, es sólo espejismos. Esto resulta en un espíritu dócil, de carácter caritativo,
pero resignado al hecho de que, tanto las causas como las consecuencias, pertenecen al mundo sobreimpuesto de las apariencias.
[3] El acto de desprendimiento y de descentralización que debe dar el individuo que se entrega es la aceptación de su condición.
Liberarse de sus expectativas y de sus deseos es la única manera de acceder al perdón eterno. Dar y recibir perdón es el hambre
genuina de empequeñecimiento y generosidad que emana del delirio permanente al que nos someten las pretensiones
desesperadas de Māyā. Es la probada necesidad de que la energía simbólica fluya, hacia y desde el mismo ser, permitiendo que
el ensimismamiento colectivo respire. [4] ¿Puede el sujeto escapar de la ilusión y sobreponerse a las amarras del corazón, la
necesidad y la desesperación? La mirada tradicional folklórica nos dice que este es el camino a la iluminación, el empleo purificador
del Zazen cómo forma de vida. Sin embargo, una postura quizá postmodernista incorpora al análisis una categoría de
antecedentes que nos pueden hacer concluir lo contrario: la necesidad es un eterno estado obligado de privación darwiniana
psicoconsciente. La resignación absoluta se reinterpreta como un polo ambivalente, pero hacia el cual merecemos disponernos.
92
Lo anterior completa las
enseñanzas. Y habiendo recibido de
Yama, el proceso entero del Yoga,
Nachiketa se liberó de las impurezas y
la muerte, y obtuvo Brahman. Y Así
Serán junto a Cualquiera que Sepa[1] de
Esta Forma, Al Ser Único.
Baha'Ulla dijo. ¡Ay! ¡Ay! ¡Oh
amantes de los deseos mundanos! A
pesar de la rapidez del rayo, pasan a Su
Lado, pero ponen su corazón en
ilusiones retorcidas. Se inclinan ante
vanas imágenes y les llaman verdad.
Vuelven sus ojos a la espina y le llaman
flor[2]. Ni un solo soplo de pureza
respiran. Ni una sola brisa de
desprendimiento brota de los prados
en sus corazones. Echaron a los vientos
Su Consejo, lo desterraron de su
corazón. Como bestias, se mueven
entre los pastos del deseo y la pasión[3].
¡Oh, hijos de los deseos! Aparten las
ropas pretenciosas. Quítense las
prendas soberbias.
Kahopaniad:
Independientemente de la muerte y lo
que le siga, el ser debe cultivarse para
erradicar los deseos porque es la única
manera de alcanzar la inmortalidad en
esta vida. Sólo Esto es La Enseñanza:
todos los versos del Upanishad se
completan con el verso precedente[4].
Habiendo recibido, el Yoga, debemos
[1] En referencia a aquello que se sabe sólo en la medida que se
desconoce. Dado que también nos asisten diferentes aproximaciones intuitivas
válidas para investigar, escrutar y seguir a Brahman: nunca es posible consumar
su objeto de conocimiento: sobre lo que modestamente se busca, se pregunta y
se explora. (Thibaut, 1962, pp. 15-18). [2] El mundo moderno se encuentra
permanentemente desafiando nuestro acercamiento sagrado. Esto vuelve
nuestra misma vida muchas veces dolorosa, cansada y vacía. El llamado
insistente a la exploración desde el espíritu es un intento por devolver la paz a una
mirada que rechaza ir en busca de aquello que no puede poseer; lo que no sea
percibido como una especie de insumo utilitario. La individualidad es
superimpuesta, pasajera y utilitaria que tarde o temprano consume, como el
fuego, cualquier cantidad de leña. [3] Las llamas de la hoguera se arrojan sobre
todo lo que esté cerca, tomándolo como combustible, transformándolo en
cenizas: los pastos del apetito y la ambición donde se desintegra el dominio del
espíritu. [4] Cualquier otra relación de lo que la persona debe alcanzar puede
desempeñar una función verdadera en alguna determinada contingencia y
transformarse un espejismo en otra. Cabe tener siempre cerca este precepto que
nos invita a dejar las pasiones a un lado. Cada vez que el delirio de la urgencia
arrecia, nos amenaza la esencia, y con ello, la dignidad.
93
limpiarnos de las impurezas y de la muerte para Estar Todos, en Dios, en nuestras vidas.
Baha'Ulla dijo. ¡Oh, hijo de los deseos! ¿Hasta cuándo te ciernes en el reino del deseo? Descendí alas
en ti para que vueles a la virtud. No a dominios de sueños infames. Te di cardas para peinar mis rizos rapaces,
no para lacerar mi garganta.
15. Rey de Lordasm
A su Altísima Majestad Excelentísima,
Su Alteza, El Rey de Lordasm:
Ruego a Usted, Verdadera Divinidad, poner vuestra Pluscuamperfecta Atención a las siguientes
palabras de un humilde y bajísimo servidor y aldeano representante de suburbanas conglomeraciones de sur
de Lorgab.
Dios, y Vuestra Piadosa Misericordia me Confieran Generoso y Opulento Perdón al yo escribir y describir
cómo sigue, las palabras e intentos de comunicación emitidos por parte del siempre subordinado y penitente
pueblo al que su Excelencia Rige con Prosperidad:
“Somos gente del bosque de Lorgab siempre fieles y fanáticos. Nuestra situación se ha transformado
en desesperada en los últimos meses. Vivimos descalzos, aunque en invierno esto nos complica por lo que
¿Aprender nos acerca a la verdad? ¿Son la entrega, el esfuerzo, el recorrido, el sacrificio o la trayectoria experiencias que
pueden revelarnos parte del significado de la experiencia?
Si sólo pudieramos aproximarnos a una experiencia trascendente no estando conscientes de ella ¿Implica eso que debido a
la evolución de nuestra naturaleza psicológica, estamos sometidos a la ilusión perpetuamente y a sus imperfecciones, a sus
miedos, sus culpas, expectativas e incertezas?
¿Está el disfrute terrenal siempre asociado al aprovechamiento finito insostenible y al desahucio? ¿Cómo liberarnos del deseo
terrenal? ¿Podemos experimentar trascendentemente alguna realidad o significado?
Reflexionemos
94
muchos han muerto debido a las nevadas. No somos gente ambiciosa y sólo queremos mantener la dignidad
en estos tiempos. Sabemos de la dureza de los tiempos y la guerra[1]. Vivimos en pequeñas casas de barro frías
y sin agua. Nuestras pequeñas ovejas no alcanzan para proveer de lana a los más niños y los más viejos. No
tenemos qué nos de alimento, morimos de hambre.
Los niños han contraído la peste y
esperan la muerte. Los viejos ya partieron.
Todas las mañanas son negras para los
aldeanos y se nos acaban las dos bolsas de opio
que robamos en Quernidel. Sin embargo, aún
estamos aquí, los pocos sobrevivientes,
esperando alguna piedad del destino. La última
vaca fue faenada[2] ayer y los frutales se
pudrieron durante el otoño pasado. Muchos
partieron a la guerra y no volvieron, pero
nuestra lealtad es perenne. Estamos siempre
fieles y subyugados, pero con Vuestra Luz, todo
desaparecería por bien.
Si tenéis una oportunidad, nuestros
alojos requieren de amor y alforjas de tintura.
En lo posible tres onzas de bronce y veintisiete
de oro… …platinado. Mirra, opio y alverjas de
cáñamo hindú con amplitud. También se
requieren tres masas de salmón real del mar del
sur, para mi hija, la cual rápidamente los hace
desaparecer de verdad con voracidad. Algunos
han pedido un carruaje de marfil. Sin embargo
no todos nos conformamos con la calidad de
dicho material por lo que puede quedar a
disposición si esté debiese ser de ébano, oro o
marfil. Recalco sin embargo, que de ser de
marfil, este sea de morsa y no elefante, pues
tanto se ha oído sobre la cantidad de elefantes
asesinados y su creciente desaparición, que el
sistema acá teme por la materia.
[1] La misiva de los ciudadanos tiene carácter urgente. A pesar
de hacer la consideración sobre las prioridades administrativas y su
focalización en actividades bélicas que convocan verdadera porción de
nuestra economía, el consejo ha determinado expedir esta rogatoria.
[2] El faenamiento de un animal productivo, cómo lo es una vaca, es la
encarnación simbólica de las medidas cortoplacistas. Si bien existen
circunstancias en las que el animal ya no produce leche, en general:
esta implementación representa el arquetipo del individualismo; la
urgencia más absoluta, o una ignorancia indecorosa y nociva.
Consecuentemente, los aldeanos de Lorgab, en cualquiera de los casos,
han hecho abandono absoluto del concepto de sostenibilidad en favor
de algún otro concepto inminente pero indefinido.
95
Respecto de los caballos, como mencionaba, requerimos de
ochenta[1]. Cinco para los carruajes[2] y dos por cabeza para los
miembros del gremio[3]. El resto puede ser repartido a parientes[4]
nuestros, los que a su vez podrán venderlos en el mercado[5] del
pueblo para fomentar la economía local. Sin embargo, no podemos
conformarnos con caballos de tiro por lo que esperamos sea posible
ubicar aquellos esbeltos especímenes del sur del mar mediterráneo.
Si ello implicase la conveniencia de traer más caballos, no tenemos
mayor inconveniente siempre y cuando se nos ayude con la
construcción de un establo. Por esto, será necesario estimar
nuevamente la cantidad de caballos la cual agradeceremos sea
verificada de acuerdo a los animales de la especificada raza, y de
colores diferentes al negro. Yo mismo he tenido una mala
experiencia con un caballo negro.
El comité central del sindicato también ha indicado la urgencia
de construir un centro donde reunirse[6]. Esto es necesario a la
brevedad ya que de lo contrario no podremos relacionar a todo el
comité sin que algunos se sientan incómodos. Dicho centro debe ser
construido a manera de palacio y considerar todas las necesidades
que el comité pueda requerir. Ha habido discusión sobre qué cosas
debiese tener y no tener por lo que el gremio acordó que era
meritorio hacer un sondeo en el cual se esclareciera la verdad. De
ahí que un censo a los miembros del gremio, sus familias y amigos
nos permitirá superar estos importunos. Una vez realizado, el comité
acordó aceptar las decisiones que tome una directiva de tres
sacerdotes, el obispo cardenal Ogrëns Seel, dos artesanos
constructores, dos artistas directores, y siete fisónomos, en cuanto
a la disposición.
Una salvedad cabe sobre la presencia de los médicos en
directiva, por lo que finalmente hubo que recurrir a un plebiscito
para discernir. En particular se dudó de la procedencia y escuela
necesaria, por lo que se planteó una fórmula de tres y cuatro, o
cuatro y tres. Sin embargo no hubo acuerdo por lo que se separó en
un par de oriente y un par de occidente. Los otros tres serán
[1] La caballería de la petición se
aprecia sobrada por lo que merece una
acabada y más extendida justificación. [2] La
utilización de dichos vehículos no es
conforme a la coyuntura urgente que el
ciudadano despliega en su introducción. [3]
La solicitación de dos caballos para cada
gremialista, por tanto, no queda acreditada ni
explicada, y se recomienda su denegación
por parte del encargado. [4] El comité
signatario no ha adjuntado ningún original
que anteceda los argumentos del requerido
donativo a los familiares del comisionado.
[5] Si la junta se dispone a la comercialización
de las concesiones, bien pudiera realizarse el
subsidio directamente a los vecinos de
Lorgab. Y si la unión hubo determinado que
se requiere ayuda financiera, debe cotizarla
formalmente, comprometiéndose a rendir
cuentas por ella en caso de adjudicársela. Se
divisa, en cambio, que en base a copias tales
que se lo facturen, la petición está orientada
a sistematizar ingenios de dominio
sectorizado en la localidad. [6] Distinguimos
que el grupo recomienda una tribuna
congresista con un repertorio de atributos
regulados, y que injiere la agencia de causas
que más que irregulares, son abiertamente
inconducentes. Esto certifica el testimonio
de que los sindicalistas están exhortando
capitales para constituir una norma que les
sea operante sólo a ellos, en Lorgab.
96
distribuidos como mejor determine un panel de elección, conformado por: un fisónomo (distinto a los otros
cuatro ya escogidos), un sacerdote y tres miembros del gremio escogidos al azar. Cualquier sugerencia puede
ser escuchada por el gremio, pero este no debe estar presionado por ninguna entidad, al determinar las
escuelas de los otros tres doctores.
Una vez decidida la disposición de las facilidades del palacio (por la directiva), se procederá a su
construcción. Cabe destacar que en el proceso no puede intervenir ningún legista debido a que el gremio los
considera inapropiados. La presencia de legistas y sus axiomas legales, sin ánimo de ofender a nadie, hace
siempre dudar al equipo si en efecto dicha legislación, tan ridícula, realmente fue escrita por Su Alteza.
Obviamente, este tipo de falsas leyes obstaculizan todo el proceso, como la tan llamada estípula de
“Tributación Democrática del Cinco por Cien” que más de alguno de estos legistas profesa.
Respecto de las casas, estas requieren claramente una modificación general en todo sentido.
Carecemos de cortinas, baños y una serie de lujos básicos los cuales sería impertinente mencionar. En efecto,
necesitamos de un equipo de artesanos calificados, artistas y filósofos capaces de programar un plan de
enmienda. Agradeceríamos si dicho equipo fuese el que se usa normalmente para las planificaciones
palaciegas sin embargo, de no poder ser así, es posible traer a los cortesanos de Ruandal que, sin ánimo de
competir, bien logran opacar las obras levantadas durante los últimos tiempos en Lordasm[1].
Finalmente, es menester señalar que ha habido
consenso en señalar que se necesita la creación de un
planetario universal en la plaza de encomiendas. Para ello, los
feriantes han señalado que estarían dispuestos a dejar el lugar
bajo el compromiso de compra subsidiada, y el pago mensual
de lo que se estima venden en dicho rededor. Con esto, solo
resta la estimación Real de cuanta faena se realiza en la feria
por cada vendedor y su pago, para iniciar las obras.
El planetario universal se pretende de forma que mejore
la calidad de vida en la aldea. Para ello, habría que incorporar
trescientos académicos competentes y una porción menor de
ayudantes auxiliares. Además, el planetario deberá de contar
con todas las facilidades sanitarias y tener instalaciones aptas
para servir un almuerzo al alumnado y a quién pasare.
Para fiscalizar el verdadero funcionamiento de dichas
materias, se considera que nadie pudiese hacer mejor esquela
que el mismo Magnánimo y Benefactor Rey Santo de
[1] Una falsa autonomía subyace a la
característica particularmente desvergonzada de
estas solicitudes e ignorancias
complementariamente desdeñadas. Estas son
comparables con las producciones más
heterónomas para contestar dilemas éticos cómo
el de Heinz
97
Lordasm[1]. De ahí que hemos programado la visita semanal, una vez que esté lista la instalación del planetario
universal, y esperamos que se cumpla.
Asimismo, pretendemos mantener una biblioteca en dicho planetario, por lo que demás está decir que
respecta el cálculo Real de su tamaño con prontitud, pero si hemos de señalar que el tamaño ha de ser por lo
menos capaz de soportar la Biblioteca Imperial, la cual esperamos sea movida al planetario, de poco a poco
en las visitas semanales.
Respecto de las visitas, cabe hacer una última aclaración. En
particular, se necesitara que toda la cohorte venga vestida de blanco para
su rápida identificación por lo cual hemos considerado la cancelación de
una cuota bianual de aparcamiento, a depositar, durante cada visita, al
sindicato, a todo evento. Asimismo, todos los visitantes han de lavarse
con lsamo de maracuyá antes de asistir al planetario. Esto se debe a
los crecientes rumores sobre el fétido olor del Hocico del Rey, que
algunos señalan, es prominente.
Fuera de esto, sólo resta insistir que el emisario real de corriente
deje de insistir en que usemos zapatos y abrigo durante el invierno: no lo
haremos y no nos gusta….”
¿Cómo el individualismo y el cortoplacismo pueden hacer perder de vista la
sostenibilidad en el largo plazo? ¿Por qué ocurre esto?
¿Son las cúpulas y las élites directivas siquiera capaces de observar cuando
dejan de cumplir las funciones que le son ontológicamente imputables y
mandatorias? ¿Pueden distinguir cuando estas pasan a convertirse en parásitos para
la comunidad desde donde emergen?
¿Pueden existir cúpulas que operen sin supeditar el interés de la comunidad a
su propio exceso?
¿Cómo podemos abordar el dilema moral de alimentar la irresponsabilidad y el
abuso en personas que establecen una dinámica extorsiva al ser negligentes con su
propia integridad?
[1] Tal desenfado revela
una laxitud que se despliega
escapada de los ideales virtuosos
que, en cambio y debido a su
determinada coyuntura, debiesen
configurar las pautas de
comportamiento a las que aspiraría el
sistema relacional (Mason, 2010, pp.
417-418) sobre el cual se construyen
tanto las reclamaciones como las
solicitudes de la agrupación
exponente. Pareciera que cierta
pauta de conducta colectiva
estuviese completamente ausente o
defectuosa, haciéndonos sospechar
que estas personas muy
posiblemente han cobrado la
cualidad de pacientes morales: tanto
el completo pueblo de Lorgab
representado, como muy
especialmente los solicitantes de
privilegios específicos. Buscando
abstraerles hacia la universalización
imperativa del principialismo
kantiano, recomendamos atender sus
requisitos de desarrollo para
preservar su autonomía en los
espacios que aún se logre.
Reflexionemos
98
16. Nuestro Mundo
Un mundo de pocas palabras. Un mundo creado solo para suplir los deseos sensuales de un escritor
descuartizado[1]. Un mundo al fin, dondevén inmensas fuerzas zircoiderales y te provocan distintas emociones.
Una liga de personajes que aborda otra épica empresa para rescatar
una gema sagrada. Una gema sagrada que provoca la generación espontánea
de ligas y personajes. Un arma, un alma de eones.
Un país bizarro, sagrado, nublado, plasmado en párrafos distantes.
Una fogata nocturna, con tambores, en una hermosa playa tropical,
preparada por humanoides trogloditas de piel verde.
Un río que corre plateado, esmeralda, blindado. La tensión superficial
del agua: valeroso caballero entre los caballos. Una bala que busca sus
caminos entre las boscosas llanuras verdes del panorama y sus espumosas
nubes iridiscentes. Rompe y abre zanjones en una imagen doblemil del tiempo
erosionado.
Una sensación, una palabra, un cierre de ojos de un auditor. Un ruido
como un pajarito, despacito, un pío pío o un tué tué. Un personaje simple pero
lleno de energía. Una transliteración redundante, entusiasta y reiterativa del
más profundo deseo de cortar con la estúpida rutina estupidizante.
Un amor lejano: un lugar donde proyectar la sombra de nuestro amor
sempiterno. Un lugar proyecto: un amor donde asombrar la sempiternia de
[1] Desensamblado de
su pasión, voluntad e intimidad:
desmembrado y desintegrado.
Cómo los sistemas de mercado y
producción abarcan una
creciente cantidad de individuos
con deseos de justicia, libertad,
significado y expresión; en busca
de vivencias que no figuren cómo
un simple acto de melancolía o
evocación: el capitalismo
decanta individual y
privadamente insufrible y termina
siempre estructurándose encima
de ordenamientos humanos y
sociales de los que se halla
ontológicamente enajenado.
(Streeter, 2011, p. 182).
99
nuestra lejanía. La necesidad[1] implacable de encontrar juntos una puerta a un
mundo lleno de ángeles y dragones.
17. El Aparato
Tras recorrer el largo pasillo, llegamos al lugar yo y mi escuálido escolta,
quien no había mencionado ninguna palabra durante todo el camino. Al abrir la
puerta, no se veía mucho más aparte de un gancho de hierro como de medio
metro de alto que se relacionaba con unas cadenas, y la silueta de un confuso
sistema de engranajes sobre el piso de polvo. La luz penetraba variable a través
una ventana que tenía el vidrio trisado y parcialmente opacado por el polvo
adherido iluminando el colgajo de fierro que aunque había sido pintado naranja
en su momento, para ese entonces ya se había mayormente descascarado. Mi
compañero entonces activó un interruptor que hizo que se encendiera una
ampolleta de pruebas de tungsteno que colgaba justo arriba de la puerta por
donde entramos, emitiendo un leve pero verdaderamente molesto zumbido.
Entonces lo vi. El aparato constaba de un sistema de tres palanganas de
cobre igualmente dispuestas sobre un enorme cajón redondo de madera, en
tres esquinas, formando una especie de triángulo equilátero de no más de seis
metros por lado. Cada una de ellas tenía restos de una melaza marrón muy
obscuro. En el centro del tonel se hallaba un pilar metálico bastante oxidado
que llegaba hasta el techo, donde se enganchaba con una serie de
mecanismos.
Antes de salir por la misma puerta, mi amigo accionó una palanca que
se ubicaba en el suelo, y el sistema empezó a girar dando impulso a una
cantidad de transmisiones que había en el techo. Cada vez más intensamente,
desde dentro de la caja, se oía un chirrido metálico, muy parecido al ruido que
¿Cuál es el significado? ¿Cómo limita el sistema de ordenamiento nuestra
capacidad de dar sentido a la experiencia?
¿Cuál es el rol del mito y la fantasía en nuestro mundo? ¿Cómo se relaciona con
nuestros significados vivenciales y nuestra identidad?
• ¿Por qué en un universo más conectado nos sentimos más enajenados?
[1] El acto de
abstraerse de la realidad
solidifica el ensimismamiento
del individuo o de un sistema de
individuos a partir de
condiciones imaginarias que no
necesariamente se producen
en la inmediatez del entorno.
Los sistemas humanos se dotan
de una mística en torno a esto.
Consecuentemente, decimos
que la fantasía no sólo le
permite al sujeto trasladarse a
aquello que le añora algún
regodeo, sino que le permite
procesar, no siempre de
manera inadvertida: toda la
información y los símbolos, de
la más divergente naturaleza,
que sistematizan la propia
autoimagen coherente:
ordenada e integrada (Sarbin,
1986, p. 202). Así, la fantasía
es una proyección de los roles e
ideales del individuo, que se
perfecciona y se forja en un
mundo simbólico, relacionable,
dónde el sujeto hace valer y
emerger su identidad y esparce
sus ánimos. Tal mística es
necesaria para la consolidación
de las relaciones humanas.
Reflexionemos
100
produce una cortadora eléctrica de fierros haciendo miles de chispas. Se empezaba a sentir el mismo olor que
surge de los automóviles cuando los frenos se han usado demasiado y el barro en los recipientes empezaba a
calentarse evaporándose y formando gruesas, espesas y lentas burbujas.
De una puerta entró arrastrando un saco muy grande, un viejo gordo de pelos negros con una barba
incipiente, muy bajo de estatura, que vestía una camiseta blanca la cual le apretaba un poco, y estaba toda
manchada con grasa y extraños chorreos variables. Tomó un delantal amarillo de goma, también entero
salpicado, que se hallaba colgado en la pared, y se lo puso. Noté que le faltaban el dedo índice y medio de la
mano izquierda cuando se puso unos guantes de cuero que sacó de un baúl junto a la puerta. De ahí mismo
también sacó dos pares de anteojos similares a los de un piloto de la primera guerra y me entregó unos a mí,
señalando al mismo tiempo un overol azul de género que colgaba de la muralla del frente, como indicándome
que me lo pusiera. Finalmente, mientras me colocaba el traje, el viejo sacó dos cubrepelos de un delgado
plástico transparente, como los que se utilizan para cocinar en los sistemas de comida rápida, y me arrojó uno
para que también lo usara.
El tipo extrajo una cuerda de cáñamo del saco y se dirigió a una válvula redonda que había en la muralla,
la que hizo girar con un poco de esfuerzo. Asimismo, se dirigió hacia donde estaba el gancho y lo arrastró cerca
del saco; las cadenas del gancho estaban verificadas sobre un riel que había en el techo y que daba la vuelta
alrededor de la pieza de modo que trasladó todo el sistema colgante a donde se hallaba su bolsa. Finalmente,
relacionó el gancho con la cuerda dejando un extremo de ésta última variable. Me miró con una extraña
expresión, como intentando prevenirme con una desagradable sonrisa de lo que iba a hacer.
De la bolsa, sacó el contenido principal, lentamente: parecía ser muy
pesado. Inicialmente, no logre ver lo que era, pero a medida que lo iba
descubriendo, una especie de extremidad similar a un pie membranoso, de
aspecto anfibio se asomaba. El material tenía un color variable, pero en general
podría decirse que era mayormente una especie de piel húmeda
semitransparente y brillante, con distintas tonalidades del color lila
blanquecino; con líneas y partes venosas superficiales azulosas y otras
relaciones y grietas vasculares rojizas; y verdaderamente otras vísceras
externas grisáceas. Al ir retirando el sistema de la bolsa, inmediatamente un
olor repugnante se sintió, una intensa mezcla entre comida de perro, y gallo
muerto. Cuando ya había completado de destapar el objeto, se reveló una masa
panzona y sebosa, de no más de un metro de largo con cuatro extremidades
similares; una cabeza; una barbuda cola negra, y un apéndice tentacular
enrollado, en forma de tubo con racimos hexagonales[1], y que salía de debajo
[1] Una aproximación
intencional husserliana, a partir
de un sistema de verificaciones
variables, es una relación que,
al fisurarse, prueba una
sensación de que el mismo
objeto es una mera carcasa
extraña e incipientemente
autodeterminada (Harman,
2010, pp. 24-27).
101
de lo que aparentemente era su boca. La cabeza se asemejaba a la de un pez:
poseía una boca de amplios, ásperos y carnosos labios, y una gruesa quijada
como la de una piraña. Entremedio de lo que parecían ser párpados cubriendo
los ojos se hallaban dos diminutas fosas nasales de tamaño variable, y al otro
lado de cada ojo, una enorme protuberancia auricular muy irregular.
Cuando el viejo le ató la soga al cuello colgándole del gancho, la criatura,
que parecía muerta, inmediatamente abrió dos enormes ojos completamente
blancos[1]. El renacuajo colgaba un metro sobre el suelo para cuando desper
totalmente, aunque su tentáculo alcanzaba el piso y aún se hallaba enrollado como
una manguera en la tierra. El monstruo se compuso dando patadas y rasguños en el
aire con sus filosas garras[2], como tratando de liberarse a medida que emitía cada vez
más fuerte un graznido similar al de un ganso. De pronto, el viejo a quién yo ya haa
perdido de vista hizo andar de alguna forma un mecanismo emisor de un ruido vibrante
muy grave que sumado al chirrido de la máquina y los ruidos de la criatura volvía la
situacn muy desagradable[3]. Automáticamente, el gancho se empezó a desplazar
hacia el cajón redondo de madera, independientemente, por el riel, emitiendo
intermitentemente un profundo golpe metálico. Entretanto, el engendro se largó a
gritar[3] como un pájaro, mostrando sus dientes delgados y filosos[2], y sus grandes
encías blancas[1], sacudiendo su cabeza fuertemente, hasta que de su boca empe a
escupir violenta y explosivamente un fétido líquido gelatinoso de color blanco[1] por toda
la pieza.
Una vez que el gancho estaba en verdad cerca, el pilar metálico giratorio
dejo de dar vueltas, terminando con el terrible chirrido[3], y se empezó a hundir
en el cajón, dejando un hoyo en el medio de éste. Entonces el gancho se ubicó
justo arriba del hueco y comenzó nuevamente el chirrido. El animal estaba
desesperado y no paraba de gemir a medida que el gancho lo bajaba muy
lentamente en el hoyo. Finalmente, de un solo movimiento, azotó
rapidísimamente el tentáculo que caía sobre el cajón, contra el cuello del viejo,
abriéndole la carne y cortándole[2] la cabeza. El cuerpo cayó pesadamente al
suelo chorreando sangre por el cuello, quedando la cabeza unida al cuerpo sólo
por un breve hilo de piel.
Para ese momento yo entraba en pánico. No tuve tiempo para reaccionar ni
intentar defenderme, lo único que alcan a hacer fue retroceder un paso, pero
[1] Cierta pureza
naturalista que se atribuye las
llamadas traces expositivas se
vislumbra cuando s'annonce les
especes du monstre, pureza que
tensa e inquieta en la medida
que, ante todo, ne faire semblant
de rien porque ¿relapsa ese
albo descriptor? ¿Por qué? Sí
es conflicto el propio
protagonista: la différance
característica del sesgo intra y extra
relacional, entre eso pernicioso y
eso artificial: eso natural que no
cándido. [2] Entonces, el
emergente dédoublement entre la
indefensn à supplément, y la
peligrosidad con la que se presenta
a la criatura, de filosas garras,
soumis à la technique ha parido
otra obscura binari. Sin embargo,
il n'y a pas de hors-texte. Y la presta
imposibilidad de interpretacn
acabada no la invalida, aun si se
entrega a los faux semblants que
irremediablemente devienen
divergentes (Desilet, 2006). Luego,
la pregunta se nos insinúa por
si acaso allí hubiera un peu de
jouissance. [3] Es la prueba de
la cisura entre la artimaña
naturalizada por ese rozar del
tiempo y el polvo: la naturaleza
artificial y feral.
102
inmediatamente resbalé con el vómito del esperpento y caí de cara al suelo. Al rodar en el piso para encarar a
la criatura, lo último que pude ver fue al monstruo liberarse con sus dientes de las amarras mientras con el
mismo tentáculo destrozaba la ampolleta que iluminaba la pieza, luego no vi ni nada. Cuando ya logré
componerme y llegar hasta la puerta para salir de la pieza, entre sombras y la luz de la ventana, pude notar que
ésta haa sido completamente derribada, y al asomarme por ella, percibí tenues pero espantosos gritos que
provenían del final del pasillo[1].
¿Tenemos algún grado de control sobre las expectativas que inyectamos a nuestra percepción de los objetos externos? ¿Por
qué nos asombra y espanta esa sensación ajena de extrañeza cuando no se cumplen?
• ¿Cómo resuleve cada uno las tensiones inherentes a lo que percibimos y a lo que sentimos?
[1] El angustioso sistema irresuelto se deposita
sublime, y pulsando con muerte; pero el vulnerable
protagonista sobrevive ileso.
Reflexionemos
103
18. Algunas Heteroloas Antimicas Anecdóticas
La frase: « Etsa frase contiene tres erores »[1] (Hofstadter, 1985, p. 7)
gramaticalmente solo tiene dos errores, de modo que en primera instancia
podemos decir rápidamente que es un equívoco y solo la negación de dicha frase
es verdad pues no contiene tres errores sino dos. Más aun así, haciendo otro
análisis, podríamos llegar a la conclusión de que en efecto, el tercer error en la frase
es el hecho de que está en equivocada, por lo tanto podría también ser
acertada[2].
* * *
Aunque se pueden formar en la realidad grupos de caballos de distintos
colores, parece ser posible probar por inducción lo contrario. Consideremos lo
siguiente: tenemos un grupo de siete caballos. Para probar que todos son del mismo
color, supongamos que de alguna forma hubiésemos llegado a la conclusión, que
luego probaremos, de que todos los grupos de seis caballos si tienen el mismo color.
Si esto fuese así, sería fácil probar que siete caballos siempre tienen el mismo
color: solo hay que formar dos grupos diferentes de seis caballos a partir del grupo
original de siete, quitando dos caballos diferentes. Al formar estos dos grupos
usamos todos los caballos del original grupo equino de siete. Los grupos nuevos al
menos comparten cinco caballos además: si los caballos de estos subgrupos de seis
tienen el mismo color, el grupo de siete debe ser también monocromo. De esta
forma si todos los grupos de seis caballos tienen el mismo color, todos los grupos
de siete caballos también tendrían el mismo color.
¿Ahora bien, como llegamos a la conclusión de que todos los grupos de seis
caballos tienen el mismo color? Suponiendo que todos los grupos de cinco caballos
tengan el mismo color. Al igual que en el caso anterior, podremos comprobar que
entonces en efecto también todos los grupos de seis caballos tendrían el mismo
color. ¿Pero, y cómo llegamos a la conclusión de que todos los grupos de cinco
caballos tienen el mismo color? De la misma forma, imaginemos que todos los
grupos de cuatro caballos tienen el mismo color.
Y en efecto, si seguimos descomponiendo en grupos menores llegaremos a
tener un grupo de un caballo. En un grupo de un caballo todos si son del mismo
[1] Desde el
punto de vista formalista,
queda cierta duda de si
una frase cómo esta
efectivamente constituye
una proposición formal.
Esto se debe a que si bien
desde el punto de vista
informal es posible
elucidar su significado; los
criterios para hacerlo
parecen no pertenecer a
un cuerpo formal cerrado.
¿Son computables este
tipo de deduccioes y/o
aquellas que buscan
determinar su
computabilidad? ¿Hasta
qué punto y bajo qué
supuestos?
[2] En este
ejemplo, sólo si la frase
efectivamente contiene
tres errores es verdadera,
pero el serlo significa que
el tercer error no es tal. Es
decir, no se trata
solamente de una
dualidad, la proposición
no puede pertenecer a
ninguna de las dos
categorías: verdadera o
falsa.
104
color. Entonces, todos los grupos de dos caballos tendrían el mismo color, y por ende los de tres caballos, siete
caballos e infinitos caballos: todos los caballos tienen el mismo color.
Sin embargo, la inducción solo funciona si cuando quitamos dos caballos diferentes y dejamos dos
grupos de caballos, estos grupos comparten un caballo en común. Y esto se prueba para todos los grupos
excepto para el grupo de dos caballos. Resulta imposible, al contrario de los otros casos, probar que todos los
grupos de dos caballos son del mismo color a partir del hecho que un grupo de un caballo siempre es
monocromático. Esto se debe a que al sacar dos subgrupos de caballos diferentes, se generan dos conjuntos
de un caballo que no comparten ningún miembro y que por ende pueden ser de diferente color.
* * *
En 1908, Kurt Grelling propuso la paradoja que se produce al separar todos los adjetivos en dos
sistemas: los autológicos y los heterológicos (Quine, 1966, p. 3). Los primeros son palabras que sirven para
describirse a mismas, por ejemplo: ejemplo, etcétera, pronunciable, esdrújula, comprensible, conceptual,
escribible, finita, polisilábica. Las segundas son palabras que no se pueden describir a mismas, tal es el caso
de: infinita, incomprensible, monosilábica, etcétera. Es decir, finita es en efecto una palabra finita, pero infinita
no es una palabra infinita, por ejemplo.
¿A qué sistema pertenece el adjetivo heterológico? Si el adjetivo fuese heterológico, entonces no se
estaría describiendo a mismo y por ende no podría ser heterológico pues esa sería la verdadera
autodescripción. Tampoco le cabe ser autológica porque se estaría definiendo a misma cómo todo lo
contrario. En efecto, cualquier intento de clasificar este adjetivo resulta en un problema dialetéico.
* * *
La tragedia del barbero narra que para que todas las personas de la ciudad estén afeitadas y no
sobrecargar de trabajo al barbero, so pena de muerte para aquél que desobedezca, el Rey ha proclamado
el barbero de la ciudad deberá afeitar solamente a todos aquellos hombres que no se afeiten a sí mismos.-
Ahora bien ¿el barbero se afeita a mismo o no lo hace? En primer lugar, no puede dejar de afeitarse pues si
lo hace, el barbero, que es el mismo, habría de afeitarlo, es decir, él debería de afeitarse. Más aun así, si lo
hace, de todos modos está condenado pues al afeitarse a mismo, el barbero, que es el mismo, lo está
afeitando, siendo que éste solo tiene permitido afeitar a quienes no se afeiten a sí mismos.
* * *
Se dice que el sofista Protágoras tomo a un pupilo llamado Evatlo bajo el contrato de que este último le
pagaría las clases solo si ganaba su primer caso (Pradas, 2008, p. 28). Sucedió que al completar sus estudios,
nadie vino a pedir la asistencia de Evatlo y por ende, Protágoras demando a su pupilo pues este no le había
pagado. Protágoras insistió en que si él ganaba, Evatlo debía pagarle pues había ganado la demanda; más si
105
¿Cuántas veces nos vemos obligados a tomar una posición contradictoria cuando nos referimos o pensamos en nostros mismos?
¿Puede ser posible que para cada escenario donde creemos que nos resulta imposible tomar una decisión o una posición
coherente, haya un entendimiento análogo de las cosas, que garantiza la adecuación de las determinaciones y medidas, volvíendolas
irrelevantes?
perdía, igualmente habrían de pagarle pues su pupilo habría ganado su primer caso. Evatlo, variablemente,
argüía que si el ganaba no debía pagar pues habría ganado el caso; más si perdía, tampoco debía pagar pues
a fin de cuentas habría perdido su primer caso.
* * *
Curry planteó la siguiente proposición: «si esta sentencia es cierta: el mundo se va a acabar mañana[1]».
Al igual que en la mayoría de las discordancias autoreferentes, se generan dos casos. Por un lado, la
ambivalencia; por otro, la inconsistencia. Abordemos la frase primero suponiendo que el mundo si se fuese a
acabar. En tal caso la proposición puede ser cierta o falsa pero en ambos casos no depende del condicional.
En efecto, la veracidad de la frase es, en general, irrelevante para cualquier efecto.
Si el mundo no se acaba mañana, descartamos la veracidad de la frase: el corolario es falso. Pero ello
implicaría que la premisa tampoco se cumple. La frase en su completitud si tiene sentido, pero de ser cierta,
la frase entonces declara una falsedad, y así… La veracidad de la frase implica su falsedad y viceversa.
* * *
El eclesiástico doctor subtilis, alrededor del siglo trece, planteó formalmente, por primera vez, la idea
de explosión, sacando a la luz el hecho de que de la contradicción se puede deducir cualquier cosa. Alfred
Tarski, a principios del siglo veinte, levantó la idea de indefinibilidad afirmando que la verdad semántica para
un sistema formal no puede ser definida dentro del mismo un sistema formal (Ray, 2005, p. 433). Por ejemplo,
para describir las reglas de la aritmética, no se puede utilizar aritmética y debe ser ocupado, en cambio, un
metacuerpo de orden arbitrariamente superior, cómo la lógica o la teoría e conjuntos.
Reflexionemos
[1] Cabe destacar que la porción de la frase: «…el mundo se va a acabar
mañana» puede ser reemplazada por absolutamente cualquier proposición bien
formada, particularmente su negación (Clark, 2007, p.47).
106
19. Nervaya[1] y Nargarum
Nervaya, alzó su bastón por enésima vez. Mirando el horizonte volvió a reclamar la fuerza de los
ancestros.
Canaysa canaá cantó.
Las olas reventaban, espumosas,
frente a sus cabellos cerúleos
humedecidos por la sal.
Canaysa can y espejismos en
sus ojos derramaban lágrimas al viento.
Y por tercera ¡Canaá!
mientras bajaba su nudoso arrimo de
madera de manglar, descubría un nuevo
cielo, celeste incandescente.
La efervescencia del mar[2] se
detuvo de inmediato. Junto a su
sabueso, bajaron trepando hasta donde
se podía tocar el agua. Sumergió su
brazo hasta lo más hondo, para
desenterrar de entre las raíces y la
arena, una gran concha madreperla: el
corazón de Narga: tal y como el trueno
lo había vaticinado[3].
El paisaje ahora estaba desnudo.
Habían pasado miles de años desde que
Nargarum se separó del continente.
Ahora, doce gaviotas que venían del ho-
[1] Su nombre hace alusión a los narvales primigenios que, con garbo,
antaño, sobrevolaban las superficies de las profundidades atlánticas: los azules
matices a través de los cuales se aclara el color de las aguas, a medida que nos
acercamos a la orilla de la playa, reflejando el sol, trasluciendo arena. Sus
emociones se sujetan al frescor y la calidez con la que, en el helado mar del sur,
se traslapan la salobridad de las aguas con las temperaturas. [2] El mar
efervescente es una expresión de las distintas variables particulares disueltas y
dispersas en el vasto cuerpo de agua. Al igual que cómo cuando un leve golpe
de un tenedor, al costado de un vaso lleno con agua de soda provoca un
exabrupto de burbujas; el nudoso arrimo trasfiere directamente al mar, y al cielo,
la energía del poder simbólico. Cuando las aguas del océano están saturadas de
aquello, ya no pueden contener lo que Nervaya le imbuye, sin ceder: decantan.
[3] Los Dioses antiguos han proclamado la profecía del trueno; el liviano aire,
materializado en el plasma que se derrama evasivo, agudo, retorcido,
incontrolable, inesperado, impotente, caótico, enérgico y violento. Durante la
tormenta, el relámpago presagia al trueno; y este último, al granizo.
107
rizonte, presagiaban su regreso[1]. Nervaya se dirigió corriendo a la
congregación para presentar los antecedentes al consejo rupestre.
Al regresar, sólo Cartimanda esperaba sentado sobre una piedra.
Sólo unas pocas brasas ardían en el gran fogón.
¿Qué te ha tardado tanto? Pensó Cartimanda y sus ojos
transformaban su mirada al reflejar las oscilaciones armónicas del
corazón de Narga que Nervaya traía en sus manos. Canaysa,
desde el fondo del mar y la tierra, nuestros bosques nos han
entregado este sagrado símbolo de salvación. Debemos estar
alegres exclamó Nervaya ¡Vengan!-
Y todos celebraron hasta que el sol se puso y los zancudos de
la noche bajaron.
20. Quee y La Ciudad del Norte
La tercera y última temporada [2] del festival siempre
terminaba con una especie de tranquilidad tensa que presagiaba la
veracidad y naturaleza del de nuevo ciclo. Esta vez no era la
excepción, sin embargo, los sacerdotes eran cada vez menos, desde
que el mismo Rey Shagg Qal’Graam había asumido su obispado
luego de fallecer el Arzobispo Noih Torq’Dael. Además, el último
código de expiación cívico-urbana, dictado por la Asamblea
Solemne del Palacio de Quee, había condenado a una verdadera
porción de la clerecía. Esto significó que el carnaval de cierre se
celebrase casi a puertas cerradas: la gente no podía ni quería
hacerse partícipe. Lo más notable fue el reflejo celestial, producto
del ardor carmesí que emitieron al incendiarse esa noche las
primitivas maderas del bosque que había acompañado a Queebesh
desde siempre.
Los muros de Queebesh habían sido pintados ese mismo día
Se triza el fresco,
por tenso. Reaparezco,
si irisa calma.
[1] Aquello a lo que está dado el
estándar, por lo que se percibe la convención,
acaece en el continente. Variablemente,
cualquier instancia segregada desarrolla sus
propias lógicas de funcionamiento que no
necesariamente evolucionan a la par con el
entorno del cual de verdad se encuentra
escindida. Con todo, y en efecto,
intuitivamente, pareciera ser posible probar
que, bajo cierta métrica, el orden de
magnitud con el que difieren dos evoluciones
arbitrarias, paralelas, sujetas a este proceso;
dependerá de la heterogeneidad del conjunto
original, entre otros factores. Las doce
gaviotas son doce evangelistas, doce casas
cosmonáuticas, doce tribus que dan la
bienvenida a una decimotercera variable que
rompe la simetría. ¿Qué es lo que ocurre
cuando Nargarum regresa al continente?
Nuevamente, el choque de las culturas. [2]
Cuando las temporadas son tres, cada una de
ellas guarda un secreto que se desenvuelve
en una dimensión casi ontológica,
fundamental e independiente.- Por ejemplo,
el caso de Quee tendría que contener un
secreto oscuro, negro: podría ser o la muerte,
o la necesidad o el dolor. Yo siento que, dadas
las condiciones naturales y
medioambientales que por eones han
provocado en este lugar una evolución
sistémica hacia la estabilidad en torno a
dichos conceptos: durante cada una de las
tres temporadas se exacerba algún aspecto
de estos tres.
108
de un color plomo intenso para ocultar el envejecimiento
y desgaste de las torres de piedra. El camino que llegaba
a la cuidad había sido talado, despojado de los altos,
grises, antiguos y moribundos pinos; pilares que antaño
se resecaban a medida que las carretillas y caravanas
entraban a la ciudad. Colorados estandartes, con
dorados bordados y negras estampas, colgaban desde lo
alto de las rondas y torres que culminaban la muralla
exterior. Los guardias siempre vigilaban en sus puestos,
con impecables uniformes blindados y oscuras capas.
Con su carga ígnea [1], sombríos cortejos se abrían
paso a través de las negras maderas que construían las
puertas exteriores de Queebesh; cruzaban también la
ahora desnuda y anaranjada senda ocre, en la ladera,
que pasaba por los desfiladeros sobre los valles de grises
coníferas que verían su última noche: se adentraban
entre los árboles, colina abajo, para cumplir su cometido
pirogénico. Para la seguridad del castillo y del pueblo, el
Obispo-Rey de Queebesh había mandado a quemar los
bosques y despejar la vista del valle para resguardar la
posición.
Mientras la estratégica empresa se desarrollaba y
las secas ramas ardían rodeando las murallas obscuras,
en la ciudad, dentro del palacio, a través de los arcos de
los ventanales, en una de las más amplias torres,
escapaba una intensa nube que olía a mirra y almizcle[2]
y que se mezclaba con el humo del pino quemado.
Poderosas luces amarillas destellaban y fluctuaban.
Solemnes y canónicos cantos locrios resonaban. Todo
se abría paso en el resplandor de esa noche. Los
cortesanos celebraban allí el cierre de las festividades.
Las voces monásticas se hacían notar recordando
antiguas leyendas y viejas moralejas[3].-
[1] El fuego representa el idealismo: la necesidad de
pasar a llevar los absolutos en pos de objetivos pragmáticos.
En este proceso se instala la idea de que el fuego no
pregunta ni tiene consideraciones porque es efectivo: es la
semilla incipiente de la variabilidad. Por lo mismo, es
también la materialización de una nueva forma de relacionar
los mandatos populares. A través de una purga, el ciclo de
necesidad y carencias se cierra para dar paso al siguiente
ciclo: el dolor. Los objetos que figuran la representación de
la necesidad se vinculan con una imagen deconstruída,
gastada y envejecida del reino. La falta de abundancia
impidió las labores de mantención necesarias, habiéndolas
reducido al mínimo. [2] Los aromas son los de la transición
violenta. El almizcle se distingue de otros aromas: cómo el
pachulí y algunas esencias vegetales menos onerosas, y que
normalmente podrían haberse utilizado en otras
oportunidades. La mirra simboliza la nueva mirada,
funcional a la abundancia: hace poco nadie hubiese
pensado en desperdiciar en especias. [3] Los acólitos, por
su parte, exteriorizan el contrapunto de este tránsito. La
disposición degenerativa del régimen anterior agota su
capacidad de mantenerse en pie y consecuentemente
pierde efectividad. Pero, dado que sólo la crisis constructiva
permite el desplazamiento de un programa por otro
(Lakatos, 1983, p. 122); se necesita la instalación de un
sistema de jerarcas competentes y ad hoc, para inaugurar
este nuevo período. Paralelamente, es también esa misma
solucionática sistémica disfuncional, la que obliga por su
parte a los mismos adeptos a buscar una alternativa y
mantener su posición. Las melodías son así recuerdo, dentro
del viejo arquetipo, de un ciclo ancestral, revolucionario,
profético. Sus contenidos describen ese marco de
referencia abandonado, pero que alguna vez existió y que
ahora pretende reconsolidarse nuevamente.
109
tigua Quee’Draʒh nova.
Aηtigua Quee’Daæl ¡Γraaʒham!
Cana edhe Q’Ar, N’Aʒhagr...
Ærkanaʒh loga Queebeʒhi.
Ærkanaʒh loga[1].
Aunque abajo, unos pocos notaron el espectáculo de la torre,
muchos más observaron con expectante impresión apática, la
incineración arbórea. Nadie dijo nada, sin embargo, el viento era
prueba de una siniestra ansiedad imperecederamente vacua; las cosas
habían cambiado en Queebesh.
El Obispo-Rey Shagg había dado un breve discurso esa tarde,
anunciando la Gran Muda que llevaría a la ciudad a ocupar un lugar en
la historia. Sin embargo, en breve, se retiró al palacio. La gente, dado
lo escueto de sus palabras, esperó que se asomase por el balcón
nuevamente. Sin embargo, después de un par de horas, la pequeña
turba se disipó, comprendiendo que el Obispo-Rey no hablaría de
nuevo. Desde la muerte del anterior Arzobispo, la gente había perdido
el interés en este tipo de fiestas. Además, con la llegada de los
Qal’Graam al trono y la posterior coronación de Shagg cómo Obispo,
muchos habitantes de Queebesh habían comenzado a abandonar la
ciudad desde hace tiempo.
Hacía años que los Qal’Graam no eran designados cómo
regentes, aun siendo esta una de las pocas casas de nobleza con
escogencia perpetua. En efecto, las últimas dos dinastías regentes
habían provenido de casas con escogencia limitada. El mismo Obispo-
Rey era poco querido por el pueblo y, a pesar de que había sido
escogido por el Consejo Constituyente con vasta mayoría, sus políticas
habían resultado más sanguinarias de lo que nadie nunca imaginó. La
casa de los Qal’Graam había perdido muchas posiciones políticas, y el
apoyo del pueblo. Además, había controversia sobre la legitimidad de
su rol de Obispo-Rey, no sólo por la ambivalencia de su cargo, sino por
las extrañas circunstancias en las que había fallecido el hijo del anterior
Arzobispo y concluido el arzobispado de los Torq’Dael[2].
[1] En busca de la verisimilitud, el
tratamiento empírico de un órgano
arbitrariamente compuesto nos invita a
través de la oportunidad: arriesgando y
barajando modos, métodos, expresiones,
diagramas, mecánicas, símbolos y
protocomposiciones. Por ejemplo, la
eufonía y la cacofonía de una
representación auditiva, a nivel psíquico,
pueden determinar las morfologías
emotivas y connotativas por las cuales se
percibe un mensaje. Consecuentemente,
la porción de la neurored homomorfa
sobre la cual se pliegan dichos contenidos
decodificados queda supeditada a la
sonoridad, la cadencia, el aspecto visual
y el ritmo. Sobre todo, cuando el
contenido es perilógico. Emplazarse
sobre la forma, y sistematizar un análisis
semántico desde ahí, permite abrir
nuevos espacios de significación
(Beedham, 2005, p. 165), sin duda
creíbles. Consideremos que, desde un
punto de vista estrictamente formalista,
la inexistencia de pruebas absolutas de
consistencia resulta en una regresión
infinita de referencias. Esto siempre
permite apalancar la verosimilitud de
cualquier expresión dentro de algún
encuadre: lo que subyace debe ser
definido siempre de manera externa. [2]
Shagg no podrá nunca ratificar la
autenticidad su nueva posición desde
dónde se instala: una dictadura naciente.
110
De hecho, Queebesh no había visto un Obispo-Rey desde la caída del Imperio y la
muerte del arzobispado Tell’Graam.
Además, la reinstauración de la Policía Imperial de Quee, vetada durante
tantísimos gélidos años de calma, mantuvo a la población más asustada que de
costumbre. Mucho se hablaba de que Shagg quería reinstalar el sórdido imperio de
Q’Daal. Muy pocos querían una guerra y aún menos, pensaban que el Obispo-Rey
fuese capaz de sostener sus aspiraciones imperialistas sin consecuencias para la
urbe[1]. Fuera de esto, Shagg no tenía aliados y era mal aceptado por losderes del sur.
En efecto, esta vez, sólo Naaker Srtop Olorok, el Alcalde Embajador de Clerksb, había venido
a participar de las celebraciones aquella noche[2].- Von Qal’Graam Shagg, si puedo preguntar,
¿No veo a ningún representante del sur? con mordaz sonrisa saló el Alcalde Embajador
ultramarino, mientras gesticulaba de manera repelente y exuberante con sus fosas nasales.
Y luego agregó, mientras se jalaba uno de los vellos de adentro de la nariz He oído tantos
rumores, y sólo llevo un a en esta ciudad.-
Naaker Srtop era un conocido y arrogante aristócrata, cuya caprichosa
personalidad le había traído problemas más de alguna vez Queebesh. En efecto,
hacía sólo un par de meses que se habían reanudado las relaciones comerciales
portuarias en Queebesh; durante años habían estado embargadas por Clerksröb,
dado que Naaker le tenía especial encono a la casa de Torq’Dael y su arzobispado.
Sin embargo, con la caída de la casa Torq’Dael y la ascensión del Obispo-Rey, las
relaciones habían mejorado. El Rey Quee debía mantener las relaciones con los
Distritos Coloniales al otro lado del mar e intentaba no perder los cabales a pesar de
lo tenso del ambiente.-
Mi querido Qaal N’Srtop Olorok, sabéis bien que los cavernícolas al sur de mis murallas
nunca han entendido los mecanismos de la diplomacia, la religión, ni de la etiqueta
política[3] Contestó Shagg con una sínicamente nerviosa sonrisa que agradó
embajador del norte al punto de hacerle estallar en una especie de alarido que se
transformó en una larga y grosera carcajada estruendosa y salpicante, y luego, por unos
segundos, en una especie de atoro asfixiante y riculo.
Procaz y raso,
el orden del ocazo
da paz indócil.
[1] La ciudad,
acostumbrada al magro
sistema, conjugó
haciendo proliferar
ciertos subsistemas. Las
cúpulas, se oponen a el
desembarazo de trancas
que les permitan la
manipulación. El resto, por
separado, vive la escasez
del ciclo antiguo y puede
adoptar con mayor
celeridad una disposición al
cambio. [2] Para cualquier
sistema, las topoloas
incompatibles presionan la
variabilidad. Cada vecindad
promueve la
resistematizacn de las
otras, funcionalmente,
para sí. Mientras más
discordantes las
manifestaciones; mayor la
fuerza espontánea de
reentramado recíproco.
[3] En su contingencia,
el desplazamiento
efectivo de las fases
anteriores va a depender
de las capacidades
estabilizadoras y
difusivas que exhiba
cada armónico de las
nuevas generatrices.
111
21. El Indio, El Mar[1]
Ese indio no conoce el mar.
Solo enormes campos y desiertos del altiplano, del norte.
Sus trotecitos y escapadas no han visto a las gaviotas.
Y su seco pelo nunca ha ondulado.
Ese indio fue al mar, a conocer, particularmente el mar.
Llegará tu camino ¿A la sombra o hacia el mar?
Indio, tú quieres ver el mar,
Tú quieres conocer las olas del atardecer.
Y al galopar afirma las riendas.
Apurando el trote.
…Apura el trote indio.
Ese indio no conoce el mar.
Solo amplios valles, ríos, pasto y hiel.
Su trotecitos y escapadas no conocen de arenas.
Y su piel nunca se ha bronceado en sal.
Ese indio emprendió su marcha, definitivamente, al mar…
¿Borrarán las olas de la costa; de tu trote: las huellas en la playa?
Indio del norte: eres el mar,
Conoces las alas del atardecer.
Y cabalgando sujetas tu sombrero.
Apurado al regreso.
¡¡Apúrate indio!!
Se va denuevo
el estivo, y coevo
será el desgano.
[1] El mar visto cómo el espacio
antiquísimo de lo desconocido, de lo oculto
y la abundancia. El mar homérico de cuya
espuma nace Afrodita (Zerzan, 2012). El
encuentro cultural, el mismo que divide
continentes y personas. El deseo de
romper las cadenas de Andrómeda. La
tinta con la que se traza el ecosistema. La
autopista de savia panteísta. De donde
todo viene y a donde todo vuelve:
imposible de conocer. El que refresca el
temperamento y llama a las multitudes año
a año a adorarle, a ahogar sus escasos
soplos de esparcimiento.
112
22. Aceleración[1], Paréntesis y Descripción de Elementos Aleatorios
José Jardineo Bluciferdo Tresmeses era un granjero de la región de Banfurmia. Dedicó toda su vida[2] a
plantar y cosechar cereales bajo celestes cielos y cirrocúmulos nubosos. Nunca se sintió especial ni quiso
serlo. Siempre dejaba sus ideas pendientes para adelante (en el tiempo), y aun así, tendría que convertirse en
un héroe en esta misma historia.
Fue a eso de cuarenta tiempos antes del mediodía[3]
cuando el representante del Alguacil de Banfurmia (junto con su
escolta) se presentó(aron) con noticias del Alcaide. Debía
«recurrirse a las dos mil quinientas en el cuartel para aguardar
instrucción» y «presentarse con armadura, sable y escudo»,
todo esto so pena capital por traición.
José no presentó muchas quejas (aunque asombro sí).
Regresó al granero y platicó con su madre por unos siete
tiempos, para luego tomar sus cosas y acompañar al oficial a
Banfurmia. Cuando se despidió, dos acompañantes le
empujaron hacia uno de los caballos de reserva que venían en la
escolta del representante de la gobernación.
José no se resistió pues siempre había sabido que este día
llegaría. Esa mañana, además, Rolanol de la cuarta del lado
(quién trabajaba en la gobernación de medio tiempo con los
caballos del regimiento) le había comentado que esa semana le
vendrían a notificar con escolta y todo.
José pendía de notificación desde hace tiempo, por un
hecho de sangre (que no había cometido[4]) bastante terrible[5],
ocurrido en la ciudad de Banfurmia. Por esto, José simplemente
los acompaño en ese momento del tiempo, aunque no sin
desazón ni desgano absoluto: Banfurmia era de los condados
[1] Cuya percepción ha de ser explorada.
[2] Sistémicamente, en busca de una
contextualización proliferante que permita el
establecimiento de prejuicios apofénicos de
rápido acceso.- Yo siento que el nombre, el
absurdo y el tono superficial inquieren en torno
una condescendencia permisiva solícita por parte
del leyente que, quizás, valdría la pena hacerle
explicita en las notas al pie de página. [3] La
ambigüedad comienza a ser demandante. Sin
embargo ¿puede también fundar, el carácter
lene, alguna emoción en función de la trama?
¿Hasta qué punto la pregunta queda, por cierto,
abierta? [4] La intriga truncada por las
acotaciones marginales expulsa la atención hacia
adelante, en busca de algún grado de adhesión
palmaria que no acude. Esto regenera cierta
metatensión. [5] El tono económico y directo
desorganiza, confunde y urge. La perspectiva
resoluta del personaje en cuestión, vagamente
delineado, inquieta. Este es llevado a
comparecer, a sabiendas y sin ninguna verdad ni
verificación, a escenarios que indudablemente le
conducirán por derivaciones de carácter negativo
(entiéndase, para él mismo).
113
más rígidos respecto de la
legislación local.
El camino[1] que conectaba
los parajes chotos del sur de
Banfurmia con las iridiscentes
ciudades del norte era muy largo y
sinuoso. Daba una larga vuelta y
media, al inicio, a través de los
cerros deformes del sur. Cerros
dónde la mayoría de las cabras[2] se
asían en largas filas enhebradas
por maestros agrónomos
veterinarios certificados, que las
llevaban de cerro en cerro, a
terminar con el poco pasto que aún
quedaba en ellos (los cerros).
A medida que la ruta se
alejaba de los parajes de cultivo y
pastoreo, se adentraba en alturas,
hacia los llamados Planos Altillo,
donde los cerros rápidamente
tomaban una forma filosa y poco
natural, a medida que se avanzaba
hacia el norte. Asimismo se
observaban vicuñas y llamas y otros
animales. Las cabras al norte
tenían un aspecto más blanco y la
tierra uno más rojo, los pastos eran
casi inexistentes y uno que otro
espino[3] se erguía hacia los cielos
cada vez más oscuros.
Mismamente fue así cuando por
primera vez uno de los de tal
sistema (el representante del
[1] Absolutamente entregado a la clemencia divina, el camino se desempeña
también cómo el territorio de cierto periplo, ciertamente alegórico: comenzando desde
el pastoreo consumido, del exilio y la alienación permanente: hacia lo prometido, lo
anhelado; hacia la tierra santa dónde la abundancia espera y dónde también se
reestablece la comunicación sagrada, desvaneciéndose los obstáculos
sobreimpuestos por los aparatos socioculturales (Backhaus & Murungi, 2009, p.75).
El camino que recorre José es el de un curso inevitable que le impone retomar, o
abordar, una cruzada para reencontrar el significado y la prudencia. ¿Puede el sujeto
que entra en esa rémora, completa y concluyentemente agotar su exploración de
forma heroica? [2] Las cabras que se asoman dentro de este escenario peregrino,
urgen a toda la compañía, a partir de una inestabilidad inquietante, a estremecerse,
atemorizada, ante el fantasma de una amenazante insolvencia. Las cabras en eterno
estado de carnalidad, deseo, lascividad y hambre: una abismante falta de descanso
que de alguna manera carga también con los demonios que deberán ser expiados
(Cohen, 2008, p. 220). Entonces, todo el proceso locomotivo por el que atraviesa José,
encarna y consagra estas mismas nociones. El vacío espiritual; la necesidad de
cambio; la permanente ambición humana: todas las facetas que lo empujan a una
jornada; a cualquier jornada: incluso a pesar de premonitoriamente intuir el inmanente
y necesario fiasco. ¿Hasta q grado no estamos todos también, al igual que la
comitiva del representante del Alguacil, siempre sujetos a este mismo itinerario?
[3] Hostiles, solitarios y secos, se materializan los sentimientos paradójicos que
arrastran a José, también en la escuálida floresta. La vida asociada al dolor espigado
en el secano es expresamente un mal presagio que solapa, indudablemente, la
inseguridad a la que necesariamente el trotamundos está sólidamente anclado. El
espino también es la revelación incipiente de lo escondido, bueno o malo: la
insinuación del agua donde no la hay, el marcador de una tumba o un tesoro enterrado,
dónde no se ve. El altar del desierto; el espino es sombra para el rojo y sudado camino:
un lugar donde la flama divina encuentra un espacio para plasmarse. En el desierto,
por tanto, la vaina del espino es sonajero, juguete y panacea. Así cómo, antes de la
muerte, cada uno deberá atenerse a los característicos conflictos que la existencia del
ser evidentemente despliega; también antes de ejecutar su destino final, la empresa
capitalista debe remitirse a lo que le destine la irrevocable eventualidad de atravesar
la pradera de los espinos. Es ahí además donde cada uno de los integrantes de la
escolta deja su marca; prueba su valor, y dónde se crea la intriga.
114
Alguacil) le dirigió la palabra (a José). De
verdad, José… …Que me sorprendió que no
hacieras escándalo ¿Tú eres cercano de Rolanol
Vietrís del Manzano? dijo el representante.
José respondió tranquilo-nervioso[1]. No
oficial, apenas si lo conozco al señor ese. ¡¿Qué
cree?! Si, lo que pasa es que no me sorprendió en
« el momento » porque me avisaron desde el
puesto del norte que los avistaron hoy llegando,
cómo a las nueve, desde el radar que mira las
montañas. Cómo además no vienen muy
seguido… Todo con un tono muy poco creíble.
El representante replicó rápidamente[2].
Ya bien… …porque claro, no se me iría a
ocurrírseme que Ronalol se ha comportado
últimamente mestraño con la gente dallá
…en la gobernación, no me estrañaría que si
fuesen amigos hubiese venido acá acontarle a
usted sobre lo que veníamos. Incluso usted
podría haber seido, por lo que más desconfío de
él que de usted. Ahh... Ya… Ya… No, pero
no… O sea, no lo conozco. Contestó José.
El representante volvió a replicar con
rapidez. Ya claro Cómo sea. Estraño ¿Eh?
Eso sí… Osea, porque nosotros no veníamoslos
na dalla de las montañas. Venimo del este
porque andábamos en reconocimiento anual, y
un mensajero tomó la ruta del este para venir al
oeste a darnos instrusióne del Alcaide. Osea, es
estrañoNo hay como nos puedan haber visto
con la radar dalla, no veníamos na’ de ahí…
José guardó silencio[3] y lentamente contestó.
¿Perdón? Ay, vaya ¡Uf! Mi memoria[4].
[1] José, atrapado en la situación innecesaria, resguarda una
improductiva burbuja. [2] En este punto, la demanda de legitimidad
del representante es general. Independientemente de las reacciones
de José, la manera en la que le escrutan se vuelve cada vez
insostenible. La imagen de probidad del representante carga con este
fenómeno, al punto que una leve desviación puede rápidamente
desembocar en un escenario en el que José intente huir, o peor aún,
tomar represalias. Esto se debe a que más allá de la apreciación cívica
del deber, tanto los representantes como la misma institución que les
oficia; ambos deben ser percibidos cómo apropiados y confiables
para que haya legitimación en términos prácticos (Jackson & Gau,
2016, p. 2). [3] La pausa en la que se desmorona la confianza
alimenta la duda. Mientras más rehúye José; más incisivo el escrutinio
del representante, y más crece el valor proyecto de los mismos
tensores. El carácter evasivo en mismo no trabaja por lo que, en
teoría, la magnitud creciente de los sondeos siempre retorna al
mismo oficial. En otras palabras, siguiendo a Jodorowsky (2004),
quién lo expresa más claramente, “[es] nuestro miedo [el que]
alimenta la animosidad del adversario, mientras que nuestra voluntad
de hacerle frente con amor lo desarma, es decir, le hace cambiar de
orientación” (p. 49). Consecuentemente, José, en este primer
momento, nunca se encuentra en condiciones que le permitan
conquistar un espacio de cordialidad y comunicación entre el mismo
y el representante. En cambio, lo contrario: la rigidez y la extrañeza,
ambas ascienden tras cada línea. Lo anterior tiene su origen en un
proceso simétrico antirelacional entre las partes. De esta manera,
durante toda esta primera porción del camino se acentúa la distancia.
[4] Tanto la evidentemente no veraz legitimidad que el representante
ya no logra disimular; cómo también las respuestas evasivas que
entrega nuestro protagonista, una tras otra: resultan en una
pronunciada imposibilidad por parte de la compañía en su conjunto,
de enfrentar lo que les convoca. Con y cómo todo, el absurdo y
desmoralizado sistema avanza a ninguna parte, sin sentido: ninguno
de sus integrantes tiene un motivo significativo o relacionado.
115
El representante no sabía si confiar en
este extraño sujeto, José, a quien todos los civiles
conocían, y quien no había decidido huir al saber
que lo venían a buscar. El camino llegaba a una
subida brusca donde las formaciones rocosas se
unían en un risco, obligando a los caballos a
hacer fila para subir. Al llegar a la cima, al lado
derecho se abría un precipicio que dejaba ver el
mar, las gaviotas, y las focas en una piedra
guanosa, aguas adentro. A lo lejos, una torre de
los nativos[1] vigilaba la llanura que se precipitaba
al mar.
El representante ordenó. Paramos en el
punto Quɩllaɭeo para reponernos. Qué bueno
pensaron todos… Y al llegar a la torre, dejaron los
caballos amarrados al tablón y el representante
convino un precio con el indio del mesón.
Subieron y durmieron esa noche en la parada.
Luego del desayuno partieron y no pararon hasta
la noche siguiente, cuando se tuvieron que
detener por un temblor[2] en el suelo. La escolta
iba por una playa junto a la ladera inferior de un
acantilado. El representante ordenó.
¡Muevan los caballos al medio para que no se
asusten[3]!-
Pero en vez de receder, el temblor se
convirtió en un derrumbe[4] que desprendía
piedras desde la montaña del lado. El suelo
tronaba y temblaba cada vez más fuerte. Los
caballos (los montados y los desmontados que
llevaban) se paraban en sus dos patas y
relinchaban con desesperación. Una sombra
negra los cubrió, sobre el acantilado… …y
[1] La población indígena es el sustrato inesperado, en
oposición a la comitiva: su presencia nos recuerda que la inmediatez
de la existencia sobrepasa cualquier constructo
jerárquico-teorético-conceptual que pretenda sobreimponer
deberes, ritos o protocolos. Normalmente hay fuertes animosidades
entre los nativos y los extranjeros, en especial cuando los forasteros
no saben navegar de verdad (Yoguis, 2009, p. 93): son frecuentes la
riña, el robo y el motín, cuando los signos no son los verdaderos. En
este sentido, la sapiencia del representante determina la
planificación itineraria de la expedición y su desempeño, incluida la
microgestión de matices misceláneos. El arribo a punta Quɩllaɭeo para
la reposición es un eje de inflexión de este tipo de contingencia:
determina la velocidad en la que avanzan y también la extensión
perceptible de la capacidad de prospección del representante y de su
competencia: su legitimidad. En el punto de reposición se
desfragmenta la información que maneja cada miembro de la
comitiva, produciéndose las dinámicas de mantenimiento cómo los
entrecruzamientos y el almacenamiento selectivo. En consecuencia,
la auditoría de competencia la del representante se ve directamente
afectada por la determinación ese momento. Existe una hora óptima
que varía en función de los intereses de cada miembro de la comitiva
y de la característica del punto de reposición.
[2] El segundo ataque a la integridad de las formalidades viene desde
la fuerza de la naturaleza. Pero es la misma potencia reglamentaria la
que le permitirá al representante establecer un algoritmo para
maniobrar en estas circunstancias. [3] El representante debe ser
capaz de mantener su posición directiva y el orden en las filas.
Cuando sobreviene el desastre natural, el sujeto entra en una
modalidad de supervivencia que lo empuja a restarse de la
convocatoria sociocultural preestablecida. En este tipo de
situaciones a veces se expresan los más grandes liderazgos, los actos
heroicos y también los aspectos más bestiales y menos humanos del
propio ser humano. [4] No hay escapatoria de la naturaleza.
116
descendió. Un animal negro, alado, con tres
cabezas, aterrizó frente a la expedición. Su
cuerpo escamoso reflejaba la luz de la luna[1]. El
representante saltó de su caballo cuando la
criatura con un coletazo lo hizo volar por los aires
y morir aplastado (al caballo no al representante)
al chocar con el filoso muro de piedra que
formaba el risco que definía la playa. Desenvainó
su espada (ahora sí, el representante) y se agacho
para esquivar una de las tres cabezas[2]. Esto
mientras las otras dos devoraban a los dos
acompañantes de la escolta. Sólo Jo y el
representante quedaron[3]. Jo, sacó un saco de
su bolsillo y se lo arro a la bestia. De él sal un
polvo urticante y volátil que al ser respirado hizo
que la bestia cerrase sus seis ojos y comenzase a
retroceder a ciegas[4].
El representante se compuso y se abr
paso a través del temblor (que generaban los
pasos del monstruo) para darle una estocada
(con su espada[5]). El dragón entonces se
comenzó a retorcer de dolor. Bajo la luna
brillaba la sangre verde desparramada[6]. Su
estómago generó espasmos que la hicieron
vomitar. El representante lo había matado.
Para concluir, le decapitó cada una de sus
cabezas[7].
Sólo de su estómago (el de la criatura),
bajo la noche, persistía un movimiento. Ambos
se acercaron con miedo[8] para darle muerte
cuando la piel del estómago se rajó. Un rayo de
luz cegadora empujó al representante contra
José (haciéndolos caer). Los caballos se
asustaron y corrieron.
[1] La paradoja de la luna también se refleja en las escamas: es la
variable que ilumina y es el símbolo de la oscuridad de la noche. La luna se
establece como una revelacn, una purificación y la variabilidad a través de
lo desconocido. La luna; embajadora de lo onírico y del claroscuro; se
proyecta sobre la piel del espantajo imbuyéndole todas sus caractesticas.
Cuando la empresa se da por notificada de la presencia del extraño animal,
lo hace en virtud de la luz de la luna. En este sentido, son siempre los conceptos
previamente señalados y evocados por la luna los que, en mayor o menor
medida, modulan la percepción general de la escolta en torno a la quimera.
[2] El animal de tres cabezas puede haber sido conjurado por el entredicho que
afectaba al representante de la escolta durante su estaa en Quɩllaɭeo: pero
su aparición encarna la transicn y la redistribución equitativa de los flujos
vitales, como el agua o la comunicacn (Steele, 2004, p. 26, p. 182). En esta
ocasn, la mala fortuna también viene a cerrar el circuito de desconfianza y de
discordancia que se había establecido entre Jo y el representante. [3] La
escolta, a excepción de Jo y el representante, es consumida por el animal,
alimentando la transición. [4] Al igual que Jasón en Colca, sólo el prodigio
permite superar al dragón (Dixon-Kennedy, p. 118). [5] En una rudimentaria
búsqueda por mantener su posicn de liderazgo, el representante es el
llamado a dar fin a este proceso con la máxima rapidez. Al quedar sólo José y
el representante, el balance original queda completamente trastocado. Si
Jo elimina al dran, el representante deberá dejarlo en libertad y regresar
a Banfurmia sin él. [6] La imagen es observable sólo bajo la luz y el lucimiento
de la luna: lo la luna mística es testigo de esta transfiguración; de mo
Jo se ganó el respeto del representante y se estableció entre ellos un
nuevo tipo de alianza. Ambos lo perciben. [7] El ánimo del representante,
encaminado a distinguir su jurisprudencia en permanente entredicho: no
transmuta. [8] Sin caballos ni compañía, Jo y el representante están solos.
Cualquier emprendimiento que realicen deberá por tanto ser convenido por
ambas partes. La iniciativa de investigar es una aceptación implícita de esta
nueva manera de relacionarse, nde ambos se necesitan para poder
sobrevivir en estas circunstancias. De ahí también, la necesidad
evidente de inquirir acerca de la criatura y, por ejemplo, los extraños
movimientos que se observan en su estómago.
117
La noche se iluminaba desde el estómago explotado de la monstruosidad, cuando una esfera radiante
se elevó en frente de ambos. Un huevo (que hipnotizaba la mirada con rayos de luz) los enterneció.
Levitando se acercó a la mano de José quien recogió el saco que había quedado en el suelo y que
anteriormente había arrojado al monstruo. Y el huevecillo flotó lentamente adentro del saco. Se acercaron y
vieron el resplandor del huevo (en el saco) agrietándose y abriéndose para dar luz a una figurilla de madera,
un sapito ancestral que los miraba entristecido.
Ambos se sobrepusieron al impacto, inspeccionaron a la bestia muerta y recompusieron lo que quedaba
de la escolta. El representante confiscó el saco y juntos decidieron dejar el luminoso sapito de madera en el
suelo. Al hacerlo este se empezó a apagar y puso una cara de sufrimiento que llevó a José a recogerlo
nuevamente. Entonces el sapo se compuso (volviendo a brillar). El representante hizo un gesto y se lo quitó de
nuevo pero esta vez lo echó adentro del saco y lo increpó. Entonces lo llevamos (pero no sabía que le
dominaría la mente).
Si hiede y ha fruido,
florece sin sentido:
precede a el rapto.
118
23. Declaración Refundacional
Obscurantismo, sectas, desorganización, delincuencia, misticismo,
egoísmo, primitivismo, tecnocracia, etcétera:
Los poderes fácticos y el estado plasman en las
personas el concepto que valida su propia existencia: la
sensación de que son inminentes, escenciales,
imprescindibles[1]. Su jerga se torna la lengua de la
autojustificación; un esfuerzo por definir políticamente lo
que es la política. Y logran su efecto, mal que mal sus
herramientas son ubicuas[2].
También logran atacar, con un bombardeo masivo,
el corazón del lenguaje: donde este se asocia a la
realidad. Todos somos anarquistas: todos queremos
hacer lo que queramos y alcanzar el bien
[1] Si bien es posible probar que existe una correlación
significativa entre la calidad de vida de las personas y la estabilidad
democrática ¿cuál es el real sistema que resguardan los llamados poderes
fácticos? Una democracia sólida posee mecanismos progresivos y
efectivos de reemplazo, autonomía, mejoramiento y autorregulación. La
democracia presidencial es especialmente deficiente en este aspecto:
periódicamente apuesta el destino de la nación. [2] No resulta tan extraño
que el círculo de quienes compiten por la posibilidad de subscribir a los
dispositivos de aprovechamiento ensimismados sobre las posiciones
privilegiadas tengan la constante necesidad de hacernos sentir que su
labor es tanto transcendental cómo indispensable. Similarmente, no es su
interés buscar la manera de que el sistema adquiera una estabilidad
razonable y autónoma ni dispersar las concentraciones de dichos poderes
y forjar un aparato público que sea a prueba de variabilidades, vaivenes e
inestabilidades que estos mismos conglomerados momentáneamente
poderosos producen.
119
común[1]. Los que no desean esto son antisociales por definición. Cuando un antisocial que pretende su
bienestar por sobre el del bien común alcanza el poder se produce una autojustificación[2]. Esta consiste en
alterar el lenguaje[3] con el que se refiere al resto de la sociedad. En particular, se tacha de anarquistas y
antisociales a los mismos que pretendan que ellos pierdan[4] la posición que han alcanzado.
Resulta sugerente el justificar la violencia dado lo anterior, sin embargo, la violencia seria ceder el
[1] El bien común entendido bajo el supuesto de que avanzamos de manera progresiva hacia un régimen de ordenamiento
que nos va a ir permitiendo ser más libres y beneficiarnos todos cada vez más. La magnitud del bien común consecuentemente no
puede ser maximizada por el solo beneficio de algunos pocos, aunque este sea alto en extremo, pues no es común. Leibniz nos propone
una mirada inconmesurable acerca del perfeccionamiento eterno. La substancia en permanente perfeccionamiento puede mejorar
continuamente o estar sujeta a desarrollos y empobrecimientos iterativos: sin embargo, el grado mínimo de perfección alcanzado por
dicha substancia siempre aumenta (Strickland, 2006, p. 195-197). Pero nunca podemos probar si hemos alcanzado algún grado
mínimo de perfección debido a que no podemos conocer dicho grado mínimo. Cada mejoramiento puede ser solo un avance
transitorio. Similarmente, los sistemas de organización avanzan mejorando erráticamente, impidiéndonos constatar dicho avance:
pero gradualmente elevando el estándar mínimo de desarrollo. Por lo pronto, esta interpretación del modo en el que la humanidad
mejora sus sistemas estructurales solo es rebatida en la medida que se consolida un neosistema profundamente imperfecto, cuya
inmoralidad y deterioro no tengan precedentes. [2] Por el momento, el antisocial que busca el poder dentro de un determinado
sistema para aprovecharse del resto establece ciertos mecanismos distintivos. Generalmente procede en busca de alguno de los
siguientes monopolios, acaparamientos y secuestros clave, que le sean en cierta medida exclusivos: (i.) el de la posibilidad de
abastecer de uno o varios recursos, prestaciones o servicios ampliamente necesarios para el resto de la sociedad; (ii.) el del usufructo
de uno o varios recursos para la producción y el ejercicio de determinadas actividades sean o no económicas; (iii.) el de la capacidad
y legalidad de poder financiar los emprendimientos y realizaciones del resto de los ciudadanos, y (iv.) aquél que opera a modo de veto,
prerrogativa o tarifa coercitiva, disponible a ser ejecutada toda vez que se produzca una transacción en la que conceptos o variedades
entren o salgan del sistema abusado (Lenin, 2012, p. 168-169). [3] Incidentemente, la autojustificación procede a través de la
instalación de una supuesta inminencia de que un determinado sistema o círculo se haga cargo completamente de la gestión de
alguno de los mecanismos internos clave para el funcionamiento de una sociedad. Esto impide que esos sistemas de gestión, de los
variados procesos, adopten una disposición atomizada, estable, autónoma, ponderada, democrática, autolimitante, verdadera y
beneficiosa para el sistema en general. Dicho esfuerzo, por tanto, desde el punto de vista comunicacional, se centra en convencer a
la población de que la existencia de los círculos de poder en torno a las diversas actividades es la única manera de asegurar estas
mismas. [4] Frente a cualquier voz que propone un mejoramiento que implique eficiencia, efectividad y también la disminución de la
fuerza de las prerrogativas discrecionales que determinadas minorías ensimismadas usan para su beneficio: sobreviene el ataque
conceptual. Así se logra anarquizar cualquier anhelo ciudadano de variabilidad en favor de un sistema más libre o que busque
maximizar las teorías de conducción de sus individuos en vez de encausarlas hacia la iniciativa elitista predeterminada.
120
terreno[1]. La cuestión se volvería un tema de definir qué es el bien común y las maneras de alcanzarlo[2]. Sin
embargo la gran mayoría sabe que los políticos están corrompidos y siempre tienden a es estarlo[3]. Y sin
embargo, la gran mayoría no es delincuente ni violenta[4]. Es decir, presumiblemente la gente es en su mayoría
privadamente anarquista. Sin embargo quienes controlan los medios se esfuerzan por tachar de anarquistas a
los delincuentes y terroristas.
En palabras breves: la gran mayoría de los anarquistas teorizan el bien común[5], pero son
imperceptibles debido a (i.) la sonoridad de la pequeña porción de anarquistas que son antisociales (pues todo
[1] El miedo a la violencia es parte de la justificación que utilizan para defender los mecanismos de control. [2] La violencia es
verdaderamente el tipo de ataque que ejerce sobre el sujeto el despotismo parcial del abuso. En la medida en que pretenden
impermeabilizarse de ello a través de la misma componente, se degradan al mismo nivel de quienes profanan las libertades del resto;
quienes profesan el arbitrio que se pretende abolir. Por tanto, el camino para revocar esta opresión, que unos pocos han grabado en el
régimen obligado, es la sistematización metódica de las comunidades soberanas y de los individuos empoderados, en redes: la creación
de sistemas de colaboración, organización y gestión: alternativos, paralelos y, por cierto, más eficientes y efectivos: testimonios de su
mérito. La cantidad de dificultades y obstáculos que el medio actual imparte sobre los individuos para prevenir que su sistematización
independiente no sea procesada, modulada y reprimida por el mismo sistema, exige de los nuevos ciudadanos una capacidad sustantiva
para eludir y maniobrar en terrenos ambiguos. También habilidad para establecer confianza y respeto interrelacional, cuestión que el
sistema actual, apresurada y esmeradamente se encarga de socavar. [3] El sistema autónomo, progresivo y estabilizado minimiza las
instancias facultativas en las que la conveniencia oportunista del inescrupuloso en alguna posición de poder se materializa en un abuso.
El apoyo en las tecnologías de la información, en la internet, y en el mejor estado de la técnica (en parte, lo que el régimen también se
ha ocupado exitosamente de presentar como la detestada tecnocracia) es mandatorio, pero no es suficiente. Se necesitan personas
serias y honestas, capaces de confiar. [4] El sujeto busca maximizar los beneficios para él y sus cercanos pero le bastaría con que no
abusen de él. La presión que ejerce sobre el sujeto la escuálida situación en la que lo deja el régimen inexhaustible genera un individuo
alienado que no encuentra un espacio para estar consigo, para vivir su tiempo en familia. El sujeto se ve en la obligación de participar
de un sistema que no le favorece más de lo que le cuesta, difícilmente cae en esta cuenta; y cuando lo hace, se margina, asumiendo
una enorme pérdida. Es esta misma presión la que genera la delincuencia y la violencia, en especial, al costado del régimen, dónde
comunidades enteras son drenadas de la capacidad de estabilizarse, organizarse o vivir en paz. Y es por estos mecanismos que quedan
a la deriva están obligados a pelear por los residuos del sistema. Por ejemplo, desde hace siglos, la tasa de criminalidad rural, no solo
de delitos pecuniarios, es significativamente menor, a que la que se produce en las grandes ciudades: lo que parece necesariamente
estar vinculado a las características de los individuos que viven en dichas ciudades (Glaeser, 1996). [5] El bien común para el sujeto
común: quien felizmente adecúa su actuar favoreciendo la convivencia y la felicidad social-comunitaria (y que también le hace bien a
él mismo) si está cierto de que no hay otros que se van a aprovechar de él al hacerlo.
121
antisocial es tildado de anarquista); y (ii.) el esfuerzo de los gobiernos por desintegrar el concepto de bien
común de la imagen del anarquismo[1]: se cataloga cómo una utopía impracticable.
Sin embargo, existe tecnología[2] de verdad para establecer una relación entre estas «mentes
normales[3]» y formar un sistema que vele por el bien común, cuya autonomía no este supeditada entregar
poderes casi indefinidos a un ente ejecutor: una democracia estadística[4] y realmente directa.
24. Præcepta Impavida
Hay mañanas en que nada impresiona,
ni siquiera los ideales por los que siempre te
estás levantando. Hay mañanas en las que no
tienes miedo, ni siquiera de ti mismo. Hay
mañanas lentas, livianas y melosas en las que
sólo puedo descansar.
25. Juan José de Chocolate
No pararé de correr hasta que mis pies
no puedan dar más. Solo me detengo quince
minutos para sacar un fruto de los pequeños
tubérculos anaranjados, al costado del camino
hmmmmm, de azúcar - digo.
Y otra vez, a correr. Entre mis cejas cae
una gotita. Dos, tres, pero seguiré. No puedo
dejar de correr. Y así llego, la casa de Hoaռa.
Hoy Hoaռa no está, pero yo me muero de
ganas de comer un per ocho, o por lo menos
una negrita. Asique golpeo la puerta.
En todo el globo
hay un invierno lobo
del modo tipo.
Hay fría tarde:
qué el aire seco guarde
vacía lluvia.
[1] El anarquismo, en este sentido, debe ser reinterpretado,
recodificado, como una propuesta sistematizadora, metódica,
sistemática y en red. Se rescata su significado esencial: derogar el
dominio. Es un sistema democrático; pero también es estable y no
requiere gobierno: las meras características del sistema aseguran los
derechos de las personas; las maneras de verdad para ejercer
discrecionalidad; los deberes ciudadanos; la legalidad de los asuntos, y su
fiscalización. [2] No se trata del imperio de la mecanización sino el uso de
las tecnologías como mecanismo de gestión prudente, democrático y con
poder estabilizador. [3] La democracia anárquica se esfuerza en capacitar
e informar al sujeto hacia un pensamiento crítico y analítico. El ciudadano
se sirve del estado de la técnica para hacer consideraciones personales
de nivel humano, con la mayor cantidad de antecedentes contingentes,
en tiempo real, usando variables de juicio y herramientas de análisis.
Entonces, el ciudadano informado y capacitado vota, y publica su opinión.
El sistema se nutre del sentir ciudadano para ir seleccionado las mejores
rutinas deliberativas. [4] Cuyas resoluciones responden a una red de
métricas, mediciones, relaciones y algoritmos de decisión, basados en un
esforzado censo continuo de los dictámenes privados informados,
asegurando paz y representatividad.
122
¿Aló?- Digo, con cara de hambre, porque van a salir a ofrecerme dulces.
Màrcaƨan, aparece después de un buen rato.- Hola Nѻɾita ¿quieres dulces? Si
րuè, si րuȅ ¿Está Hoaռa? No miʝɒ, salió a veteɭe porque siempre ʈele vienen
cosas[1] que no ʈeɭə interesan oƙey, okeƴ, no importa, pásate un súper ocho.
apuro mi sorpresa. Si, mira, Hoaռa te dejo una soրesa.- Marcaƨań responde.
¿Dónde? Toma, acá, րa que lo ɭlɘa tu caƨe al fin.
Y me va a pasar un mono de esos como antiguos. Hecho de un jengibre
no sé ¿cómo se dice? de chocolate. Asique lo bautizo, Juan José de Chocolate,
y me lo llevo corriendo. Y también entonces echo a correr mi imaginación porque
eso es lo más entretenido que pienso que puedo hacer y ya.
Cuando llego a dejar a Juan José de Chocolate al refrigerador, este ya se ha
medio-derretido en mi mano. Asique lo coloco en el congelador a ver si se congela.
Me voy corriendo a contarle a la Oluita lo que me pasó. La Oluita siempre me ha
escuchado mis historias: por eso es que siempre se las he contado. Pero esta vez
está ocupada: ha empezado cosas del sistema para la manutención periódica de
estándares[2]. Asique está ocupada. Después de un buen rato esperándola
sentada acá afuera, ya corre la noche yo ya sabía que no podría contarle hoy.
Espero alcanzar a llegar devuelta, antes de que la noche me alcance.- Las noches
corren súper rápido en primavera por acá. Cómo Oluitɐ sabe que estoy
esperándola sentada acá afuera, me manda un mensaje de texto - vuelve mañana
que seteɓáƨ eʇɒrɗe.
Corriendo, corrí derecho a donde está el refrigerador: Juan José no está.
Me pongo muy mal porque algo malo le pasó. Voy a preguntarle a la bisabuela que
está siempre en la pieza de abajo trabajando en sus elementos y actividades
¿Quién me sacó mi mono de chocolate? Estaba en el congelador - digo. Al abrir la
puerta, la bisabuela estaba sumida en sus documentos es que le lancé un
hechizo - me dice con su carita de abuelita - para que me ayudara con mis
testos. Espantada me vuelvo hacia el escritorio. Ahí está, realizando todo tipo
de diligencias inespecíficas complementarias[3].- ¡!Ɲooo¡! ¿Por qué?
[1] Se refiere a alguna
variable externa que no se ha
incorporado a las relaciones y
caracterizaciones de Nѻɾita.
[2] Dado que un modelo, en
general, aprovecha las
capacidades y las teorías de
relacionamiento y síntesis para
limitar la cantidad de
información necesaria, por
ejemplo, para realizar una
predicción: resulta evidente
que para toda actividad, existe
al menos una representación
analítica funcional, y con valor
aplicado, que la interpreta
como una función
autopoiética. [3] Las
diligencias, en general y en
consecuencia, sólo le son
inespecíficas y
complementarias a un
determinado contexto. En este
caso, una exégesis emocional y
elocuente, basada en el mero
miramiento exiguo de Nѻɾita,
parece prudente por la pura
figura del bruto artificio
matriarcal: cierta presunta
coacción es tocante al ensalmo
ʈanɡenciaɭ coɲnotaʈivo del
aɽtiluɡio. Pero, si la խbo ¿cuáɭ
eɼa la voluɲtad efecʈiva de
Juaɲ?